La hora de Tarsila

Un libro sobre la obra y la vida de la pintora Do Amaral exalta la belleza de sus coloridas imágenes.
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4 de octubre de 1998  

La hora de Tarsila

La pintora brasileña Tarsila do Amaral es una de las plásticas latinoamericanas cuya obra ha tenido más reconocimiento internacional. Seguramente el libro Tarsila do Amaral, con textos de Aracy Amaral, que acaba de aparecer, producido y editado por el Banco Velox, contribuirá a difundir la vida de la artista, así como la belleza de las imágenes surgidas de su paleta. La publicación de este volumen cobra un sentido muy especial porque se trata de un homenaje que el Banco Velox rinde a los 50 años del Museo de Arte Moderno de San Pablo. Por otra parte, el libro se suma a los ya editados ( Antonio Berni, Cándido López, Cándido Portinari y Pintura argentina), que integran el Proyecto Cultural Artistas del Mercosur.

Tarsila nació el 1º de septiembre de 1886 en Capivari. Pertenecía a una familia de ricos hacendados. Su padre, José Estanislau do Amaral era dueño de enormes cafetales. Tarsila cursó sus estudios primarios en un colegio de monjas y, en 1902, viajó a Europa, acompañada por sus padres. En Barcelona empezó a pintar. En 1912, se casó con André Teixeira Pinto y desde entonces, hizo la vida de una joven y convencional señora de clase alta: tuvo una hija, siguió estudiando piano y pintando, como una aficionada. Pero su interés por la plástica se fue acentuando y, luego de trabajar con diversos maestros, en 1917, levantó su propio estudio en la calle Vitória.

Después de la Primera Guerra Mundial, en 1920, Tarsila se instaló en París y tomó clases con Emile Renard. Lentamente las pinturas de Do Amaral fueron cambiado. De regreso a Brasil, entró en contacto con el grupo modernista. El escritor Oswald de Andrade se enamoró de ella. Los dos formaban una pareja deslumbrante. El se había comprado un Cadillac tan sólo porque le gustaban los ceniceros de esa marca de automóviles y, al volante del coche, ambos recorrían el país.

Durante una estada en París en 1923, Tarsila se convirtió en alumna de André Lhote. En una carta a sus familiares, Do Amaral decía que deseaba convertirse en la pintora por excelencia del Brasil. Quería ser, afirmaba, tan nacional como la caipirinha, pero en pintura. A pesar de que algunos la tildaban de cerebral por su formación vanguardista, la honda sensualidad de las obras de Do Amaral revela su carácter brasileño.

La primera exposición de Tarsila en París, en 1926, tuvo una enorme repercusión. Fue un año dorado para ella porque al fin pudo casarse con Oswald de Andrade. Aquél fue el comienzo de una carrera internacional que abriría las puertas de Europa no sólo a Tarsila, sino también a otros artistas e intelectuales del Brasil. Con el tiempo, Do Amaral se inclinaría políticamente hacia la izquierda y a su muerte, en 1973, se había convertido en una leyenda de la cultura latinoamericana.

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