Experimentos siniestros
Hugo Gambini
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<b> La fórmula de la eterna juventud <br></br> Por Carlos De Nápoli <br></br></b>
De todas las huellas que dejó el médico nazi Joseph Mengele en su aberrante paso por Auschwitz (donde se lo conocía como el "Ángel de la Muerte"), la que más se recordará será su fórmula de la eterna juventud, una experiencia llevada a cabo con el propósito de salvar al Tercer Reich del paso del tiempo. Adolf Hitler había fundado un imperio que debía durar mil años, pero no podía engendrar hijos. De ahí la importancia de hallar una droga para detener el proceso de envejecimiento y alcanzar la eterna juventud.
Carlos De Nápoli dedicó varios libros al tema del nazismo. La fórmula de la eterna juventud y otros experimentos nazis cuenta, por ejemplo, que el general Karl Brandt, médico personal de Hitler, era Ministro de Salud con superpoderes y centralizaba todo el saber sobre rejuvenecimiento en la Europa anterior a 1945. Brandt, según el autor, contactó a los especialistas de los países ocupados, obtuvo drogas de última generación y contó con hormonas y glándulas extraídas a los prisioneros de los campos de concentración. En esa tarea también andaba el endocrinólogo ruso Karl Peter Vaernet. De Nápoli descubrió aquí, en Buenos Aires, en el cementerio británico de la Chacarita, la tumba de Vaernet, quien había seguido los esfuerzos de Voronoff, aunque creyendo que las hormonas no sólo rejuvenecían sino que, además, podían "curar" la homosexualidad. Tras incontables experiencias en Alemania, llegó a la Argentina en 1947, contratado por el gobierno de Juan Domingo Perón y montó un laboratorio en el barrio de Palermo.
El libro también revela la existencia de un spa para distraer a los oficiales de las SS, edificado por Heinrich Himmler en Solahuette, cerca de Auschwitz, donde había mujeres seleccionadas entre las prisioneras, a las que se sometía al proceso de rejuvenecimiento. "Desayunaban con tostadas de pan de centeno -dice De Nápoli- en lugar del fabricado con aserrín de madera tratado químicamente, común en las barracas; una fruta a elección, café o té con leche, y las infaltables pastillas de la I. G. Farben, que enviaba además las inyecciones de extractos hormonales. Eso se completaba con sesiones diarias de gimnasia." Aun así, todas desconfiaban. El propio Mengele les anunció que serían revisadas por los jerarcas mayores hasta que apareció Brandt, quien les dijo la verdad: "Ustedes serán las madres que darán los hijos que Alemania necesita por muchos años". Esas mujeres rehicieron sus vidas y el autor logró hablar con una de ellas.
De Nápoli logra componer una historia en la que se menciona el origen de la talidomida, todo basado en las experiencias criminales de Mengele en los campos de concentración.



