
Entrevista con Jorge Accame, ganador del Premio Novela
Describe su libro como "una historia siniestra" y afirma no querer limitarse "a un solo territorio literario"
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Publicado el 20 de setiembre de 2008
Hace 10 años, su drama teatral Venecia conmovió el alma de Buenos Aires. En un decadente prostíbulo de San Salvador de Jujuy, tres mujeres dadas a la oferta sexual a cambio de dinero eran capaces de iluminar con su ternura y su imaginación la sordidez de aquel lugar ajeno a la bondad humana.
La vida de Jorge Accame, su exitoso autor, se desbordó. De todas partes del mundo quisieron comprarle los derechos de una pieza que horadó el corazón más encallecido. Accame se prepara ahora para vivir algo similar. Es el flamante ganador del Premio LA NACION-Sudamericana de Novela, auspiciado por Zurich, con Forastero , la cuarta de una serie que comenzó con una antología de poetas apócrifos, a quienes les inventó vida y obra.
La obra ganadora obtuvo $ 120.000 y será publicada en España, donde Accame estará una semana en gira promocional. Cuenta la historia de Evaristo Soler -un escritor de cuentos- que busca pertenecerle a algo o a alguien, y la del siniestro pueblo al que llega, justo después del asesinato de una chica que recuerda mucho a la fallecida adolescente catamarqueña María Soledad Morales.
Forastero es, además, una novela sobre los excesos de los poderosos, que se hacen visibles en las ciudades chicas y en las sociedades sometidas. Es la primera novela que el autor presenta a un concurso, porque -según dice desde Jujuy, en diálogo mitad electrónico y mitad telefónico con LA NACION- "nunca llegaba a la cantidad de páginas que pedían las bases".
Hace 26 años, Accame dejó Buenos Aires para vivir con su mujer en San Salvador de Jujuy, donde ejerce la docencia universitaria. Después de las exitosas versiones norteamericana, británica, mexicana, brasileña, española y eslovena, entre otras, de Venecia , la vida se le volvió sociable. Y desde entonces alterna el silencio del paisaje jujeño con el bullicio de las grandes ciudades.
-¿Qué es Forastero ?
-No sé en qué se convirtió después de terminada ni en qué la convertirán los lectores desde ahora, pero sentí horror mientras la escribía. Tenía claro que me internaba en una historia muy siniestra. Trabajé en la novela durante una estada en una colonia en Manchester, Estados Unidos, en 2005. Vivía solo en una cabaña en medio del bosque y empecé a escribir de las 8 a las 5 de la tarde. Los primeros días me dominaba una inquietud tan grande que no podía dormir. Sentía miedo. Sospeché que no estaba preparado para enfrentarme a la situación. Entonces hice un plan: empecé a escribir paralelamente una comedia, a la mañana, y por la tarde me introducía en el ambiente de Forastero . Terminé la comedia en 15 días y entonces sólo me dediqué a la novela. Pero a esas alturas estaba fortalecido y podía entrar y salir de la historia sin alterarme.
-La novela parece señalar que no hay frontera entre la ficción y la realidad. La chica asesinada remite a María Soledad.
-Muestra la oscuridad de las personas, lo siniestro que todos llevamos adentro. Pero es sólo ficción y explota un símbolo del que la realidad carece. El crimen recuerda a María Soledad, en Catamarca; a Leyla Nazar y Patricia Villalba, en Santiago del Estero, pero también a los de Ciudad Juárez, en México. Evaristo es tan oscuro como la comunidad a la que llega, y por eso allí se le devuelve su propio secreto. El personaje es un antihéroe y un perdedor porque tiene una falta. Y busca integrarse a algo más grande que él mismo.
-¿El seudónimo Topatumba fue por Olivero Girondo?
-Sí, pero voy a tener que cambiarlo en el futuro. Me encanta Girondo, porque es una fuente inagotable de palabras musicales, en el borde de lo serio y del juego. Releo sus poemas y enseguida aparece algo apropiado. Buscar un seudónimo que me represente es una tarea ardua.
-¿Lo tuyo son todos los géneros: el teatro, el cuento, la novela y la narrativa infantil?
-La literatura destinada a los chicos me permite volver a visitar lugares que dejé hace tiempo y que a veces extraño demasiado.
-¿Es Jujuy tu territorio literario, como para Héctor Tizón?
-Tizón ha construido una prosa muy original y me gusta su escritura, pero hacemos cosas distintas. No me gusta limitarme a un solo territorio literario. No veo qué ventajas pueda tener. En todo caso, los sitios que más suelo frecuentar son la infancia, los fracasos heroicos, la amistad, el amor y el desamor. Desde chico recorrí el país y me acostumbré a mirarlo como un todo. Siempre sentí que podía vivir en cualquier parte del país que se me antojara. A lo largo de los años he descubierto que me gustan los bordes, los extremos de cualquier clase. Para mi trabajo ha resultado bueno. Siento que pertenezco a varias aldeas y a ninguna en particular. Me siento más cómodo deformando el mundo.
-Y, además, ésta es una novela sobre los excesos del poder.
-El poder se construye entre el poderoso y el sometido. He conocido muchas comunidades donde la mecánica es la misma. Creo que cada comunidad actúa como un organismo que tiene sus defensas. Todo cuerpo extraño, como un forastero, es rechazado como una bacteria. De allí que toda comunidad tiene sus propias leyes, aunque esté dentro de un país organizado por leyes generales.
-Dice Mempo Giardinelli, radicado en el Chaco, que ciertos cenáculos literarios suelen condenar a los escritores que eligen el "exilio" interior.
-Es cierto. Pero también uno elige exiliarse. Horacio Quiroga eligió la selva porque necesitaba explorar cosas que no podía encontrar en la ciudad. Siempre habrá lectores ávidos de obras distintas. Esta novela es también un homenaje al cuento. Es como decir que la unión de las historias chicas conforma una historia más amplia. La única huella del pasado es el lenguaje.
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