La cultura consiguió sobrevivir a la crisis
Fue un buen año en libros, cine y discos
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Para la cultura nacional, 2002 fue un año de paradojas que, probablemente, quedará registrado en la historia como "el de la resistencia cultural", en medio de una crisis sin precedente en todos los escenarios.
En síntesis: este 2002 en retirada fue el año en el que la cultura sobrevivió a la crisis.
El país dejó de lado los lujos de otros años en materia cultural. La importación de libros y discos, así como la venta, cayeron más del 50 por ciento. Pero la Argentina se convirtió en territorio propicio para la producción y la exportación hacia el mercado regional, por causa de la devaluación.
Esta fue una de las paradojas más significativas: el precio del dólar achicó la oferta internacional y, en principio, pareció distanciar a la Argentina del mundo. Pero, a su vez, el país estuvo en la mira de las industrias culturales del exterior, al volverse atractivo y accesible por los bajos costos de producción en el nivel del cine comercial, en la impresión y edición de libros y discos y en la exportación de contenidos televisivos.
La industria editorial vendió menos, pero facturó más. Hubo menos invitados extranjeros, pero creció el interés por los artistas locales y hubo un renacimiento de valores y temáticas nacionales en el arte, el espectáculo, la literatura, la música y la danza. El tango fue, como nunca, una de las marcas en el mundo.
Los datos que moldearon el perfil cultural a lo largo de los meses estuvieron presentes desde el principio: el sector privado no se arredró ante la crisis. Pero las políticas oficiales no brillaron ni en el orden nacional ni en el de la ciudad de Buenos Aires, uno de los distritos con mayor presupuesto para invertir en cultura.
El Estado fue el gran ausente en el diseño de políticas culturales estratégicas, de cara a la crisis, justo en un año en que creció la oferta en nuevos centros culturales dependientes de la gestión privada, como el Konex, el Borges o Artilaria, en gran parte de acceso gratuito para el público.
Los datos dramáticos de la realidad social fueron reflejados en el arte. Y el arte se conectó con el concepto de solidaridad.
Contra viento y marea
El año comenzó lento para la política cultural estatal: el gobierno de Eduardo Duhalde decidió sólo a fines de enero el nombre del actor Rubén Stella al frente de la Secretaría de Cultura de la Nación, mientras el mundo de la cultura reclamaba a viva voz por el deterioro del sector como consecuencia de la acefalía.
Stella fue eje de tres controversias de repercusión: las que sostuvo con la presidenta del Fondo Nacional de las Artes, Amalia Lacroze de Fortabat; con la ex presidenta de la Comisión Nacional de Monumentos y Lugares Históricos Liliana Barela, y el ex subsecretario Rodrigo Cañete.
En el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires el secretario de Cultura, Jorge Telerman, tuvo que redefinir contrarreloj las iniciativas de su gestión para adecuarse a la crisis. Y con el cinturón más ajustado, fue notoria la diferencia entre la oferta de 2001 y la de este año.
Hubo una producción cultural sin precedente, muchas veces artesanal o amateur, pero no por ello menos significativa. Los programas culturales en los barrios, que estuvieron a punto de zozobrar por falta de respaldo, se revitalizaron de cara a un futuro incierto. Este fue también el año en que las bibliotecas populares sacaron pecho a la crisis, reconvirtiéndose en centros culturales y sociales.
Los remates de obras de arte bajaron sus precios en dólares entre un 40% y un 70% y descollaron, en público, las muestras de Lasar Segall, en el Malba; Víctor Chab; Raúl Soldi y Antonio Berni, en el Palais de Glace y también en el Centro Recoleta; Rembrandt; Borges y la II Bienal Internacional de Arte, en el Museo Nacional de Bellas Artes; Rómulo Maccio, en el Centro Cultural Borges, y el inolvidable Tato Bores, en Recoleta, entre otras. Los museos Fernández Blanco y de Arte Decorativo abundaron en programas culturales.
La Feria del Libro abrió con la entrañable visita de un gran amigo de los argentinos: Joan Manuel Serrat, que regresará a Buenos Aires en dos semanas. Y cerró con una estrella del firmamento literario: Paul Auster. Tomás Eloy Martínez, ganador del Premio Alfaguara 2002, fue el autor más vendido de la muestra. Contra todos los pronósticos agoreros, se realizó la Feria del Libro Infantil, que estuvo a punto de naufragar.
La cultura conoció las palabras "outlet" y "trueque", con la aplicación exitosa de tales iniciativas a la comercialización de libros, discos y productos culturales.
Gabriel García Márquez volvió a convertirse en boom literario. En sólo 24 horas su libro "Vivir para contarla" se convirtió en best seller. Y otro premio Nobel de Literatura, José Saramago, eligió a América latina para el debut de su reciente "El hombre duplicado".
El eximio Daniel Barenboim fue el argentino más nombrado en el mundo, al obtener el Premio Príncipe de Asturias, en el año en que fallecieron dos notables de la literatura española: Camilo José Cela y el poeta José Hierro. Un sobreviviente del Holocausto, Imre Kertész, obtuvo el Premio Nobel de Literatura.
Los museos tuvieron su congreso con récord de asistentes. Con Nelly Arrieta de Blaquier y Susana de Bary como timoneles se realizó el XI Congreso de la Federación Mundial de Amigos de Museos, con destacadas visitas del exterior. En el cincuentenario de su muerte, Eva Duarte de Perón tuvo su museo.
Fue también el año del afianzamiento del turismo cultural y las grandes cadenas de librerías se llenaron de extranjeros.
En el mercado de los medios, las noticias arreciaron todo el año. El escenario se modificó sustancialmente con la llegada del empresario Daniel Hadad a Canal 9 a mediados de año y la fusión entre los grupos comandados por Carlos Avila y Daniel Vila-José Luis Manzano, en América. Ambos canales libraron una pelea feroz por el rating. Y el Comfer apuró la aprobación de un nuevo régimen de sanciones contra la TV.
Por primera vez los oyentes de una radio protagonizaron un fenómeno inédito en la comunicación: con el cierre de FM Milenium inundaron la Web con más de 38 mil mensajes de adhesión a la radio. Se acentuaron, desde distintas academias y entidades defensoras de la TV, las críticas contra la televisión basura, en un mercado cuya caída publicitaria superó el 50%.
El cine argentino cosechó premios y público en el exterior, pese a que la producción disminuyó y decenas de actores emigraron.
Con palabras del escritor Mempo Giardinelli, 2002 fue el año en que la cultura fue capaz de sostener las vigas del techo, en medio de todos los derrumbes.




