La integración gana espacio en el aula

Tiende a crecer la rama de la docencia que atiende a chicos con discapacidades
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23 de junio de 2002  

Hay un mito que se debe desterrar al hablar de las personas que se interesan por los profesorados de educación especial en la Argentina: no sólo la vocación los mueve a dedicarse a esta rama de la docencia, sino también las buenas perspectivas laborales que existen.

Esto afirman la rectora del Instituto Superior de Profesorado en Educación Especial (ISPE), Norma Gil, y Susana Lommo, docente del Profesorado de Educación Especial del Instituto N° 9 de La Plata, pionero en la formación de maestros. Ambas aseguran que sus egresados consiguen empleo estable sin mucha dificultad porque cada vez hay más escuelas comunes empeñadas en la tarea de integración de chicos con alguna necesidad especial.

Los colegios de gestión privada bonaerenses integraban en 1992 a 192 alumnos ciegos, sordos o con algún retardo mental. Hoy, el número asciende a 1825. En la Capital Federal, 8297 alumnos con alguna necesidad especial concurren a escuelas de educación común, algo impensado unos años atrás.

Programas más estables

En la provincia de Buenos Aires existen más de 30 profesorados estatales y ocho privados. El más reconocido es el que dicta el Instituto N° 9 de La Plata.

En la ciudad de Buenos Aires se puede estudiar en el Instituto Superior de Profesorado de Educación Especial (oficial) y en el Instituto Saint Jean (privado). Este último, ubicado en Villa Urquiza, forma a los estudiantes para trabajar en el área de sordos e hipoacúsicos y discapacidad mental. El plan de estudios es de tres años y recibe chicos de 22 a 30 años.

En el ISPE, en cambio, la edad promedio oscila entre los 18 y los 22 años, algo que también ocurre en el Instituto N° 9 de La Plata. Para la profesora Lommo, de este último establecimiento, eso puede representar un inconveniente. "Cuando son tan jovencitas (la mayoría son mujeres), no tienen experiencia de grado y les faltan el dominio de grupo, el manejo de las emociones", dice.

Hay algo que es común en todos: la mayoría ya tiene un contacto directo con familiares o amigos que padecen alguna discapacidad y conocen la realidad de cerca.

Con el correr de los años, los planes de estudios se fueron actualizando. Entre los años 60 y 80 el enfoque era terapéutico; ahora es mucho más pedagógico. "Se veía al chico como un enfermo que debía ser rehabilitado; ahora se busca atender las necesidades educativas especiales de ese chico", explicó Lommo.

Y se hace más hincapié en la interacción social del alumno con una necesidad especial. "Se busca potenciar creativamente la capacidad del niño y no marcar sus limitaciones", aseguró.

Con este nuevo enfoque comenzó a desarrollarse en la Argentina el proceso de integración y normalización de chicos con necesidades especiales, y hoy se observa una aceptación muy amplia en la sociedad que favorece todo tipo de integración.

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