El vampiro trivial
DEL FLORE A MONTPARNASSE Por Jorge Asís-(Sudamericana)-266 páginas-($14,90)
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Rodolfo Zalim, álter ego de Jorge Asís, es el narrador de Del Flore a Montparnasse . En la primera parte, situada en París, Zalim se presenta como "un clásico dandy del siglo diecinueve, violentamente trasplantado a la declinación atroz del menos interesante epílogo del siglo veinte" y se define como un "vampiro literario" que chupa historias a las personas que lo rodean. Entre ellas figura el estadounidense, Scott Brady-Ford (en realidad, Ralph Maquiewicz) que vive una aventura con una chica coreana llamada Rahmah Tao, mientras intenta escribir una novela sobre la Guerra de Vietnam. Zalim también vive su aventura, cuando hospeda a Irene Peluffo Alcorta, una "cuarentona emblemática de Buenos Aires" que acaba de separarse, y después iniciará una relación con la esposa de Brady-Ford: Evelyn Stewart, una adinerada "gasolinera" de Kansas y "la estúpida mecenas del pelafustán de su marido". La sección parisiense incluye dos relatos: en "Nobleza a la carta" Zalim alquila a un grupo de nobles franceses para impresionar a un visitante argentino, y en "La noche del mouton" asiste a una cena organizada por su amiga Odette Cid-Autant, quien le reserva una sorpresa al "conde de Avellaneda".
La segunda parte, "El sentido de la vida en el socialismo", recopila las estadías en Moscú de Zalim, un ex comunista y "exitoso novelista urbano", y sus experiencias como delegado argentino del Mocipacovi (Movimiento de los Cien Para Continuar la Vida) en un congreso antinuclear, organizado por la Unión Soviética. El relato, centrado en los años ochenta, dispara contra ciertos intelectuales de izquierda con una "consolidada vocación de garroneros" y contra los escritores que, lanzados a la carrera política, terminan apropiándose del "formal discurso del político vulgar y transero". Tampoco falta una reflexión sobre el compromiso asumido por Rodolfo Walsh, "idolatrado por el culposo canallismo del mundillo literario".
Tanto los personajes como las historias de Del Flore a Montparnasse no pasan de ser bosquejos, en los que Asís despliega su mordacidad habitual y tira dardos contra colegas, como cuando advierte que Scott "amenazaba con convertirse de pronto en otro gordito feliz como los argentinos Soriano o Feinmann". En otras de sus boutades, afirma que Rayuela es una "novela mohosa", idealizada por "oficinistas inquietos de los años sesenta", y asegura que "comparados con los míos, los relatos de Vázquez Montalbán son del tipo McDonald´s". Pero Zalim-Asís también dispara contra sí mismo: "mundanito de morondanga", "personaje secundario de las novelas de Proust" y autor de "provisorias novelas inútiles" son algunos de los epítetos que se endilga.
Del Flore a Montparnasse dice más sobre la personalidad de Asís que sobre su talento literario. Escrito en un estilo que alterna un lenguaje ampuloso con un "vocabulario de cafetín de suburbio porteño", sólo funciona para seguidores incondicionales del autor o para quienes, como sugiere Zalim-Asís, anden a la búsqueda de "una historia sin ambiciones de trascendencia, ideal para leer en viajes en bus o en demorados tránsitos de aeropuertos".




