
Horacio Ravazzani
El sepelio
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Dolorosamente ha repercutido la noticia del fallecimiento del arquitecto Antonio Horacio Ravazzani, en Punta del Este, que se destacó como un talentoso proyectista de obras de arquitectura residencial, especialmente en esa ciudad uruguaya.
Será difícil olvidar su presencia, con ese porte heredado de la población italiana del Norte, caracterizada por sus ojos claros y por una enorme vocación por el dibujo y la arquitectura.
Tenía un vozarrón fuerte y ronco, que utilizaba con éxito en la tribuna popular de la Bombonera, ya que, como hincha boquense, los días de partido se retiraba del estudio con un bolso que contenía una gran bandera que, una vez en las tribunas, se convertía en su vestimenta.
Se recuerda especialmente una tarde en la que elaboró la teoría del fútbol como obra de arte: utilizaba un gol de Pelé en un Mundial que, según su teoría, debería proyectarse en pantallas colocadas en una pared principal de la casa.
Se había adelantado a la invención del plasma y las pantallas chatas, y decía que la diferencia entre los movimientos en el aire de ese gol y una coreografía de ballet era la improvisación, la magia de un momento imprevisible.
En los años 70, Ravazzani se radicó en Punta del Este, donde empezó por dirigir el conjunto de viviendas de vacaciones Manantiales, frente al mar. Después comenzaron a llegar los encargos, porque gente de nivel económico e intelectual detectó en él una percepción sutil de cada problema y una fantasía singular para presentar diseños de características infrecuentes.
Una de ellas era el uso de la piedra en estado natural para levantar grandes muros portantes, los espacios de doble altura, importantes planos vidriados y una relación fascinante con el paisaje del contorno.
Porque es bueno recordar que en sus tiempos de dibujante de planos, Horacio Ravazzani aprendió en profundidad el manejo de los materiales, los detalles que hacen a su combinación y enlace eficiente, la lógica constructiva que se expresa en un buen proyecto final.
Esa calidad plástica y tecnológica revelada por sus trabajos fue detectada en los Estados Unidos, donde fue contratado para diseñar y dirigir una gran residencia en Aspen, Colorado, la que después fue reflejada en las portadas de muchas revistas de arquitectura e interiores de todo el mundo.
Con el que fue su compañero muchos años de estudiante, Horacio Grosso, seguramente va a internarse en largas y profundas disquisiciones a propósito de la arquitectura, el arte y la humanidad, territorios que siempre lo cautivaron.
Sus restos fueron sepultados en el cementerio uruguayo San Carlos, de Punta del Este.
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