Entretelones de la patria
En una ambiciosa obra, Hipólito Valverde realizó una inmensa tarea de búsqueda de información histórica sobre el virreinato del Río de la Plata y sus antecedentes
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¿Se puede afirmar que la Revolución de Mayo fue un golpe militar de Buenos Aires, impuesto al interior con campañas castrenses, acompañadas por el terror, a poblaciones que no aceptaban el absolutismo porteño y querían hacer oír sus voces? Esto es lo que trata de demostrar Hipólito Valverde, en dos volúmenes que ha titulado: Del hispanismo al desmembramiento del Virreinato del Río de la Plata. De la patria grande a la patria chica (1492-1812). Allí explora los acontecimientos políticos que afectaron a estas tierras, en su relación con Europa, y se los compara con la Revolución Norteamericana.
Imbuido de la corriente de pensamiento nacionalista católica, el autor se recuesta sobre todo en Vicente Sierra –a quien cita de continuo– y en José María Rosa, Enrique de Gandía, Juan Carlos Christensen y Julio Irazusta, sin despreciar a José Luis Busaniche ni a Félix Luna. Explica lo que significó el contrabando, "que en ningún otro lugar tuvo la importancia y el carácter endémico como en Buenos Aires". Así nació lo que llama "el Partido del Puerto o de Buenos Aires", que más tarde "se nutrió con el aporte de los Hombres de las Luces, para constituir una coalición sumamente poderosa, que trató de imponer su voluntad política al resto del territorio, prescindiendo de otras opiniones y extendiendo su influencia por más de tres siglos". Se menciona el afán negativo de Inglaterra en "debilitar la acción civilizadora que realizaba la corona española" y el desastre, en 1588, de la Armada Invencible, más la llegada de los borbones al trono de España. Los consejeros reales españoles no comprendieron que "si se pretendía elevar a España su postración, el punto de mira debía ser América y no Europa". Sin embargo, "no podían advertirlo, porque vivían en un mundo de ideas que les impedía convencerse de que la verdadera fuerza del Imperio Español era su espíritu religioso y monárquico, en virtud del cual el rey era algo más que la autoridad, era la autoridad iluminada por la conciencia de que el vivir responde a un plan divino". Esto es lo que dice Vicente Sierra, quien no comparte las ideas de Voltaire. Según Valverde, éste buscaba demoler las creencias antiguas y con ellas las noción cristiana del Estado.
Es sabido que la decadencia latina se debe a sus raíces religiosas y tradicionales, en contraposición a las sociedades sajonas, provistas de su moral protestante. Valverde trata de negarlo y le asigna mejor resultado a la Revolución Norteamericana. Conviene advertir lo que pensaba de los conquistadores españoles Juan Agustín García, cuando escribió: "No habían venido a Indias para llevar la vida patriarcal, ni los tentaba el idilio del campo. Esa perfecta mediocridad de existencia era su desesperación. A toda costa ansiaban la fortuna. Habían corrido mil aventuras y peligros creyendo encontrarlo fácil en las minas y en los indios: ¡faltaron las minas y los indios resultaron bravos!" (La Ciudad Indiana).
El virreinato se creó el 27 de julio de 1776, cuando el rey nombró a Pedro de Cevallos en el Río de la Plata. Si es verdad que los sucesos de mayo de 1810 iniciaron la ruptura de la gran unidad política que fueron los Reinos de las Indias, no es menos cierto que dieron nacimiento a nuestro gran país, y aunque el virreinato quedó desmembrado en cuatro Estados (la Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay), cada uno de ellos tiene derecho a que se lo respete.
Para Valverde, Bernardino Rivadavia carecía de realismo en sus emprendimientos y, como lo define el propio Rosa, "no era un estadista sino un munícipe de sueños edilicios; no vio la nación sino la ciudad, que se propuso ordenar con escuelas lancasterianas, avenidas, ochavas, alumbrado, empedrado, museos, quitarle los conventos y darle una apariencia política europea con parlamentos numerosos, ministros que hablasen en las tribunas, la exterioridad, en fin, del aparato que acababa de ver en las Comunes de Londres y la Cámara parisiense". Y precisamente por todo eso –que no es poco– se lo consideraría el más grande hombre civil argentino.Aunque no se compartan las ideas políticas del autor, se debe ser honesto y reconocer el inmenso trabajo en la búsqueda de información histórica, algo típico en los nacionalistas. El resultado es un libro que vale la pena leer. Los dos tomos suman casi un millar de páginas, en las que no faltan los entretelones de las invasiones inglesas, las intrigas sobre la Revolución de Mayo y la gesta del general San Martín en la Guerra de la Independencia.
- Del hispanismo al desmembramiento del Virreinato del Río de la Plata, t. 1 y t. 2
Hipólito Valverde
Ediciones Sabiduría Cristiana
470 y 444 páginas
Hugo Gambini





