Cien años de Allen Ginsberg, el poeta beatnik, gay y contracultural enjuiciado y consagrado por un “aullido”
Bob Dylan, Yoko Ono y Patti Smith reivindican el legado de un ícono heredero de Walt Whitman
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Poeta reconocido en todo el mundo, viajero, obrero metalúrgico, ensayista y fotógrafo; activista por los derechos civiles, pacifista de la primera hora, músico, budista y docente, Allen Ginsberg, como su adorado Walt Whitman, trascendió el ámbito de la poesía para convertirse en un icono, en su caso de la contracultura, más allá de las fronteras de Estados Unidos. Artistas como Jim Morrison, Yoko Ono, Patti Smith, Gus van Sant y John Lennon reivindicaron el legado del autor de Aullido, poema por el que fue enjuciado por “obscenidad” y que lo consagró como una voz de alerta en medio de las protestas por el racismo, la carrera armamentista y la homofobia en su país. Nació cien años atrás, en Newark.
Se consideraba heredero de William Blake, Whitman y Federico García Lorca, y tuvo como mentor a William Carlos Williams. “Ginsberg es al mismo tiempo trágico y dinámico, un genio lírico, un embaucador maravilloso y probablemente la voz poética más extraordinariamente influyente en Estados Unidos desde Whitman", dijo el Nobel Bob Dylan. También para Charles Bukowski, que no solía prodigar elogios, Ginsberg era el mejor poeta estadounidense después de Whitman.
“Vi a las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas, histéricas, desnudas, / arrastrándose por las calles negras al amanecer buscando una dosis de ira”, comienza Aullido, el poema que este viernes, en la Biblioteca de la Universidad de Stanford, interpretará el Kronos Quartet con la presencia de varios poetas invitados, al inicio de la exposición Ginsberg a los 100: Una selección de los documentos de Allen Ginsberg en Stanford.
"Gracias a la asombrosa premonición de Ginsberg de guardar casi todo, ¡incluso los recortes de su barba!, el archivo es la base de datos central del movimiento underground estadounidense del siglo XX y más allá -dijo J. Christian Greer, profesor de Stanford-. Los estudiantes que participan en nuestras numerosas excursiones para examinar sus objetos más preciados, como los garabatos marginales de Ginsberg en los primeros borradores de Howl [Aullido], suelen mencionar que es fácil dejarse llevar por el aura de tales objetos”. Además de fotos y objetos, la muestra incluye diarios, cuadernos y cartas del poeta que, a los once años, auguró que sería “un genio de algún tipo, probablemente en literatura”.
En Hispanoamérica, la influencia de Ginsberg, como la de todos los poetas de la generación beat, es indiscutible. “Ginsberg fue a mi juicio, y el de muchos en los hechos, uno de los poetas más significativos e influyentes de la segunda mitad del siglo XX -dice el escritor y traductor argentino residente en España Jonio González-. Su poesía, como muy pocas en la historia de la literatura contemporánea, modificó, ampliándola y profundizándola, nuestra visión de la realidad. Y no solo enriqueció nuestra poética en lo formal sino que también nos permitió que temas restringidos hasta entonces a lo personal, como el misticismo o la homosexualidad, ocuparan un espacio que hizo que sintiéramos común a todos”.
“Es innegable la importancia de los beatniks en mi generación, y entre ellos, la de Ginsberg, por su posicionamiento y activismo en causas que aún hoy resuenan en la sociedad global -dice la escritora Liliana Ponce a LA NACION-. En lo personal, al interiorizarme en la influencia del pensamiento y las religiones orientales en la cultura occidental, me enconré con el ejemplo de Ginsberg y sus experiencias y textos, que son más que elocuentes en este sentido. Ya en los años 60 fue parte del grupo beat que viajó a Japón, donde conocería al extraodinario poeta japonés Nanao Sakaki, tan afín a sus proyectos contestatarios. Poco tiempo después, acompañado por Peter Orlovsky, realizó un viaje a la India, una estadía de un año en Benarés y Calcuta, que registró en sus Diarios indios, extraordinario relato de las más variadas vivencias y observaciones. Y su contacto con la música de la India influyó notablemente en el aspecto sonoro de su poesía y lecturas públicas, tal como dijo en algún reportaje. Por último, y como elección definitiva, en los 70 Ginsberg estudió budismo en el entonces Instituto Naropa, de Colorado, y pronto tomó los votos formales del budismo. Naropa fue un espacio fundamental para la actividad docente de Ginsberg que daba allí como invitado, donde combinaba el campo de la poesía con el pensamiento pacifista y la espiritualidad”.
“Ya cien años del nacimiento de un poeta que fue haciendo espacio a nuestra poesía, a los poemas autobiográficos, como ese Kaddish a su madre; a las lecturas como performances -reflexiona la escritora Susana Szwarc-. Provocaba. Aún nos provoca, aunque no nos animemos a escucharlo del todo. Amaba la música, el jazz especialmente, que entraba en su modo de escribir. Amaba a sus amigos: Jack Kerouac, William S. Burroughs, entre otros. Acusado de obsceno fue, sin dejar de escribir, abriendo paso a la llamada libertad de expresión. Y, sin embargo, ¿hoy sería nuevamente censurado o ya lo es? Se opondría a las guerras, como entonces. Allen Ginsberg vería la repetición (¿con variaciones?) de su tiempo. Su Aullido insiste hasta aquí“.
Una energía intensa y rítmica
Para el editor, traductor y escritor Juan Arabia, “sin Ginsberg, el aparato contracultural de la generación beat no hubiera sido tan efectivo”. Con Jack Kerouac y Neal Cassady, Ginsberg fue uno de los “tres mosqueteros beatnik”.
“Sabía cómo comunicarse con todo el mundo y transmitir con precisión el mensaje de esa generación: desde artistas y transeúntes marginales y desconocidos hasta los grandes poetas de su tiempo, como Ezra Pound y William Carlos Williams; y otras figuras más mediáticas, como Bob Dylan, Lennon y McCartney -agrega-. Poco se sabe, pero posiblemente sin él no hubiera existido On the Road [En el camino], la novela más importante de la literatura beat. Ginsberg no solo fue amigo de Kerouac, sino que actuó además como su agente literario y editor. Y lo mismo hizo con muchos otros escritores y poetas, como William Burroughs, Gregory Corso, Diane di Prima, Elise Cowen y Gary Snyder”.
En su rol de activista político, “no tenía reparos en atacar públicamente a la CIA, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Corte Suprema”. Acaso por este motivo, el crítico literario estadounidense Harold Bloom lo definió como un “rebelde profesional”. Pero Ginsberg era mucho más que un agitador.
“Sus aportes literarios se dan en sus mejores libros de poesía: Aullido, Kaddish y Siesta en Xbalba -concluye Arabia-. Al igual que Williams, Ginsberg estaba obsesionado con ampliar y contraer la poesía según el habla real, que debía ‘reflejar el fluir de la vida moderna’. El mejor ejercicio para capturar ese aporte, y que mayor impacto tuvo en el público, es escucharlo recitar sus propios poemas. Los interpretaba con una energía intensa y rítmica que recordaba a un canto religioso o a un solo de jazz en directo, cambiando para siempre la forma en que se interpreta la poesía moderna”. En la página web The Allen Ginsberg Project se encuentran videos y audios de Ginsberg recitando poemas.

En 2025, con traducción de Andrés Neuman, la editorial La Bella Varsovia publicó una edición bilingüe de Balada de los esqueletos, lanzado por primera vez en 1995, poco antes de la muerte del poeta. En 1996, Ginsberg visitó a Paul McCartney en su casa en Inglaterra, recitó el poema (inspirado en la festividad mexicana del Día de los Muertos) delante de sus hijas y mencionó que tenía una lectura en el Royal Albert Hall de Londres. McCartney no dudó en acompañarlo como guitarrista. La grabación de ese encuentro fue producida por Philip Glass y Lenny Kaye.
El escritor y traductor Esteban Moore, que conoció a Ginsberg, tradujo varios de sus poemas al español. “Aullido, según su propio autor, fue construido como una letrina de ladrillos, parte por parte, dentro de una estructura rítmica que se desarrolla y crece continuamente en sí misma -explica-. [...] Un ritmo que es modelado a partir de su propio aliento, lo que produce la liberación de la respiración de la poesía norteamericana. Ginsberg leyó incansablemente la obra de Pound y en particular Los Cantos, que para él se sostienen a través del ritmo, del contrapunto logrado cuando la frase verbal enfrenta su propio eco. Su intento de reconstruir sobre la página los sonidos de la mente como una forma de detener el tiempo es indicativo de la importancia que para él representaba este elemento constitutivo del poema que Pound, en su ‘Tratado sobre métrica’, compara con las formas, como pueden ser ‘la quilla de un barco o el motor de un automóvil’, antes de declarar: ‘El ritmo es una forma del tiempo. Pero quizás la influencia más grande que podemos percibir en el autor de La caída de América y Wichita Vortex Sutra es la de su maestro William Carlos Williams quien también dedicó su vida a la creación de una lengua vernácula, vivaz y espontánea”.
Ginsberg murió el 5 de abril de 1997 a los 70 años, en su departamento del East Village, en Manhattan, Nueva York, a causa de un cáncer de hígado.
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