Goya y las mujeres
La historiadora de arte Natacha Seseña revisa el imaginario femenino del artista a través de sus retratos
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El pintor y la mujer-modelo son un binomio que ha dado (y seguirá dando) mucho de sí a lo largo de la historia del arte. Recientemente vio la luz un libro en el que Paula Izquierdo analiza la relación de Picasso con las mujeres. Una relación tormentosa, hasta el punto de que su nieta Marina hablaba de canibalismo. Ahora, Natacha Seseña hace lo propio con Goya. Pero, mientras que la experiencia del malagueño con las señoras era física y carnal, la del aragonés fue mucho más mental.
En sus maravillosos retratos femeninos, Goya dejó pistas sobre cómo eran las mujeres que habían posado para él. Y Seseña las recoge en Goya y las mujeres. A partir de los gestos, las poses o, muy especialmente, los vestidos, la autora va recreando las vidas de esas damas, desde la reina María Luisa de Parma, pasando por nobles como la duquesa de Alba, la condesa de Chinchón, las marquesas de Santa Cruz, Santiago o Pontejos -casi todas vestidas de majas, ataviadas con basquiñas, imitando a las plebeyas-, hasta burguesas como Sabasa García o las mujeres de la familia del artista (a las que no inmortalizó muy a menudo).
Aunque aclara Seseña que huye del morbo, hay dos aspectos en el libro que difícilmente se libran de él. Por un lado, afirma que la relación de Goya con Martín Zapater (25 años de cruce epistolar) fue de "alto voltaje afectivo. Las cartas indican un amor (no me refiero al sexo), un juego de afinidades". ¿Deja entrever que era homosexual? "No puedo afirmarlo. Pero la lectura de estas cartas es susceptible a una interpretación homoerótica, de homofilia", contesta Seseña, quien sí afirma que el pintor fue maníaco-depresivo. Por otra parte, en el Retrato de la familia de Carlos IV, advierte una protuberancia en la mano del Infante Francisco de Paula, tomada a su vez de la mano de su madre, la Reina, justo en el eje geométrico del cuadro. "¿El pene de Godoy es el que manda en la familia?", se pregunta sin llegar a afirmarlo en una cuando menos sorprendente teoría.
La relación de Goya con la duquesa de Alba ha dado mucho que hablar. Algunos, como Bigas Luna, vieron en Volaverunt algo mucho más íntimo de la duquesa que un mero Capricho. Para Natacha Seseña, "sólo hubo un coqueteo, un juego. Representaba para él el eterno femenino". Con este libro, dice, sólo ha abierto un camino en el que otros profundizarán más adelante.
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