
Historias de amor sin pasión
LA FELICIDAD DE LAS MUJERES Por María Fasce-Destino-190 páginas-($15)
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Carolina, la protagonista del primer relato de La felicidad de las mujeres , reconquista el interés amoroso de Luis cuando queda ciega; Cecilia, en cambio, se reconcilia con Martín cuando mira, espiando desde un placard, una escena que no la tenía como destinataria. Lorena logra finalmente estrenar su vestido de novia después de haber sido observada por la mirada voyeurista de Carlos; a Valeria, en cambio, se la sabe infiel cuando es descubierta por el mirar compulsivo e indiscreto de Roberto, quien la espía a través de un caleidoscopio largavista. Mirar o ser mirado, ver demasiado o quedar ciego, espiar o mostrarse ante la mirada del otro: un sistema de miradas organiza el mundo del amor y del deseo erótico en los doce relatos que componen La felicidad de las mujeres, de María Fasce (Premio del Fondo Nacional de las Artes, 1999). No se trata solamente de una recurrencia temática sino que el sistema de miradas estructura los relatos, delimita los espacios, borra, en algunos casos, las fronteras entre lo público y lo privado y da forma a los modos en que se relacionan o dejan de relacionarse los hombres y las mujeres de hoy. En la construcción de este sistema de miradas, abunda la paradoja, pues los relatos sostienen que cuanto más se mira menos se ve, o que el mostrarse demasiado frente a un voyeur produce más rechazo que atracción.
La mirada o, mejor dicho, el juego de miradas cumple diversas funciones. En algunos relatos, desencadena el deseo erótico ("me miraban los hombres casados que tomaban sus tragos junto a la pileta, me miraban también las mujeres de los hombres casados, pero nadie me miró nunca como Sacha. Una mirada que se deslizaba desde mi pelo hasta mis pies como una mano y se detenía en mi boca"). En otros, la mirada convierte a quien mira en cómplice de la situación observada, como a María, que observa fascinada y en silencio cómo un grupo de asaltantes humilla a las monjas de su colegio al obligarlas a realizar un penoso strip-tease en un festejo de egresadas.
Para narrar estas historias de amor, Fasce apela entonces a un procedimiento típico de las novelas sentimentales en las cuales el enamoramiento suele producirse a través del cruce de miradas. Sin embargo, estos relatos narran diversas historias de amor de personajes que, a diferencia de los héroes y de las heroínas de esas mismas novelas sentimentales, han perdido -o están a punto de perder- el deseo erótico. Porque, si la teoría de uno de los personajes femeninos enuncia que en Buenos Aires las mujeres no tienen relaciones sexuales, los relatos confirman que el deseo sexual pertenece a un tiempo ya pasado que ha sido interrumpido por la costumbre, el desencanto o la muerte. "La revolución se parecía al amor: no podía pasarle nada peor que concretarse", dice otro personaje femenino después de haber vivido una fallida aventura erótica con un cubano en la Cuba de los años noventa. La frase vincula así dos pasiones, la pasión erótica y la pasión política, que en el libro se mantenían separadas. En este mundo de mujeres desencantadas, la política sólo se manifiesta bajo la forma de la ironía, ya que todos los tópicos del anticastrismo aparecen en boca de una mujer cínica que eligió casarse no por amor sino por dinero.
Tiempos desapasionados narra María Fasce en estos relatos; historias de amor sin pasión o de pasiones resignadas. Son por eso quizá una radiografía también desapasionada del amor y el deseo en los años noventa.

