Falleció en París el jurista y académico Manuel Río

Fue embajador ante la Santa Sede
(0)
11 de agosto de 2005  

En París, donde vivía desde 1974, falleció, a los 99 años, Manuel Río, jurista argentino de alto vuelo intelectual, académico de Derecho y de Ciencias Morales y Políticas, autor de obras de profundo contenido filosófico, que merecieron elogios de pensadores de la talla de Jacques Maritain, que en 1960 publicó, traducida al francés, su obra "La libertad", en la colección "Saggese et culture" ("Sabiduría y cultura").

Río estuvo lúcido y activo hasta sus últimos días, y acababa de concluir un libro sobre la libertad humana en la filosofía antigua.

Sus restos recibirán sepultura hoy en el cementerio de Delincourt, un pequeño pueblo de Normandía, donde reposan los restos de su esposa, María Salomé Rodríguez Wilmart, fallecida en 1991, y donde su familia tenía una finca.

Manuel Río nació en Córdoba el 8 de abril de 1906. Era hijo del ingeniero Manuel Río, académico de Ciencias, autor de libros sobre la geografía de Córdoba que aún hoy son de consulta, y de Elena Allende.

Se doctoró en Derecho en la Universidad Nacional de Córdoba, con tesis calificada de sobresaliente.

Fue profesor de Historia de la Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y de Filosofía en la Facultad de Derecho de la misma universidad, por pruebas de competencia, cátedras de las que fue privado en 1945.

Adversario del nacionalismo extremo y reconocido como uno de los principales representantes del catolicismo de inspiración democrática en el país, fue un oponente notorio de las dictaduras totalitarias. En agosto de 1940 publicó en LA NACION dos artículos sobre "El neopaganismo social político". En 1954, fue uno de los fundadores del Partido Demócrata Cristiano.

En su profesión, asumió la correpresentación, con el doctor Manuel V. Ordóñez, de los propietarios del diario La Prensa, cuando fue expropiado. Cuando el obispo monseñor Manuel Tato y el canónigo Ramón Novoa fueron expulsados del país, en 1955, el doctor Río los acompañó como su abogado a la policía, que lo retuvo prisionero.

En 1956 fue nombrado embajador ante la Santa Sede. Jurista de profundos estudios y vasta visión, advirtió que no estaban dadas las condiciones para un concordato general con la Santa Sede. En conversaciones con gran confianza con el papa Pío XII, logró su asentimiento para encarar un tratado sobre la asistencia espiritual a las Fuerzas Armadas. Durante meses, Río estudió la preparación de un acuerdo con dos altos dignatarios del Vaticano que luego serían cardenales y tendrían una importantísima función en la Iglesia: los entonces monseñores Antonio Samoré y Agostino Casaroli (que sería años más tarde secretario de Estado). El Papa seguía de cerca los trabajos. El tratado se firmó en 1957. Años después, el cardenal Samoré manifestó a Río que ese acuerdo con la Argentina, en cuya gestación tanto tuvo que ver, fue el modelo que siguió la Santa Sede para acuerdos que luego firmó con Francia y con los Estados Unidos.

Río dio clases en el Angelicum, en Roma, donde, concluida su misión, permaneció hasta 1960, cuando volvió al país. En 1974 se radicó en Francia, al haberse trasladado sus hijos por razones de trabajo. Tenía cinco hijos: Manuel, Raimundo, David, Angélica e Isabel. En París fue gran amigo del filósofo Jean Guitton y prosiguió sus estudios filosóficos y jurídicos hasta su muerte.

ADEMÁS
Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.