
Fiestas de egresados, en la mira de los padres
Por Agustina Lanusse Para LA NACION
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Una nueva iniciativa se suma a la de un grupo de padres que, mediante la Web, decidieron "hacer algo" para ejercer cierto control sobre las salidas de sus hijos durante las noches de los fines de semana.
En este caso, se trata de un grupo de padres y directores de 15 colegios privados de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires que apuntan, mediante acciones concretas, a terminar con los cada vez más frecuentes desbordes que caracterizan en estos tiempos a las fiestas de egresados.
Alcoholismo, violencia física, inseguridad y excesos de todo tipo son los enemigos que tienen que enfrentar, además de la falta de colaboración de los propios chicos, que no suelen ver con buenos ojos las intromisiones de sus padres en estos temas. Por eso, en los colegios Los Robles, Holly Cross, Cardenal Copello, San Tarsicio, Las Cumbres, Mallinckrodt, Los Molinos, La Anunciata, Adoratrices, Champagnat, De La Salle, El Buen Ayre, Paula Montal, Palermo Chico y San Pablo entre otros, se abrieron espacios de diálogo de padres entre sí; de directores con padres; de docentes, tutores y ex alumnos con estudiantes, y encuentros entre alumnos de distintos establecimientos.
Así, la preocupación de los padres por los riesgos que enfrentan sus hijos se une a las quejas de los colegios, hartos de que se utilice el nombre de la institución para celebrar la colación de grado de forma descontrolada.
Los colegios procuran que los padres fortalezcan el liderazgo frente a sus hijos, que los chicos reflexionen sobre la forma de divertirse (la fiesta de egresados es sólo la punta del iceberg de lo que ocurre los viernes y sábados, apuntan), y se concienticen sobre el abuso en el consumo de alcohol y drogas.
"Queremos acompañarlos en la preparación de las fiestas, caminar al lado de ellos", dijo Silvia Bravo, directora de Las Cumbres, en diálogo con LA NACION. "Salir de la queja típica: la culpa la tiene el Estado, o los padres, y asumir la responsabilidad que nos cabe como educadores", agregó Cristian Pérez Centeno, directivo del Champagnat.
Básicamente, las autoridades cuestionan que las fiestas de egresados se realicen los días de semana, lo que dificulta la tarea de enseñar al día siguiente. También reprochan que se vendan bebidas alcohólicas a menores de edad (a las fiestas van chicos de 1° y 2° año), que el número de invitados supere las 2000 personas, que los chicos entren alcoholizados en el boliche y que contraten "trencitos de la alegría" para llegar al lugar.
"Queremos instalar una discusión seria sobre qué significa festejar y desmitificar ritos compulsivos impuestos por los comerciantes de la diversión", dijo Alejandro de Oto, director de primaria de Los Robles.
El dormido, ausente
Varios colegios ya anunciaron medidas concretas: pondrán ausente a quienes se duerman o no estén en condiciones de estudiar. Algunas de las sucesivas reuniones empezaron a dar sus frutos. Un grupo de padres de Los Molinos que se reunieron con varios de sus hijos de 5° año lograron que este año los chicos optaran por una fiesta de 800 personas y que suspendieran el pre-boliche, donde los adolescentes consumen cerveza desde temprano.
Otro grupo de padres del Buen Ayre que vienen reuniéndose desde marzo presentaron un plan con ideas alternativas para sus hijas: realizar la fiesta en un catamarán para 400 personas y contratar un profesional para que les ayudara a pensar en otras propuestas de diversión. Claro que se trata de una alternativa que tiene su costo.
"Las chicas accedieron a controlar la venta de alcohol, y están pensando en la posibilidad de no festejar en un boliche. Esto ya es un logro. Más allá de los resultados, es positivo haber instalado la discusión", comentó Juan Llerena, padre de una próxima egresada.
En Los Robles se impulsa la idea de que no se invite a alumnos de primero, de segundo y de tercer año a la fiesta, y que se controle la entrada para que no ingresen adolescentes alcoholizados. El año pasado, el colegio sancionó a toda la promoción por el descontrol que se produjo en el festejo.
Padres y directores se sienten por primera vez fortalecidos. Comprueban aquello de que la unión hace a la fuerza. "Nosotros sufríamos el complejo de soledad, nos sentíamos marcianos. Da fuerzas unirnos y ver que muchos colegas están buscando un cambio", concluyó Bravo, de Las Cumbres.


