Emociones
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Quién no sueña con el vértigo de volar; con emular, incluso con los recursos más nimios, esa descarga de adrenalina que alcanzan ellos, los audaces, los que no te temen ni a las altas cumbres ni a la liviandad del parapente, ni a la eventualidad extrema del paracaídas. Para los otros, el común de los mortales, solo queda fantasear, sentarse del lado de la ventanilla en el avión, tal vez asomarse un poquito más por el balcón. O pisar una emulación del vacío como la que recorre el hombre de la foto. Bajo sus pies, una red metálica sólida pero lo suficientemente traslúcida; un poco más abajo, la nada (o, más bien, su ilusión). Y del otro lado del breve pasaje, la entrada al Centro de Arte Contemporáneo de Huarte, a escasa distancia de Pamplona. En julio los sanfermines serán un dínamo de intensidades; pero ahora es febrero, territorio de otras emociones.
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