Evocaron el valor literario de Eduardo Mallea y su amor al país
Dirigió el Suplemento Literario de LA NACION entre 1931 y 1956
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Eduardo Mallea, el autor de "Historia de una pasión argentina" y de tantas agudas reflexiones sobre la vida nacional, fue evocado en el centenario de su nacimiento, en un acto organizado en el Jockey Club por la Fundación Vasco Argentina Juan de Garay.
Enfocaron distintos aspectos de la vida del escritor su sobrino homónimo, Eduardo Mallea, diplomático, quien se refirió a sus antecedentes familiares, su prosapia vasca y su vida en su círculo más íntimo; Jorge Cruz, académico de Letras y de Periodismo, que ahondó en su obra literaria, y José Claudio Escribano, subdirector de LA NACION, que comentó la entrañable relación de Mallea con este diario, cuyo suplemento literario dirigió entre 1931 y 1956, y desde el cual descubrió grandes figuras de las letras.
El sobrino de Mallea hizo hincapié en su origen vasco; descendía de Juan Eugenio de Mallea, originario de Eibar, que había llegado a Chile con Pedro de Valdivia, en 1552. El abuelo del escritor era primo hermano de Domingo Faustino Sarmiento. Y su madre, Manuela Aztiria Garay, era "doblemente vasca", de una familia oriunda de Bilbao.
Recordó su obsesión de realizar las cosas perfectamente. Y cómo en la madrugada, ante la duda de si algún título estaba correcto, volvía de su casa al diario para corregir, si lo hubiere, el menor error.
Lo evocó como un familiar querido, de extrema bondad, y volcado a la introspección. Un ser espiritual, de una intelectualidad pura, alejado de las cuestiones prácticas y de todo lo que hiciera referencia al dinero.
Jorge Cruz dijo que entre 1935 y 1955, aproximadamente, Eduardo Mallea fue el escritor argentino más celebrado de su generación. Recordó que la revista Martín Fierro recibió con elogios el primer libro de Mallea, "Cuentos para una inglesa desesperada".
Destacó luego su idea de las dos Argentinas: la visible y la invisible; la del afán inescrupuloso de riquezas, el vacío interior, la superficialidad, el cinismo, y la que reconocía en la lección de los fundadores de la nacionalidad, y en el antiguo patriciado, predispuesto al servicio y a la comunión.
Recordó sus cuentos de "La ciudad junto al río inmóvil" y su novela "La bahía del silencio" como frutos plenos de un admirable espíritu creador.
Citó conceptos del pensador uruguayo Carlos Real de Azúa, sobre lo que había significado Mallea para quienes tenían 20 años en 1936.
Escribano recordó que Mallea ingresó en LA NACION en 1927, cuando el diario estaba en un momento de brillante esplendor, guiado por un director creativo, Jorge A. Mitre, en un país importante en el mundo. Destacó que LA NACION tenía una corresponsalía para Europa que ocupaba 30 metros a la calle en los Champs Elysées, con corresponsales propios en Moscú, Berlín, Varsovia. Mallea ingresó en la sección Marítimas. En 1931 pasó a dirigir el suplemento literario.
Afirmó que hay un olvido deliberado de lo que Mallea representó: ese hombre que miraba hacia adentro, severo consigo mismo y con los demás, desprendido y generoso, que sufría al país, y que intuía que podría dirigirse a una frustración reiterada, que finalmente se dio.



