
El universo en un dibujo animado
Inagotable en sus múltiples sentidos, marca de época, la serie de Matt Groening es objeto de estudios científicos y filosóficos
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Corriere della Sera
Exactamente como diez años atrás. En 1998, la revista Time, que recientemente publicó la lista de los cien personajes más influyentes de 2008 ignorando al papa Ratzinger y desatando enormes polémicas, se esforzaba por descubrir " the most important people of the century ", los cien gigantes del siglo XX. En el puesto número 46, a poca distancia de Picasso, Roosevelt, Gandhi y los Beatles, se encontraba un muchachito rubio, con los ojos redondos como una pelota y el pelo como un cepillo: Bart Simpson. Un dibujo animado, "el" dibujo animado por excelencia. "La mejor serie de TV del siglo", proclamaba el semanario, suscitando la ira de la derecha y de los neoconservadores, quienes veían en la sátira de Los Simpson la quintaesencia del nihilismo antiestadounidense.
Diez años más tarde, con 22 emisoras de TV a sus espaldas más un film que fue récord de taquilla, Los Simpson de Matt Groening siguen en la cresta de la ola: cien millones de espectadores en todo el mundo, distribución en 90 países, subproductos cuyas ganancias se miden en millones de dólares, quince ciudades llamadas Springfield que se han postulado como candidatas para ser "la Springfield de Los Simpson ", la cita del "D oh" de Homero incluida en el Oxford Dictionary of Modern Quotations , la estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, las celebridades que hacen fila para tener un papelito en la serie (y algunos son ignorados, como David Beckham, por no ser suficientemente famosos). Pero ahora nos encontramos ante otra transformación de la serie más longeva de la historia de la televisión. Homero, el padre perezoso e incontinente; Marge, la madre sabia y conformista; Bart, el hijo pestífero y astuto; Lisa, la hija intelectual y Maggie, la recién nacida, se han convertido en un "absoluto" que todo lo incluye. Incluso a los críticos.
Hace solo dos meses, en Jesus, el periódico italiano de las Ediciones Paulinas, apareció un artículo que admitió la entrada de Los Simpson en el mundo católico, trazando una microteología de la familia de Springfield. "Cínicos, éticamente impresentables, perversos pero paradójicamente defensores a ultranza del calor de hogar, Los Simpson -escribe el teólogo Brunetto Salvarani- transmiten como muy pocos la necesidad de socialización, de los lazos sociales que en general hoy no existen, pero también de ir más lejos, de alcanzar cielos al menos parcialmente despejados en épocas de grandes tormentas."
También la ciencia les ha rendido tributo. Con la premisa de que "en Los Simpson hay más cosas científicas de las que podría soñar la filosofía", Paul Halpern, profesor de la Universidad de Ciencias de Filadelfia, ha publicado un libro que lleva el desafiante título de What s Science Ever Done for Us? What the Simpsons Can Teach Us About Physics, Robots, Life and the Universe [¿Qué ha hecho la ciencia por nosotros? Lo que pueden enseñarnos los Simpson sobre física, los robots, la vida y el universo] . Y usa los episodios de Los Simpson como prolegómeno al estudio de la biología, la química, la astronomía y la física. Con qué resultados pedagógicos, no se sabe. Un italiano, Marco Malaspina, en cambio, ha escrito La scienza dei Simpson. Guida non autorizzata all universo in una ciambella [La ciencia de los Simpson. Guía no autorizada del universo en una rosquilla]. Se investigan allí los antecedentes científicos de los guionistas, las citas, los temas abordados, matemática, cosmología, viajes espaciales. También se analiza la minúscula aparición televisiva de Stephen Hawking, el padre de los agujeros negros, y de Stephen Jay Gould, un biólogo evolucionista. Por no hablar de los saqueos a los que Los Simpson someten a la filosofía con precisión geométrica, capaz de hacerle temblar el pulso incluso al venerado Parménides. "¿Es posible que Bart Simpson represente la perfecta encarnación del ideal nihilista de Friedrich Nietzsche? ¿Que el comportamiento de Marge sea la concreción de la clasificación aristotélica de la virtud? ¿Que la mentalidad de Springfield sea producto de un enfoque deconstruccionista de la realidad?" Todo cierto. Todo ello recogido en un libro escrito por veinte filósofos estadounidenses que lleva el título de The Simpsons and Philosophy . Y si se entra al foro de los admiradores de Los Simpson se advierte que los maestros ya tienen discípulos. Los fans desarrollan allí, en tesis, antítesis y síntesis las proposiciones del Tractatus de Homero.
Bulimia de Los Simpson, que remite a la demanda de la demanda. ¿Por qué gustan tanto? ¿Por qué ahora incluso les gustan a los mismos que antes los criticaban? Quizá porque cada uno encuentra en la terrible familia de Springfield algo que estaba buscando. De la crítica social a la decadencia de la ética, del emblema de la cultura pop al triunfo del underground , de la simple carcajada amarga al triunfo del políticamente incorrecto. El hijo junto al padre, el abuelo junto a su nieto. Tantas claves interpretativas para una sola obra. ¿Pero acaso no es esa una característica de aquello que los manuales de estética definen como una obra maestra? Una multiplicidad inagotable de sentidos, un excedente interpretativo que estimula a imaginar conexiones, relaciones, a fagocitar lo externo reflejándolo en lo interno, a construir un mundo absoluto.


