
La dicha y sus peligros
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SE suele pensar que la dicha, en sí misma, es un estado parecido a la perfección. Por eso, cuando alguien habla de Los peligros de la dicha , la cosa se vuelve inquietante. Y ése es el título con que Rodolfo Rabanal ha bautizado su último libro de cuentos.
-Es el título de uno de los cuentos. Ocurre que la gente se entrega a la dicha como si no hubiera ninguna posibilidad de que se terminara alguna vez. Esa confianza tan juvenil y espléndida es un poco tramposa y el cuento desnuda la fragilidad de una pareja que hasta ese momento había sido formalmente dichosa.
-¿Hay una dicha formal?
-Sí. La gente se conforma a ciertos tonos que son universalmente aceptados como bienestar, "nos queremos y eso es suficiente". ¿Qué es eso? Y entonces la literatura sirve para ir un poco más allá, no es un servicio utilitario, pero sirve para, ¿cómo explicarlo?
-Para los servicios del alma. Creo que en tus cuentos la gente siempre está al borde de algo, pero hay como una imposibilidad de llegar.
-A mí el cuento, o mejor, la historia breve, me permite explorar las distintas formas del azar, buscar algo más allá de lo habitual que cambia todo el destino del personaje y, luego, reflexionar sobre lo no gobernable de los designios. Uno cree que busca una manzana y encuentra una naranja que era en el fondo lo que quería. El dibujo de los personajes responde a esta vacilación del objetivo, no de los propósitos, en los que tampoco se debe confiar, porque son traicionados por los hallazgos últimos. Esto es lo que a mí me interesa, la sorpresa permanente del deseo.
-¿Por qué tus personajes van siempre en pareja, un hombre y una mujer?
-Son cuentos sobre parejas que aparentan ser felices y que también pueden serlo. "El infinito es el número dos", dice un personaje y la pareja parece sostener y darle razón al mundo.
-"Con el número dos nace la pena."
-Exacto. No me lo propuse, pero así salieron. Fueron cuentos que fui escribiendo mientras redactaba las novelas a lo largo del tiempo.
-¿Como descanso?
-Sí, pero ojo que el cuento exige una escritura muy cuidadosa. Una novela es como haber vivido un largo tiempo en un lugar; el cuento es haberse encontrado con un acontecimiento que te marcó en la brevedad de un momento.
-¿Por qué tus personajes viajan siempre?
-Porque a mí me gusta moverme. El viaje me estimula la imaginación. De tanto en tanto necesito salir, me gusta oír otras lenguas, sentir otros olores. Me hubiera gustado ser un escritor viajero, haber llevado diarios de viajes, tipo Chatwin. Ser un periodista que registra la realidad...
-En el fondo no es tan fascinante ser periodista, mejor ser escritor.
-Estamos de acuerdo. Hoy estoy muy cómodo con lo que hago en periodismo pero hubo una época en que trabajaba en redacciones, todos los días y eso me quitaba tiempo y energía intelectual.
-¿Cuántos libros has publicado?
-Con éste, once. Empecé a publicar a los treinta y cuatro años, en 1975, con El apartado . Y al poco tiempo de aparecer la novela, Horacio Armani me llamó con gran generosidad para invitarme a publicar en el Suplemento de La Nación , ése fue mi primer contacto con el diario.
-¿Qué te gusta más de Los peligros de la dicha ?
-Me encanta escribir cuentos. Poder hacerlo es ya un placer, con la obsesión que me lleva a la escritura, a gozar los pequeños detalles. Fijate que muchos cuentistas modernos no me gustan, por ejemplo Carver con el minimalismo. A mí me gusta encontrar soluciones narrativas, precisiones. Me gusta hablar de esas vidas de sacrificio y anonimato que en su pequeñez son heroicas.
-Resumiendo, el libro te satisface.
-Sí, porque me permitió encontrar formas literarias, bueno, yo las llamo soluciones.
-Estás bien ubicado en la vida ¿no?
-Cómo saberlo. Creo que sí, sin descartar los peligros de la dicha y de la desdicha. A veces, hay cosas que me hacen estar bien conmigo mismo. Por ejemplo, sentirme rodeado de un pequeño grupo de amigos y hablar de las cosas que nos interesan, de la literatura.
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