
Hitler y la pasión por las artes
La ciudad austríaca, que será Capital Europea de la Cultura el año próximo, quiere exponer la preferencia del dictador alemán por su ciudad de crianza y la desmesura de sus proyectos
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Linz, la ciudad austríaca que el próximo año será Capital Europea de la Cultura, fue hace 70 años el centro de un ambicioso programa para transformarla en una de las metrópolis culturales del Reich alemán.
El sueño de Adolf Hitler de convertir la ciudad alpina donde pasó su juventud en una de las principales urbes de Alemania es el argumento de una exposición del Schlossmuseum de Linz, que desde hoy analiza la relación de esta localidad con la política cultural de los nazis.
Aunque nació en la pequeña localidad de Braunau am Inn, a 126 kilómetros, Hitler vivió desde pequeño en Linz, donde cursó la escuela secundaria, fracasó en su intento de acceder a la universidad y tuvo un primer contacto con las teorías antisemitas que marcarían su futura ideología.
Además, fue allí donde el futuro dictador descubrió, gracias a una cantante judía, su amor por Richard Wagner, al que elevó luego a la categoría de compositor oficial de la Alemania nazi.
La exposición, titulada La Capital Cultural del Führer , analiza los monumentales planes que Hitler tenía para Linz, para la que previó la construcción de museos, teatros e incontables instituciones culturales, que nunca llegaron a concretarse.
Pese a ello, el visionario proyecto de hacer de la provinciana Linz una capital cultural involucró a los más famosos arquitectos de la época y ocupó la mente de Hitler aun en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, cuando ya el Tercer Reich se desmoronaba.
La muestra presenta la relación del joven Hitler con la ciudad, la vida cultural de la pequeña localidad y las transformaciones que el dictador alemán concibió para ella una vez que, tras la anexión de Austria, Linz pasó a ser parte del Reich alemán.
La exposición exhibe planos de las monumentales obras previstas, como un teatro diseñado a semejanza del de Budapest; el Puente de los Nibelungos; o una "calle de la magnificencia" en la que se levantaría la Òpera y el Museo del Führer, al que estaban destinadas, entre otras, obras de arte expoliadas a judíos.
Fue el propio Hitler quien influyó en estos planos y esbozos y en los que dejó su impronta.
Según la comisaria de la exposición, Birgit Kirchmayr, ese interés personal del Führer tenía mucho más que ver con "fantasías" y con el "mito de la ciudad natal" que con una promoción real de la localidad.
Pero si Linz no se benefició de ser la cuna del dictador con museos y teatros, tampoco hubo revolución en otros ámbitos de la creación.
La ciudad, que apenas fue influida por las vanguardias de entreguerras -rechazadas como degeneradas por el nazismo-, se sumergió en la doctrina oficial del régimen hitleriano.
Si en el resto de Alemania la pintura, la literatura y el teatro eran instrumentos para extender la filosofía nazi, en la provincia natal del Führer los creadores se sintieron especialmente presionados para servir a la causa.
Los artistas calificados como "no aceptables" fueron perseguidos, expulsados y asesinados, y las instituciones culturales sistemáticamente depuradas.
Los restos de esta política y la herencia hitleriana en la que será capital cultural europea en 2009, son otros dos de los aspectos que toca la exposición.
"No queremos ser presentados como un país nazi, pero tampoco ocultar lo que ocurrió aquí", explicó Josef Pühringer, gobernador del Estado federal de Alta Austria, del que Linz es capital.
El político conservador argumentó que una "región de cultura" tiene la obligación de "tratar intensamente el capítulo más oscuro" de su historia. Todo, dijo, con un trato muy sensible para evitar cualquier "aura de glorificación".
Respecto a Linz 2009, el director adjunto del proyecto de capitalidad cultural, Ulrich Fuchs, aseguró que la idea es lograr "un equilibrio entre la confrontación con el pasado y la visión de futuro de la ciudad".
Linz, a 200 kilómetros de Viena, compartirá el próximo año con la capital lituana, Vilna, la capitalidad cultural de Europa.
El presupuesto de Linz 2009 será de 65 millones de euros, de los que sesenta millones procederán de fondos públicos austríacos y el resto de subvenciones de la UE, de patrocinadores y de la venta de entradas.
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