
La era digital y su nueva estética
EL LENGUAJE DE LOS NUEVOS MEDIOS DE COMUNICACION Por Lev Manovich-(Paidós)-Trad.: O. Fontrodona-432 páginas-($ 49)
1 minuto de lectura'
"¿Tiene sentido teorizar sobre el presente cuando está cambiando tan rápido?", se pregunta Lev Manovich en las primeras páginas de El lenguaje de los nuevos medios de comunicación. La imagen en la era digital , yendo directo al meollo de la cuestión: ¿cómo sistematizar el análisis de algo tan novedoso, mutante y por momentos inasible como las imágenes digitales? No en vano oriundo de la tierra de Sergei Eisenstein y Dziga Vertov, el autor encuentra en el cine la clave para responder afirmativamente a estos interrogantes. Aún más: si bien su obra se basa en un pormenorizado registro de los modos de expresión ligados con los avances en informática, el gran desafío es encontrar las bases para un nuevo lenguaje cinematográfico.
Significativamente, el autor inaugura el texto de la mano de los planteos de Dziga Vertov, figura emblemática de la vanguardia cinematográfica rusa de los años 20. Manovich confecciona un original prólogo en el que, como si de un montaje se tratara, determinados fotogramas de El hombre de la cámara (film realizado por Vertov en 1929) se combinan con extractos de capítulos de su propio libro. Un ensamblaje de imágenes y palabras que le permite adelantar -en algunos casos, de manera explícita; en otros, tácitamente- algunas de las ideas centrales de su trabajo. En especial una, y muy optimista: la sospecha de que los medios digitales brindarán la posibilidad de concretar la utopía del "hombre de la cámara" de Vertov: acceder al mundo con una mirada inédita, incisiva, sobrehumana.
¿Qué son, para este autor, los "nuevos medios"? Un punto de intersección entre dos desarrollos tecnológicos: el informático y el mediático. Es decir, todo lo que empezó a producirse a partir del momento en que la historia de la informática se encontró con la del almacenamiento de imágenes, sonido y textos por medio de placas fotográficas, películas y discos (Manovich se concentra en estos soportes y no en la difusión, dado que su análisis está restringido a los lenguajes mediáticos; por eso hace a un lado todo lo relacionado con la producción o la distribución).
Cuando toda la producción mediática pasó a traducirse en datos numéricos se abrieron las puertas de una nueva era. El resultado inmediato son los nuevos medios: gráficos, imágenes en movimiento, sonidos, formas, espacios y textos digitalizados; "conjuntos simples de datos informáticos" a los que se accede por computadora. ¿Por qué la digitalización resulta tan trascendente? Porque habilita modos absolutamente distintos de creación y manipulación de los materiales expresivos. "La representación numérica convierte los medios en datos informáticos y por lo tanto los vuelve programables. Esto cambia su naturaleza de manera radical", precisa Manovich y sistematiza los principios que los caracterizan (representación numérica, modularidad, automatización, variabilidad), las operaciones que permiten realizar (menús, filtros, composición, teleacción) y las formas que les son propias (base de datos, navegación).
Una de sus observaciones más atractivas es la correspondencia entre la lógica de lo digital y la lógica de la sociedad contemporánea. Así como los viejos medios acordaban con la producción en serie, la masividad y el predominio de lo visual en la pasada sociedad industrial de masas, los nuevos medios lo hacen con el culto al individualismo, la cultura "a la carta" (la libertad entendida como selección a partir de un número dado de opciones) y el imperio de lo táctil en el mundo posindustrial.
Otra cuestión es la de los lenguajes que este flamante universo mediático hace posibles. En este punto, Manovich vuelve a lo cinematográfico: "Los nuevos medios obedecen al orden semiológico dominante del siglo XX, que es el cine", postula. Por eso, pese a ser sustancialmente diferentes, incorporan elementos propios de lo fílmico: recursos como el zoom , cámaras virtuales, encuadre rectangular y montaje en el plano son moneda corriente en todos estos productos, desde los videojuegos hasta las páginas web, el net art o los mundos virtuales.
Ahora bien, ¿qué ocurrirá cuando los nuevos medios asuman plenamente sus particularidades? "Necesitamos algo a lo que se pueda llamar Infoestética ", reclama el teórico ruso. Un análisis teórico de la estética del acceso a la información, alejado de los criterios narrativos tradicionales, que permita pensar poéticas de la base de datos o de la navegación, por ejemplo (un primer paso quizás ya lo dio Manovich, al asociar en un capítulo el flâneur de Baudelaire con el navegante de Internet).
En esta búsqueda, el autor se sumerge en lo que sería una arqueología del nuevo universo mediático, ahondando en los mecanismos de reelaboración y apropiación de diversas tradiciones, formas y convenciones culturales. Así, descubre los hilos secretos que llevan de la linterna mágica y otros juguetes ópticos del siglo XIX a la "lógica de selección" imperante en el software informático actual o los que van del cine primitivo a la animación digital. Su obsesión son las continuidades, la interacción entre la repetición histórica y la innovación. "La historia cultural es como un río que no puede cambiar su curso de repente. Su movimiento es el de una lengüeta más que el de un conjunto de líneas rectas entre puntos", explica, en abierta oposición a las nociones que postulan rupturas epistemológicas o violentos cambios de paradigma de una era a la siguiente. "Al haber vivido el siglo XX, todos hemos aprendido demasiado bien el precio humano de romper con el pasado , construir desde cero , hacer algo nuevo y otras afirmaciones similares, ya tengan que ver con sistemas estéticos, morales o sociales", afirma este prudente admirador de las vanguardias engendradas por esa misma ajetreada centuria. Así plantea otras preguntas: ¿cómo convertir en expresión estética la distinción tecnológica propia de lo digital? ¿Cómo aplicarla a un nuevo tipo de narración social?
Manovich no es un teórico partidario de las "torres de marfil". Formado en teoría del cine, historia del arte y teoría literarias, trabajó en los nuevos medios como artista, diseñador, animador y programador. Conoce materialmente el objeto que está pensando. De allí la precisión de sus análisis técnicos y el modo en que los vincula con la estética, la crítica cultural, la historia y los estudios semiológicos. Es, además, un escritor amable: su texto, de indudable rigor teórico, se hace pródigo en pistas, hojas de ruta, señalizaciones didácticas en las que el autor se toma el trabajo de orientar al lector, señalarle en qué punto de la trama textual se encuentra y anticiparle lo que se viene. "Hemos abandonado la modernidad a favor de otra cosa", concluye. Y es ese espacio, que por su aguda contemporaneidad nos resulta imposible catalogar, el que presiente tan cargado de peligros como de esperanzadoras posibilidades.


