Hugo Alconada Mon: "Los corruptos temen más el escrache que la cárcel"

El investigador, que acaba de publicar su libro La piñata, señala que en la Argentina hay que potenciar los organismos de control y garantizar la estabilidad de los jueces
Víctor Hugo Ghitta
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2 de agosto de 2015  

Tiene algo de Sam Spade y Philip Marlowe, los detectives privados creados por Dashiell Hammet y Raymond Chandler, dos maestros de la novela negra norteamericana que tuvo su época dorada cuando los gángsters y el crimen organizado dominaron una parte de la vida de los Estados Unidos. Como ellos, aunque sin el cinismo que en parte ensombrece a los protagonistas de El halcón maltés y El sueño eterno, Hugo Alconada Mon se ocupa de investigar el delito; como ellos, es un hombre cotidiano que defiende una moral. Un hombre sencillo, aunque la pila de papeles con información rigurosamente chequeada que suele llevar consigo puede hacer temblar a todo un gabinete de ministros.

Son precisamente muchos de esos funcionarios quienes respetan su trabajo como sabueso periodístico. Alconada lo cuenta en el prólogo a La piñata. El ABC de la corrupción, de la burguesía nacional kirchnerista y del capitalismo de amigos, su último libro y sucesor de éxitos de ventas como Los secretos de la valija y Boudou, Ciccone y la máquina de hacer billetes. Cuando le preguntó a un monje del kirchnerismo por qué él no ha sido atacado pese a la contundencia con que suele desnudar innumerables actos de corrupción -la lista incluye los casos de Aerolíneas Argentinas, Lázaro Báez, Julio De Vido o Norberto Oyarbide-, recibió esta respuesta: "Porque vos tenés información, y eso lo respetamos. Vos no hacés operetas, como máximo caes en ellas, y no cobrás".

La pregunta que le hace entonces a su interlocutor trae la peor de las noticias para la salud institucional del país. "¿Usted sabe que siempre tengo la sensación de que estoy escribiendo sobre el conejo que tengo delante de mis ojos, mientras a mis espaldas pasa un elefante rosa en zunga haciendo la vertical y no me doy cuenta?" "Es exactamente así -escucha Alconada como toda respuesta-. Ustedes, los periodistas, apenas si arañan la superficie."

-¿Se puede caracterizar la corrupción bajo las presidencias de Alfonsín, Menem, De la Rúa y los Kirchner?

-Durante la de Alfonsín fue menor, incipiente. La de Menem llegó a niveles increíbles, pero en términos de porcentajes y dinero cash. La del kirchnerismo es distinta: ellos van por las acciones y las empresas, para ser parte del poder permanente.

-¿Varía el carácter de la corrupción de acuerdo con el signo ideológico del gobierno?

Por debajo de la superficie, no mucho. Pueden pedirte coima para el partido o el movimiento, para sostener tal o cual modelo, pero en la práctica, al final, los billetes terminan en ciertos bolsillos; en aviones, casas, relojes, cajas fuertes. Kirchner tenía una particularidad: pensaba en el dinero como un modo de preservar un poder permanente.

-En el libro aparece fuertemente la responsabilidad de la sociedad en el nacimiento mismo de la corrupción. ¿Cuál es el verdadero alcance de esa responsabilidad?

La sociedad argentina es la gran responsable de la corrupción que padece. ¿Crees que es lo mismo, para quien duda entre manotear o no una coima, saber si la sociedad lo considerará un tipo piola o lo repudiará? En países como éste, donde los corruptos no van presos, lo que más teme un corrupto es el escrache social. Lo enloquece pensar que puede ser abucheado si va a un restaurante o un cine. Teme no poder caminar por la calle como si fuera una celebridad. Parece insólito, pero en la Argentina los corruptos le temen más al escrache que a la cárcel.

-¿Cuál ha sido el caso más complejo durante la investigación?

Lázaro Báez. Parece inabarcable. Siempre hay más para hurgar. Detrás de él subyace un sistema que lo conecta con muchos otros jugadores y escándalos del kirchnerismo: Ricardo Jaime, Antonini Wilson, operadores judiciales. Podemos verlo como un caso aislado o vislumbrar el sistema que subyace detrás.

¿Qué pusieron en juego los países que lograron, si no eliminarla, atenuar la corrupción?

Todos los países tienen corrupción. Pero mirá Brasil, donde hoy grandes empresarios desfilan por los tribunales y son detenidos. Hay que potenciar los organismos de control, garantizar la estabilidad de los jueces, darles herramientas como la ley del arrepentido. Y dejarlos trabajar. El punto, claro, es entender si estamos dispuestos a sostener las consecuencias de ese trabajo.

-¿Por qué habla un Garganta Profunda?

Por despecho, bronca o asco; por cálculo político: quiere el cargo del funcionario al que expone. Y muchos hablan porque buscan cortar un negociado. Sienten que la única forma de detener a un delincuente es exponiéndolo. ¿Sabés cuántos funcionarios de este gobierno hablaron conmigo, furiosos, porque al lado de ellos están robando y no están dispuestos a tolerar que los metan en la misma bolsa? Hay muchísimos funcionarios, jueces, fiscales y legisladores dignos y honestos, en todos los partidos y aun en el Gobierno, que están hartos de ese latiguillo infame que dice que "son todos corruptos". No lo son.

La piñata

Autor: Hugo Alconada Mon

Editorial:Planeta

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