En busca del islam
MAHOMA Por Karen Armstrong-(Tusquets)-Trad.: Victoria Ordoñez-370 páginas-($ 38)
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En 610 un mercader árabe de La Meca tuvo una experiencia religiosa que cambió su vida y el curso de la historia de la humanidad. Ocurrió en una cueva durante el retiro espiritual que llevaba a cabo en el ramadán. Cuenta Karen Armstrong, en Mahoma. Biografía del Profeta , que una "sobrecogedora presencia divina" lo arrancó de su sueño. Más adelante Mahoma diría que "un ángel lo estrechó en un abrazo aterrador" y le ordenó recitar. Las palabras que salieron de su boca constituyeron los primeros "mensajes directos de Dios" de una serie que recibiría a lo largo de veintitrés años. Su recopilación dio origen a un texto sagrado llamado Corán: la Recitación.
La fuente esencial en la que se basa Armstrong, además del Corán, son las obras de cuatro destacados historiadores que escribieron sobre la vida de Mahoma entre los siglos VIII y X. Aunque obviamente no se caracterizan por una metodología moderna e incluyen relatos milagrosos, al parecer no habría que confundir esas crónicas con simples hagiografías. Ellas recogen tradiciones orales transmitidas por los primeros compañeros del Profeta, se centran en sus campañas militares y contienen varias lagunas.
El libro, escrito con fervor y conocimiento, combina las partes narrativas con una detallada exposición religiosa y cultural. Señala que Mahoma tuvo éxito en los primeros años de su misión, pero se produjo una crisis cuando recalcó el cariz monoteísta de su revelación y prohibió a sus conversos adorar a las antiguas deidades. Por esa exigencia lo consideraron un apóstata y el conflicto culminó con la hégira o emigración de sus seguidores al oasis de Medina. Así nació la umma , "una comunidad basada en la religión más que en el parentesco", organizada según las normas tribales de la Arabia de aquel tiempo. Aunque todos los conceptos del Corán mantienen un referente teocéntrico, después de la hégira Mahoma incorporó versículos de índole política o social como los que desarrollaron la teología de la yihad , concepto que implica más que una "guerra santa". El rechazo de la nueva fe por parte de los habitantes de La Meca y otras tribus condujo al Profeta a una lucha que incluyó alianzas y negociaciones, al cabo de la cual se impuso como el líder más poderoso de Arabia. Luego proclamó una política de paz y reconciliación, pero hubo expediciones bélicas contra las tribus septentrionales para expandir la confederación que había fundado. Este sistema de gobierno fue la semilla de un inmenso imperio que duró más de mil años.
La inglesa Karen Armstrong, autora de Los orígenes del fundamentalismo en el judaísmo, el cristianismo y el islam , es una especialista en esas tres religiones y durante su juventud pasó siete años en un convento. Escribió la biografía de Mahoma en pleno caso Salman Rushdie con el propósito de disipar "la visión distorsionada" que muchos occidentales tienen de la fe islámica, a la cual consideran "intrínsecamente intolerante y fanática". En esa ocasión, se refirió a la "infame fatwa " contra Rushdie que había sido emitida por el ayatolá Khomeini y precisó que casi todos los países islámicos se oponían a ella. En octubre de 2001, en el prólogo a una nueva edición de la obra que ahora se publica por primera vez en la Argentina, dio su perspectiva sobre los atentados del 11 de septiembre. En la introducción apunta que tanto en el Corán como en las Escrituras judías y cristianas hay pasajes que, sacados de contexto e interpretados de manera selectiva, pueden incitar a la violencia. Por lo tanto, los terroristas estarían tergiversando el mensaje del "apóstol de Dios" para acomodarlo a sus objetivos.
Un capítulo está dedicado a examinar la visión negativa que Occidente ha tenido de Mahoma desde la Edad Media hasta el presente mostrándolo, por ejemplo, como un ambicioso, un impostor o un lujurioso por sus varias esposas. Entre los retratos peyorativos del Profeta figura el realizado por Rushdie en Los versos satánicos (1988) cuyo título alude a un relato que muchos musulmanes consideran apócrifo. Armstrong se preocupa por aclarar el sentido social de la poligamia y del uso del velo; resalta la prohibición coránica del infanticidio femenino que se practicaba hasta entonces y analiza la posición de la mujer en el mundo musulmán.
Uno de los aspectos más esclarecedores de su investigación se centra en la evolución de la nueva religión y su decisiva influencia en la afirmación de la identidad del pueblo árabe, que se sentía inferior a los judíos y los cristianos por no contar con sus propias escrituras sagradas. Por un lado, el Corán ofrece la revelación como una continuación y confirmación de la fe judeocristiana. En Medina, Mahoma tomó contacto con una historia que atribuye la construcción de la Kaaba, primer santuario de Dios en Arabia, a Abraham e Ismael, a quien los judíos de la región consideraban el antepasado de los árabes. Por lo tanto, éstos, al igual que los judíos, eran hijos de Abraham. Luego, debido a las desavenencias con los judíos, el Profeta declaró la independencia de la nueva fe con respecto a la más antigua al ordenar a su congregación que debía rezar en dirección a La Meca en lugar de hacerlo mirando a Jerusalén.
En su apasionada defensa del islam, Armstrong efectúa comparaciones favorecedoras con el cristianismo; ve nítidamente la viga en el ojo occidental y se esfuerza por comprender la complejidad de la paja en el ojo musulmán. Sin embargo, incurre en una simplificación cuando habla del antisemitismo y concluye que "los miedos irracionales de los cristianos encontraron su expresión definitiva en la cruzada secular de Hitler contra los judíos".
A lo largo de todo el libro se traza un cuidadoso análisis de los matices etimológicos de las frondosas palabras árabes y el alcance de sus acepciones, una excelente tarea que se beneficia con la fluida traducción de Victoria Ordóñez. De especial interés es el sentido que la autora le otorga a la yihad , concepto que va desmenuzando a través de diferentes enfoques. ¿Se trata de una idea que pertenece al pasado? Por el contrario, dice Armstrong, " era y continúa siendo un deber para los musulmanes comprometerse en una lucha en todos los frentes -moral, espiritual y político- a fin de crear una sociedad justa y decente, donde los pobres y las personas vulnerables no sean explotados, tal y como Dios había querido que viviera el hombre". ¿Cualquier medio es aceptable para cumplir ese propósito? Parecería que no. ¿O todo se reduce a un delicado problema de exégesis? La escritora inglesa, a pesar de su magnífica erudición y de su firme condena al terrorismo, no termina de responder satisfactoriamente a esas preguntas.





