
Escribano deja la subdirección de LA NACION
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LA NACION vivió ayer un momento especial de su historia: el subdirector del diario, doctor José Claudio Escribano, anunció que el 5 de marzo próximo, cuando cumpla 50 años de trabajo ininterrumpido en esta Redacción, dejará su cargo. Desde ese día mantendrá su lugar en el directorio de la SA LA NACION.
"Es una primicia pobre -bromeó-. Desde hace 12 años leo y escucho que me retiro."
Escribano, que mañana cumplirá 68 años, formuló el anuncio ante las máximas autoridades de la Redacción y los editores de las distintas secciones, al cabo de la habitual reunión en la que se elabora la tapa del diario.
Visiblemente emocionado, dijo que ya era hora de dar paso a las nuevas generaciones. "Ya corrí la maratón? Ahora, ¿qué voy a correr? Ahora es el turno de ustedes, y lo harán muy bien", dijo.
Formador de varias generaciones de periodistas del diario y una de las más grandes figuras del periodismo argentino en toda su historia, Escribano ingresó en LA NACION cuando tenía apenas 18 años y empezaba a cursar la carrera de Derecho en la Universidad de Buenos Aires. Su trayectoria en el diario de Mitre fue meteórica: fue cronista, jefe de la sección Política, corresponsal en América latina, editorialista, columnista político, secretario general de Redacción y subdirector, cargo que desempeña desde mayo de 1995.
"Lo que más voy a extrañar son estos momentos", dijo ayer, al hacer referencia a la crucial "reunión de tapa", en la que a diario -y, desde luego, ante los hechos históricos más relevantes- muestra su pulso de conductor, de orientador, de referente imprescindible. Pero agregó que se había prometido darse tiempo para hacer las cosas que siempre relegó por sus obligaciones en el diario.
"Ustedes me preguntarán si los que me siguen están preparados. Les digo que sí: muy preparados. Y estarán mejor todavía, porque en una empresa, en ciertos momentos, los hombres somos como tapones, que impedimos que otros hombres, por disciplina, muestren toda su capacidad", sostuvo.
Pidió a quienes lo sucedan que siempre sepan premiar la perseverancia. "A los 18 años, cuando me presenté en el diario, yo no sabía ni escribir a máquina... Pero aquellos viejos secretarios de Redacción, al ver mi entusiasmo, me impulsaron a seguir. Hagan ustedes lo mismo."
Con la voz quebrada ("lástima, estoy arruinando esto", se disculpó), hizo una larga lista de agradecimientos: a los ordenanzas, a su secretaria, Ana María Layús; a Bartolomé Mitre padre y a Bartolomé Mitre hijo, actual director; a los accionistas de LA NACION-entre los que destacó a Matilde Noble Mitre de Saguier y a sus hijos- y a todas las generaciones de periodistas que lo acompañaron en estos años.
Comentó que se iba de la subdirección con un diario en pleno crecimiento, fortalecido en su conducción y con un extraordinario cuerpo de editores y redactores.
"Más importante que llegar es saber irse", dijo.
Un cerrado aplauso cerró sus palabras. Todos se habían puesto de pie.
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