Una guía de palabras para no perderse en el laberinto de Borges

"Sueño", "noche", "mundo", "Dios" y recién después el "amor": cuáles son los términos que más aparecen citados en su obra, una brújula a la hora de leerlo
Martín Hadis
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23 de agosto de 2019  

Están el "sueño" y la "noche", los "libros" y el "mundo"; en menor medida, aunque igualmente significativos, el "laberinto", el "universo" y "Dios". Después, sí, llega el "amor". Éstas son las palabras más empleadas por Jorge Luis Borges en su relevante, rica y compleja obra, que a 120 años de su nacimiento, vuelve a abrirse frente a nosotros como un sendero de múltiples significados. Transitarlo es algo más fácil y seguro con una guía.

No hay una sola cosa -dice el propio Borges en un poema- que no sea una nube. Y la afirmación resulta literalmente cierta para las llamadas tag clouds o nubes de palabras, ese modelo de representación visual que ordena y jerarquiza un conjunto de términos según su importancia o frecuencia en textos determinados. Un recurso útil para captar al instante la esencia de lo dicho (o escrito).

"No deja de ser significativo -sigue en otro pasaje el autor de Ficciones- que hablemos de contar un cuento y de contar hasta mil. Todos los idiomas que conozco usan el mismo verbo para los actos de narrar y de enumerar."

En efecto: las palabras más usadas en la obra borgiana parecen compendiar sus preocupaciones centrales. Se trata de conceptos elementales, ricos en significados y matices, que sirven para guiarnos en sus lecturas, del mismo modo que un cartel nos orienta en una encrucijada.

La informática brinda a tal fin herramientas idóneas. El uso de concordancias y técnicas de lingüística computacional permite analizar y ordenar la frecuencia de esos símbolos en cada texto o libro.

Allá por 1923, Borges publica Fervor de Buenos Aires. Entre las palabras más comunes de este libro figuran "calle", "tarde", "noche", "sombra", "patio".

"La lectura debe ser una de las formas de la felicidad", dijo Borges, aconsejando la búsqueda de un goce personal. "Es el único modo de leer"
"La lectura debe ser una de las formas de la felicidad", dijo Borges, aconsejando la búsqueda de un goce personal. "Es el único modo de leer" Fuente: Archivo

Ya en los libros de cuentos, como Ficciones (1944) o El Aleph (1949), se detecta que crece en frecuencia un recurrente símbolo borgiano: el laberinto, que para el escritor argentino representa lo incierto de la existencia humana y lo incomprensible del universo. Aquí, además del término "laberinto", se repiten "Dios", "Aleph", "universo".

En cambio, en El hacedor, libro de poemas que inauguró la década de 1960, entre los conceptos más frecuentes, más allá de "Dios" y la "muerte", están la vida y los espejos, seguidos tímidamente por los tigres.

Para las seis cuerdas (1965) es un libro de tinte nostálgico, conformado íntegramente por milongas; por eso es esperable que entre los vocablos más empleados figuren "cuchillo", "olvido" e "historia".

En los libros que siguen, también de poemas, El otro, el mismo (1969) y Elogio de la sombra (del mismo año), están una vez más la noche, las sombras, Dios y el destino. Recién en El oro de los tigres (1972) figura en los primeros puestos el "amor", ubicado entre los verbos "buscar", "perder" y "esperar".

En los siguientes volúmenes - La rosa profunda (1975), Historia de la noche (1976) y La moneda de hierro (ídem)- adquiere singular fuerza un elemento: la espada, símbolo del coraje con el que Borges enaltecía en el recuerdo a sus antepasados guerreros.

En El libro de arena (1975) perduran las palabras, los libros y (curiosamente) el verbo "hablar". La atmósfera se vuelve a continuación más sosegada, ya que estamos ante las últimas obras del poeta. En La cifra (1981), la espada ha caído; la superan con creces los desiertos, los espejos, el mar, la memoria y el infinito. En tanto que el último libro de Borges, Los conjurados (1985), se distingue por el énfasis en el pasado y la inminencia del fin. Al acto de soñar, clave en la obra borgiana, se le agrega ahora el participio de ese verbo en pasado: "soñado". La muerte, la noche y las sombras ganan asimismo en estas páginas finales.

Esta variedad de símbolos refleja, al mismo tiempo, la complejidad y la riqueza de la obra de Borges. ¿Cómo adentrarse, entonces sin perderse, en este cúmulo?

En el laberinto verbal

Teniendo en cuenta que toda selección implica omisiones, lo que sigue no pretende ser otra cosa que una hoja de ruta inicial.

La primera sugerencia es leer la obra en orden cronológicamente inverso. Es decir, empezar por lo más tardío. Borges fue puliendo su estilo con el correr del tiempo y hacia el final de su vida él mismo afirmó: "En el presente intento ser lo más simple posible, siendo complejo pero de una manera secreta y modesta, de una manera no evidente".

Es afortunado, en este sentido, que los últimos libros del autor sean en su mayoría de poemas. Porque la poesía tiene, entre otras, principalmente dos virtudes: en primer lugar, produce un placer estético que permite sentirla aun sin comprenderla del todo, y en segundo lugar, su brevedad fomenta la curiosidad y la exploración.

A esta altura el lector estará ya familiarizado con los temas y preocupaciones centrales del autor. Entonces será el momento de emprender el camino de los cuentos: Los de El libro de arena: "El otro", "Ulrica", "There are more things", "El libro de arena". El Aleph, acaso su trabajo más representativo, con "El inmortal", "La casa de Asterión", "La escritura del Dios", "El Aleph". Ficciones, que incluye "Tlon, Uqbar, Orbis Tertius", "Las ruinas circulares", "La biblioteca de Babel", "El jardín de senderos que se bifurcan", "Funes el memorioso", "La muerte y la brújula" y "El Sur".

Con respecto al análisis de su obra, el número de publicaciones que intentan abarcarla aumenta día tras día. Pero dos de estos libros son muy recomendables: La expresión de la irrealidad en la obra de Borges, de Ana María Barrenechea, y Borges: realidades y simulacros, de Daniel Balderston. Es asimismo útil la biografía de Alicia Jurado: Genio y figura de Jorge Luis Borges.

Otros mejorarán y enriquecerán sin duda esta secuencia. A propósito, viene al caso recordar los dichos del propio escritor: "La lectura debe ser una de las formas de la felicidad, de modo que yo aconsejaría a esos posibles lectores de mi testamento -que no pienso escribir- que leyeran mucho, que no se dejen asustar por la reputación de los autores, que sigan buscando una felicidad personal, un goce personal. Es el único modo de leer".

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