
En la Argentina hay 170 sitios incaicos
Se conservan pocas expresiones culturales
1 minuto de lectura'
TILCARA (De una enviada especial).- El Camino del Inca comienza en Perú y, dentro de la Argentina, se extiende hasta Mendoza, en la región de Cuyo, recorriendo también las vecinas del NOA. Sólo en nuestro país, los sitios incaicos suman 170, de los cuales 20 se ubican en Jujuy. Y a lo largo de sus 25.000 kilómetros se prolonga hasta Colombia.
En Jujuy constituye un itinerario imponente hecho de vestigios viales, hidráulicos, restos de instalaciones de barro y piedra, y terrazas naturales donde hace cinco siglos había cultivos.
El arqueólogo Axel Nielsen, que ha trabajado en el Camino del Inca arduamente, explicó a LA NACION: “El camino varía según el terreno. Es diferente en la Puna que en la Quebrada. Los incas construyeron una senda para ser recorrida a pie y por caravanas de llama. Porque en su época no existían ni la rueda ni los animales de tiro. A lo largo de esa senda ellos tenían santuarios, fortalezas, centros de almacenaje, tambos e instalaciones viales”.
Construido en el siglo XV, el camino enhebra lugares que fueron importantes para aquella civilización.
Este sitio es parte de una veintena de obras incaicas, cuyas huellas se esparcen por Jujuy, y cerca de 170 localizados en lo que se conoce como Caminos Andinos, cuya mayor presencia está en el noroeste argentino.
Se pierde la lengua
Con excepción de las instalaciones arquitectónicas y las obras viales mencionadas, de la cultura inca pocas son las expresiones que se conservan. En la música jujeña ha pervivido el sikus, pero no así la lengua quechua.
Los descendientes de humahuaqueños, indígenas nativos de la quebrada, aseguran que ya nadie habla la lengua incaica en esta tierra.
No obstante, algunas comunidades han resucitado hace tres años algunas tradiciones vinculadas con festejos de tipo religioso. Es el caso de la ceremonia de Inti Raimi, o ceremonia del sol, que tiene lugar el 21 de junio con el solsticio de invierno.
La noche anterior la gente acude al cerro y permanece en vigilia hasta que amanece para agradecer los primeros rayos de sol.
La cultura incaica también sobrevive en los nombres geográficos y de las personas.
Si alguien se llama Amancay, Malku o Huaira, por mucho que intente negarlo, estará mostrando una innegable raíz inca.




