
La Argentina perdida
VIDA Y MUERTE DE LA REPÚBLICA VERDADERA (1910-1930) Por Tulio Halperín Donghi-Ariel- 672 páginas-($39)
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Tulio Halperín Donghi ha vuelto a su cátedra. Se ocupa en este caso de recrear, a través de la mirada crítica de sus contemporáneos, el ambiente intelectual que acompañó las primeras presidencias radicales. El libro es el volumen cuarto de la serie Biblioteca del Pensamiento Argentino que él mismo dirige, una colección que aborda las distintas etapas de nuestra historia a partir de selecciones de textos de contemporáneos -intelectuales, políticos, literatos, publicistas- precedidos y comentados en un extenso estudio preliminar a cargo de los coordinadores de cada volumen (la colección ya contó con las colaboraciones de José Carlos Chiaramonte, Natalio Botana y Ezequiel Gallo, además de una del mismo Halperín).
En este tomo cuarto, Halperín indaga el período que va del Centenario a la crisis de 1930, esto es, desde la crisis del orden conservador que posibilitó la transición de la alberdiana "República posible" a la "República verdadera", en 1916, hasta el fin de la experiencia democrática con el golpe militar que derrocó a Hipólito Yrigoyen en 1930. Una multiplicidad de textos -tantos que llevaron al autor a desdoblar el volumen inicialmente proyectado para cubrir el período 1910-1945- permite a Halperín reconstruir ese clima de ideas, desde las primeras voces que, en el seno del conservadurismo, proyectaron y dieron vida a la República verdadera -como las de Roque Sáenz Peña, Rodolfo Rivarola o Lisandro de la Torre- hasta aquellas otras que -como las de Leopoldo Lugones, Ernesto Palacio o los hermanos Irazusta- la hirieron de muerte.
Entre uno y otro momento, Halperín se detiene en los diversos temas que fueron concitando la atención de la opinión pública letrada, siempre a través de la palabra de los protagonistas. Así, examina la perplejidad de los intelectuales frente a la revolución rusa en escritos de José Ingenieros, Federico Pinedo y Alfredo Palacios, entre otros; analiza el reformismo universitario en las voces de Deodoro Roca o Pedro Henríquez Ureña; evalúa las diferentes reacciones frente a la cuestión social y el movimiento obrero a través de posturas bien disímiles como las de Manuel Carlés y Juan B. Justo; indaga los dilemas que planteaba la economía con Raúl Prebisch y Alejandro Bunge; reproduce la opinión de la Iglesia en Miguel de Andrea y Gustavo Franceschi; y observa el avance del militarismo en textos de Enrique Mosconi y Agustín P. Justo. Debates todos que estuvieron, según el autor, atravesados por dos encrucijadas fundamentales de esos años. Por un lado, la Primera Guerra Mundial, que parecía poner en crisis toda una época a la vez que instalaba la irracionalidad en el seno mismo de ese mundo europeo al que muchos intelectuales tomaban como ejemplo. Por otro lado, la apertura electoral, que planteaba un desafío muy concreto "a quienes no renunciaban a seguir pensando en la Argentina": realizado el proyecto alberdiano, los intelectuales del Centenario ya no podían aspirar a ser artífices de un país idealmente proyectado -como lo habían hecho sus antecesores de la generación de 1837- sino que debían contentarse con ser testigos críticos de la vida nacional.
Halperín refina en este texto la agudísima mirada crítica a los padres fundadores de nuestra nacionalidad que desplegó en Proyecto y construcción de una nación . También ha consolidado algunos rasgos inconfundibles de su estilo. En particular, ése que, quizá por miedo a perder la unidad de su pensamiento en un confuso delta de oraciones distintas, le hace concentrar en una sola frase toda la complejidad de su flujo de ideas. Este rasgo, sumado a una erudición pocas veces vista en nuestra historiografía, obliga a los lectores más atentos y especializados a releer algunos párrafos para asegurarse de haber comprendido todos los recodos de un concepto, con la misma eficacia con que seguramente obliga a muchos otros, no especializados, a abstenerse de acometer la empresa.
Quienes están habituados a saciar su curiosidad histórica con el enorme surtido de biografías y novelas que hay en el mercado tal vez descubran en este estudio preliminar los límites de su afición a la disciplina. Pero, en tal caso, todavía les quedan cuatrocientas páginas de textos cuidadosamente seleccionadas por Halperín que, en sí mismas, constituyen una afinada partitura de esos años, que las distintas clases de lectores podrán ejecutar según sean su habilidad e interés.
Toda selección de textos es, en el fondo, una gran arbitrariedad, por medio de la cual sólo se nos deja ver pequeños fragmentos de un paisaje que es infinitamente más rico, variado y completo. Y sin embargo, es esa visión fragmentada (y nada más que eso) la que se obtiene cada vez que se lee un libro de historia, ya que seleccionar textos e interpretarlos es la operación corriente del historiador. La conjunción de un extenso estudio preliminar con un surtido aún más extenso de escritos de contemporáneos no puede ser más conveniente. Por un lado, porque provee a los lectores de una variedad de textos de la época que difícilmente puedan hallar por sí mismos. Pero, además, porque ofrece todo un libro de historia del período -algunos de los estudios preliminares de la colección circulan también en forma de libros independientes- que tiene la ventaja adicional de exhibir en detalle los documentos sobre los cuales construye sus argumentaciones.
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