John Alderdice: "Los derechos humanos son una bandera liberal"

Opina el psiquiatra y político irlandés
Jorge Elías
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28 de septiembre de 2005  

Como presidente de la Internacional Liberal, lord John Alderdice sabe que tiene pares de otras tendencias. Es decir, foros que agrupan a partidos conservadores y socialistas, entre otros. “Nunca supe de la existencia de una internacional populista”, repone, irónico. De ahí que no conciba que algunos gobiernos (latinoamericanos, en su mayoría) actúen por “los sentimientos de la gente, no por una agenda política”. ¿El resultado? “De la promesa a la frustración hay un paso”, recita.

Alderdice, miembro del Alliance Party (Partido Alianza), de Irlanda del Norte, representa al este de Belfast en la Cámara de los Lores, en la cual forma parte de la bancada de los liberales democráticos.

Ha invertido buena parte de su carrera en el proceso de paz y reconciliación con el IRA. Sus esfuerzos fueron distinguidos con el premio Harriman del Nacional Democratic Institute (Instituto Nacional Demócrata), de Washington DC, el mismo que recibieron el ex presidente norteamericano Bill Clinton y otros líderes políticos.

“Lo que el presidente venezolano, Hugo Chávez, llama neoliberalismo no es liberalismo –dice durante una entrevista con LA NACION Alderdice, médico psiquiatra nacido en Irlanda del Norte–. En América latina no hubo una agenda liberal. La agenda aplicada no contempló la defensa del medio ambiente ni creó mejores condiciones de vida para la gente. Chávez generaliza y hace creer a la gente que eso fue liberalismo."

En su primera visita a la Argentina y Brasil, organizada por la Fundación Friedrich Naumann, de Alemania, Alderdice procura no emitir juicios sobre el gobierno de Néstor Kirchner ("Eso es para los argentinos, no para los extranjeros", se excusa), pero confiesa: "La principal razón de mi presencia en el país ha sido dar algún apoyo a Ricardo López Murphy y estrechar vínculos entre los liberales de aquí y de otras partes del mundo".

-¿López Murphy sí es liberal?

-Sí, tenemos conversaciones frecuentes sobre estos asuntos. Estoy convencido de que defiende nuestros principios. Muchas veces la gente se describe a sí misma como liberal, pero no forma parte, necesariamente, de la Internacional Liberal.

-En la Argentina, así como en toda América latina, muchas veces se confunden los liberales con los conservadores.

-Eso me preocupa. En América latina no son bien entendidos los liberales. En especial, algunos de los valores liberales. El liberalismo compete a la gente común. Tiene que ver con sus vidas y con el desarrollo. A veces, el mensaje de los liberales no parece conveniente. Por ejemplo: nosotros hablamos de libre comercio y la gente piensa en grandes negocios. La idea es que la gente común pueda hacer negocios en compañías pequeñas, no fomentar las grandes corporaciones internacionales.

-Tanto se habló de libre comercio en los años 90 que se confundieron los términos.

-Exacto. La gente vio el libre comercio sólo en términos de privatizaciones de grandes compañías y, en verdad, si bien son importantes las grandes compañías, pueden formar carteles o monopolios que perjudiquen el libre comercio. En Europa, las grandes compañías ponen barreras al libre comercio. Nuestra intención es darle libertad a la mayoría de la gente. Si esa gente no tiene educación, no puede competir en el mercado libre. La educación, entonces, es la base del liberalismo. Hay quienes dicen que si uno no tiene dinero no puede tener educación. Es falso. La educación es la mejor inversión en el país.

-¿De qué valen instituciones concebidas sobre la base de constituciones nacionales de corte liberal si los presupuestos no contemplan ese ítem, precisamente?

-Si uno lee la Constitución de la Unión Soviética, verá que era muy liberal, pero no podríamos decir que ese grupo de naciones era liberal. Si tenemos libertad para viajar, para hacer negocios, alguno tendrá que ver que la educación y la salud son más importantes que las regulaciones para cuidar el medio ambiente y protegernos de los monopolios. La gente tiene derecho a creer en ello.

-¿En qué piensa usted que cree el gobierno argentino?

-No tengo una opinión particular sobre su agenda política. Como liberal, yo abogo por los derechos de todos los partidos. Lo que es importante es la transparencia y que la gente confíe en las instituciones del Estado. Son los argentinos los que deben decir si los principios son equivocados o no.

-En el exterior, muchos dicen que no entienden el rumbo de Kirchner.

-En diferentes partes del mundo, sobre todo en América latina, hay gobiernos populistas que tienen la tendencia de prometer a la gente lo que quiere, pero no están en condiciones de cumplirlo. Chocan con la realidad. Eso pasa en Francia, en donde el gobierno ha sido un gran empleador que garantiza beneficios.

-En su primer período, Tony Blair también prometía mucho.

-Absolutamente. El gobierno británico ha prometido cosas que no estaba en condiciones de cumplir. Y hoy mucha gente en el Reino Unido se ha vuelto escéptica por ello y critica la política exterior.

-¿Qué condiciones debe reunir un gobierno para ser liberal?

-En los Estados Unidos, cuando alguien dice que es liberal no faltan quienes piensen que es comunista. La primera condición es la libertad. Es la oportunidad de la gente de controlar sus vidas y sus negocios. No hay posibilidad de hacerlo si no están resueltos aspectos tan importantes como la educación y la salud. Un liberal está muy comprometido con los derechos humanos.

-En América latina, esa bandera fue más de la izquierda que de los liberales.

-Si uno mira el resto del mundo, advertirá que los liberales son los más perseguidos por las dictaduras militares. Ser liberal es estar en la izquierda sin ser socialista. Los derechos humanos son una bandera liberal desde el momento en que una persona se siente libre si sus derechos son protegidos. La palabra "liberal" tiene que ver con la dignidad de todos los seres humanos. El pensamiento liberal no está sólo en los papeles, sino en la pasión de la gente por construir una sociedad mejor. No me sorprende que en América latina pase eso, sobre todo, porque no se entiende qué es el liberalismo.

-¿Es liberal el Partido Demócrata de los Estados Unidos?

-No particularmente. La relación con los Estados Unidos es difícil, porque hay algunos valores que compartimos. Yo estuve trabajando con el presidente Clinton en el proceso de paz de Irlanda de Norte y en otros procesos, como el de Medio Oriente. Clinton tiene una gran sensibilidad para entender a las comunidades divididas. Después de muchos años de luchar contra el terrorismo con medidas de seguridad, hemos llegado a la conclusión de que se trata de un tópico político.

-¿Qué lecciones dejó ese proceso frente al desafío aún mayor que plantea el terrorismo de origen islámico?

-Que tenemos que dar seguridad a la gente, pero también debemos entender cuál es el problema. No es una cuestión económica. Puede usarse como excusa.

-¿Excusa para integrar esos grupos?

-Exacto. Hay algo que no funciona si los jóvenes tratan con ese tipo de gente. Cuando estuve trabajando en eso, muchos me dijeron que no se sentían respetados. Comencé a descubrir que el factor común de la violencia no es la economía, sino la falta de respeto, de dignidad. Eso pasa con los islámicos. El punto es que la dignidad y el respeto son la forma de negociar con ese tipo de violencia.

-Es la queja de los palestinos.

-Cuando uno pasa los puestos fronterizos en Israel, no necesita ser pobre para sentirse enfadado con el trato. Esa gente se siente humillada y eso la enfada. No se trata de si tienen dinero o no, sino de cómo se sienten. Como liberal me preocupo por la psicología de la gente o porque, precisamente, el respeto al individuo hace a su dignidad.

-¿El Che Guevara tiene más simpatizantes que Adam Smith?

-Algo de eso hay. Si veo que hago poner tan rabiosa a la gente, debo saber cuáles son los motivos. Y trabajar con ellos. Hay que persuadir con respeto a las instituciones. Después podremos discutir y no coincidir. Es posible hacerlo desde la política. Nunca habrá acuerdo entre todos, pero es una forma.

-La política de George W. Bush tampoco es pasión de multitudes...

-Bush no es un liberal. No estoy contento con lo que pasó en Afganistán. Teníamos un problema con Al-Qaeda y el régimen talibán. Pero en Irak, la estrategia fue equivocada. Los liberales democráticos en el Reino Unido no queríamos a Saddam Hussein y queríamos una democracia en Irak, así como en Medio Oriente, pero bombardear no fue lo mejor. Y eso va cada vez peor. Fuimos los únicos en oponernos a la guerra.

-Toda guerra responde a una apelación a los sentimientos de la gente, no a una agenda política.

-En el Reino Unido hay tres cosas que nos han hecho fuertes a los liberales democráticos: primero, hicimos entender a la gente que nuestra agenda tiene propuestas prácticas sobre el ejercicio de la libertad; segundo, hemos demostrado que estamos interesados en la gente común y que queremos mejores servicios; tercero, unimos a las fuerzas liberales porque terminamos entendiendo que no podíamos seguir divididos. En la Argentina también deberían estar juntos,

-¿Por qué no usan el nombre Partido Liberal, en lugar de Partido Alianza, liberales democráticos u otros de fantasía, como Recrear?

-Las elecciones son una oportunidad para pensar en la política, no en los políticos. Creo que en América latina la gente piensa más en los políticos que en la política.

-Después de los atentados en los Estados Unidos, España y el Reino Unido, así como en otros países, supongo que las restricciones a las libertades representan un gran desafío para ustedes.

-Seguro. Yo crecí en Irlanda del Norte, donde durante cuarenta años tuvimos terrorismo. Hay algunas medidas que pueden ayudar y otras que no. Si son claras para todos, serán efectivas contra el terrorismo. Pero hay un montón de medidas tontas. Lo inconveniente, por ejemplo, es la necesidad de llevar documentos de identidad. Los terroristas del 11 de septiembre y del 7 de julio llevaban documentos de identidad. En los setenta, en Irlanda del Norte, el gobierno británico ordenó detenciones ejecutivas. La situación no era tan mala hasta entonces. Cuando veo a la gente presa en Guantánamo noto que no hemos aprendido mucho, porque estamos dando un argumento para reclutar más terroristas. Eso es inconveniente.

-¿Está en contra de las leyes antiterroristas del gobierno de Blair?

-No estoy en contra de todos sus principios, pero no estoy de acuerdo con algunas que no respetan los derechos humanos.

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