
Enzo Biagi, escritor y periodista, un testigo singular del siglo XX
Fue homenajeado ayer en La Nación
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"No me siento nunca delante del teclado, soy tan viejo que escribo a mano." Con sencillez, Enzo Biagi, periodista y escritor italiano autor de más de 50 libros de política y cultura, contestó desde la experiencia de sus 80 años la consulta de un joven colega sobre cómo descartar la frivolidad al sentarse a escribir frente a la máquina.
Biagi transmitió algunas reflexiones sobre su extensa vida periodística en una reunión realizada en La Nación , en la que el director, doctor Bartolomé Mitre, le entregó una plaqueta recordativa.
"En Enzo Biagi reconocemos a un extraordinario maestro del periodismo", dijo el doctor Mitre, que elogió sus convicciones éticas. Indicó que su presencia, como la del director del Corriere della Sera, Ferruccio de Bortoli, testimonia la sólida unión que se ha forjado entre el diario italiano y La Nación , "que todos los días salen hermanados como un símbolo de la entrañable relación cultural e histórica entre Italia y la Argentina".
Biagi evocó la impresión que le causó entrar por primera vez en el Corriere della Sera, en la calle Solferino, de Milán, donde había periodistas que admiraba, como Curzio Malaparte. Y recorrió su vida en ese centro de honesta vida intelectual. "Nos equivocamos -admitió-, pero tenemos el atenuante de la buena fe."
"La civilización es tener sentido de la dignidad", comentó, al recordar un grafitti en una pared de Italia ocupada: "Váyanse todos; déjennos llorar solos". Evocó a Dante, a Giotto, a Leonardo, a Galileo, y subrayó que Italia "es un gran país", aunque difícil y contradictorio. "En las luchas del Risorgimento, unos italianos disparaban contra otros porque no se entendían entre sí. Vino el progreso; a veces continuamos disparándonos, pero nos entendemos bien."
Biagi mencionó una entrevista que le hizo a Khadafi en Libia, país que dejó apenas seis horas antes de que lo bombardearan los norteamericanos. Sus amigos querían ir a hacer unas compras y él, olfateando el ambiente, les decía: "Apurémonos, mejor volver a casa". Luego, el entonces ministro del Interior italiano, Oscar Luigi Scalfaro, prohibiría transmitir esa entrevista por televisión.
Ante una pregunta, recordó a Ignazio Silone, quien le interesa "más como figura moral que como escritor". Vivía con muchísima modestia. Lo recuerda en su casa, solo ante un plato de comida. Era uno de los pocos comunistas italianos que habían conocido a Lenin, pero se desilusionó. Introvertido, solitario, no comprendido, Biagi lo vio derrotado por la vida.
Las tragedias de un siglo
Biagi dijo que en Italia nunca hubo un problema con los judíos; fue forzado por los nazis. En su generación, de los compañeros de colegio unos iban a la iglesia católica y otros a la sinagoga, todos amigos. Recordó a Primo Levi, científico y literato, y su "extraordinario" libro "Si éste es un hombre". Estimó que Levi se sentía perseguido por fantasmas de lo que había visto en Auschwitz y pidió respeto ante su suicidio, en 1987.
Entre las tragedias del siglo XX mencionó los campos de concentración nazis (Auschwitz, Dachau), la bomba atómica en Hiroshima y los bombardeos de norteamericanos e ingleses sobre la ciudad de Dresde, "con cien mil muertos en una noche".
El embajador de Italia, Giovanni Jannuzzi, entregó becas en Italia a los periodistas Florencia Carbone y Laura Suárez Samper ( La Nación ), Guido Braslavsky Núñez (Clarín) y Alicia Martínez Pardiez (Página 12). Recibieron menciones Mariano Thieberger, Jorge Damián Liotti, Roxana Badaloni y Juan Aguzzi.
Jannuzzi, destacó el tesoro inmenso de experiencias del homenajeado, testigo singular del siglo XX.
"Un siglo que vio morir el fascismo, el nazismo y el comunismo", afirmó Biagi. "Y detrás de estas tres ideologías existen millones de muertos."
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