Filosofía poética

En un ensayo compuesto de fragmentos y poemas, Hugo Mujica desafía al lector a entregarsea una experiencia de lectura vital y trascendente, opuesta al banal culto al ego
Ariel Pennisi
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27 de febrero de 2015  

La escritura de Hugo Mujica (Avellaneda, 1942) y las voces que hace pasar buscan en cada lector el punto de suspensión de su proyecto de vida, de su vida como proyecto. El saber del no saberse, como un cofre en el que se reservan para siempre las cosas preferidas: Trakl, Morandi, Hölderlin, mitos y leyendas desde el judaísmo hasta la antigua China, nos sumerge en su atmósfera suspendida. Confía en una escucha posible de la vida que se da como instante eterno, es decir, despojada tanto de fundaciones estáticas como de referencias finalistas. Porque si "la vida no cabe en la vida", la medida de cada vida pasa por la relación que seamos capaces de establecer con el acontecimiento que trastoca y hace a nuestra constitución subjetiva.

En tiempos en que el prefijo "pro" insufla legitimidad a cada gesto, la vida se reduce a un continuum en el que cada quien juega su destino como gerente de sus pequeñas certezas, fundidas con sus intereses de parcela. ¿Pero qué hay de las incertezas profundas que no dejan de fundarnos y desfondarnos? Amenazados y amenazantes viven los bichos proactivos de la hora. Aferrar o no aferrar el metro cuadrado que define la vida personal parece ser la cuestión? ¿Puede un libro hablarle a una época hablándoles, a su vez, a todos los tiempos? Porque si es cierto que nuestra comedia coyuntural nos muestra saturados de información, atestados de estímulos, también podemos intuir que tanta arena está destinada a escabullirse, esperándonos un vacío, que en el fondo sospechábamos ¿Cómo volver habitable una errancia? No hay manuales para errantes, pero El saber del no saberse nos conecta con algo de eso? El materialismo que vibra entre libro y lector nos dice que sólo hacemos experiencia de eso que se presenta como "único de sí", como entrega, como lo que no cabe en sí. El mundo es ofertorio y sólo nos pide atención. Pero no es quietismo lo que desprende el libro, más bien llama a un tipo de disposición ante lo que acontece.

Emprender, apresar, realizarse. Las promesas de la autoayuda coinciden con el amor temeroso que se gasta en el celo, el monocultivo del espíritu. Amarse a sí mismo, cuidar las pertenencias y defenderse de las amenazas circundantes son las prerrogativas de nuestra cultura más actual, el punto de partida fallido de las políticas que tristemente parecen asomar, la negación anticipada ante cualquier pregunta vital. Desde su llamado de apariencia intemporal, desde sus diálogos con las tradiciones, desde sus propios grados de eternidad, el libro invita a una experiencia de la lentitud: pensar no es conocer, sino hacer lugar en el tiempo a las señales de vida que se donan al mundo; amar no es poseer, sino aceptar las cosas y a los otros "como roce y despedida".

Alto grado de exposición, la desnudez parece ser la utopía de algunos de los pasajes de este camino en pleno bosque que es el libro de Mujica. Se acusará la candidez de semejante expectativa, diremos que el humano es un animal que sólo entiende de ropajes. Sin embargo, "desnudez" nombra una forma de relación, una disposición de quienes, atravesados inevitablemente por el lenguaje, de golpe se permiten el asombro de lo que ya era disposición de la vida como impetuoso devenir y serena existencia. Hay vida después del yo (y antes también), no hay truco (ni giro) lingüístico que valga. Nos dice Mujica: aprender de las palabras, aprender a callar, aprender a tratar con lo innombrable: "Un decir que resguarda su indecible".

Cuando nos encontramos con un texto filosófico (y el de Mujica, entre otras cosas, lo es) aparecen términos extraños como "no-ser", "ser-ahí", "ser-para sí"? Palabras que surgen del forcejeo con lo real, de una necesidad tan íntima como desconocida de tratar con lo desconocido sin agotarlo en el conocimiento. "No-ser", "no saberse" nada tienen que ver con la carencia, por eso el nombre no compensa ni completa, se compone. Se trata de la vida que rebasa las formas consabidas de ser y los nombres que juegan con la necesidad. Filosofía poética, poesía filosófica.

El saber de no saberse

Por Hugo Mujica

Trotta

152 Páginas

$ 279

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