
Ingenua heroína en un emotivo relato
ELISABET Por Graciela Montes (Mondadori)-157 páginas-($ 13,90)
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ELISABET es la segunda novela para adultos publicada por Graciela Montes, una de las más prestigiosas escritoras argentinas de textos dedicados a la infancia. El título del libro es el nombre con el cual se bautiza la protagonista: Elísabet de Barrio Norte, dice, cuando debe identificarse en un programa radial y se niega a confesar que, en realidad, ella es Celina Noemí Varela, de Aldo Bonzi.
Elísabet trabaja como empleada doméstica para un matrimonio de profesionales cuya casa está en la mítica manzana borgeana de Guatemala, Serrano, Paraguay y Gurruchaga. Tiene una vida apacible y abundante en dichas breves. Disfruta mirar telenovelas con un jarro de mate cocido en la mano; detenerse a espiar las vidrieras cuando va al mercado o a la tintorería; comer garrapiñadas mientras se promete pasear en mateo con su novio, algún día, alrededor de la estatua de Giuseppe Garibaldi.
Sin embargo, en la segunda mitad de la novela, la violencia irrumpe en la vida de Elísabet, quien desde entonces transita un sinfín de experiencias amargas. Pierde el trabajo, la contratan para hacer la limpieza de un hotel alojamiento, se dedica a vender medias en la calle, es desalojada y tiene que mudarse a una sórdida bodega.
Lo singular es que la historia está contada a partir de los recuerdos de Elísabet, pero referidos por un narrador en tercera persona, que se aboca a destacar el artificio que supone todo relato retrospectivo de esas características. Así, le formula al lector interrogantes sobre la veracidad de los hechos que enuncia y, a la manera de Juan José Saer en su novela Glosa , interrumpe a cada momento el curso de la narración con sus comentarios: "Es este pasaje del recuerdo de Elísabet el que resulta del todo inconsistente. Es esta insistencia en narrarlo una y otra vez, así, tal y como lo hemos transcripto, lo que debería cuestionarse. Es impensable que alguien corra abrazado a una bolsa grande de polietileno durante siete horas (hasta más de ocho si se piensa que era abril y, en abril, la noche no cae hasta antes de las ocho, ocho y media)".
Elísabet es una novela que apuesta a quebrar la linealidad narrativa y a poner en cuestión la representación de la ficción. Recuerda por ello a una constelación de novelas que hace unos quince años se plegaban con ahínco a esa propuesta, pero el hecho de que se publique hoy -cuando esa tendencia se halla en franca retirada-, le confiere la virtud de ser una novela leal a su propia ética narrativa.
Por otra parte, Montes ha tenido el valor de elegir un imaginario árido, compuesto por los gestos más grises de la vida cotidiana. Ha construido una protagonista tan ingenua que podría parecer inverosímil; no obstante, justamente a raíz de esa inocencia, la lóbrega historia adquiere un matiz emotivo y conmovedor.
En el punto de cruce entre una prosa agobiante e imágenes que resultan verdaderos hallazgos poéticos, Elísabet cobra su brillo distintivo. Sin dudas -al igual que El umbral , la novela anterior de la autora- se trata de un libro complejo, cuya afición por el riesgo merece ser apreciada.
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