John Steinbeck, la voz de los oprimidos
El autor de Las uvas de la ira denunció en sus cuentos y novelas las injusticias que sufrían los trabajadores de los Estados Unidos y el espejismo del "sueño americano"
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Cuando John Steinbeck describe en sus obras las míseras condiciones de vida de los trabajadores de los Estados Unidos durante la década de los treinta, lo hace con el crédito que le proporciona haber trabajado con sus manos durante la época de la Depresión norteamericana. Algunos de los oficios que se le conocen son: marinero, campesino, carpintero, mozo de rancho, cargador de muelle, vigilante de un club nocturno... Un abultado bagaje que lo dotó de la experiencia suficiente para denunciar sin tapujos la injusticia a la que estaban sometidos millones de seres que trabajaban en condiciones inhumanas. La América rica y opulenta esclavizaba a la América pobre. Los bancos y las grandes compañías, buscando la rentabilidad por encima de todo, actuaban sin escrúpulos con los más desfavorecidos, expulsándolos de las tierras que cultivaban o utilizándolos para sus intereses mercantilistas.
La época enmarcada entre la Depresión de 1929 y el estallido de la Segunda Guerra Mundial es el período más fértil de Steinbeck. Durante esta década produce algunas de sus mejores y más famosas narraciones, cimentadas en la denuncia social y en su toma de partido por los oprimidos: Tortilla flat (1935), En dudoso combate (1936), De ratones y de hombres (1937), El pony rojo (1937), The long valley (1938). Son escritos que rezuman el sentimiento ético y la indignación del autor y que culminarían en Las uvas de la ira (1939). La publicación de esta última novela se vio envuelta de revuelos protagonizados por iracundos ciudadanos norteamericanos que no compartían la visión de América que ofrecía Steinbeck y que organizaron hogueras donde arrojaron algunos ejemplares de la obra. La mecha se apagó y aquel mismo año de 1939 le fue concedido el Premio Pulitzer. Esta primera etapa literaria de Steinbeck, caracterizada por la denuncia social, es la que le valdrá el Premio Nobel.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Steinbeck se dedicó a oficiar como periodista para la Oficina de Información de la Guerra y su, hasta entonces, postura crítica con el sistema, se vio claramente suavizada. A esta época pertenece La luna se ha puesto (1942), una novela corta de talante antifascista. Literariamente también se inclina hacia novelas de corte más tradicional, como Al este del paraíso (1952), que Elia Kazan llevó al cine y que popularizó a James Dean. Pero, a la vez, sigue produciendo novelas cortas, más innovadoras, como La perla (1942), que narra poéticamente el drama de los buscadores de perlas y la estafa sistemática producida por los traficantes.
Parte de la crítica considera a Steinbeck mejor cuentista que novelista; sin embargo, la dimensión ética de sus obras es la que pasará, sin duda, a la posteridad.
"La tortuga caminaba taciturna siempre hacia el oeste". Esta frase resume el capítulo tercero de Las uvas de la ira . La representación poética y alegórica de la tortuga sintetiza espléndidamente la novela más conocida de Steinbeck. Al igual que la tortuga, la familia Joad decide dejar las plantaciones de algodón que cultivan en Oklahoma y emprender un largo y angustioso camino hacia el oeste. La determinación y la constancia de los Joad son comparables a la perseverancia de la tortuga.
La novela es una crónica del recorrido a través de la ruta 66, desde las tierras de Oklahoma hasta California, en busca de unas mejores condiciones de vida. Pero la idílica tierra de promisión de los Joad no es tal, y pronto se darán cuenta de que el viaje prometido no los conducirá al soñado bienestar, sino a trabajar como jornaleros. La América opulenta, de la que disfrutan unos pocos, esclaviza a la otra América pauperizada. Pero los pobres de Steinbeck no son negros, ni latinos, sino rigurosamente americanos, blancos pobres en busca de un futuro mejor. Steinbeck presenta sin rodeos la cruda realidad y consigue que el sueño americano se transforme en una mera utopía.
Este peregrinaje por la ruta 66 es algo más que mero nomadismo: el camino hacia California es también un recorrido interior. Un itinerario que los personajes han de recorrer en busca de sí mismos, escudriñando su trayectoria personal. El desengaño y la desilusión provocan desenlaces particulares para cada uno de ellos y la familia Joad irá paulatinamente desintegrándose. Todo un clásico que John Ford llevó al cine con éxito en 1940.





