
La jequesa de Qatar, por primera vez en la Argentina: “En el arte no hay jerarquía”
Vino para celebrar los 25 años del Malba; Al Mayassa bint Hamad bin Khalifa Al Thani asegura que el intercambio cultural iniciado en 2025 “es solo el comienzo” del vínculo entre ambos países
16 minutos de lectura'


“Hoy voy a descubrir el teatro argentino. Es la primera vez que visito el país y tengo mucho que aprender: del cine, de la literatura, de la poesía”, dice a LA NACION en su suite de un hotel céntrico porteño la jequesa Al Mayassa bint Hamad bin Khalifa Al Thani. Responsible de Qatar Museums y fundadora de la iniciativa Años de Cultura, en la cual participó el año pasado la Argentina, la hermana del emir de Qatar vino ahora por primera vez al país para celebrar los 25 años del Malba.
Además de participar del Consejo de Honor de la gala realizada anoche, hoy habló sobre diplomacia cultural en el seminario internacional organizado por el museo. También visitó el Moderno, se reunió con el jefe de gobierno Jorge Macri y esta noche asistirá al Teatro Colón para ver Principio de Éxtasis, inspirada en El Aleph de Jorge Luis Borges.
“La cultura es una herramienta poderosa para unir a la gente: es una inversión, no un centro de costos”, dice al explicar que su país apeló a esa herramienta para revertir el “bullying” sufrido tras su nombramiento como sede de la Copa Mundial de Fútbol 2022. “Los seres humanos tenemos que aprender cómo hablar con los demás –agrega-, especialmente en este mundo digital”. Sin embargo, ante la consulta sobre las compras que se le atribuyen de pinturas de Paul Cézanne y Paul Gauguin por cientos de millones de dólares cada una, responde de forma contundente: “No hacemos comentarios sobre nuestras adquisiciones”.
“Estuve viajando mucho para anunciar la cuatrienal y la presentación de la nueva obra de Gerhard Richter –aclara esta profesional de 43 años-. Antes de venir aquí fui a Berlín, Brasil y Chile, todo en una semana. Mis hijos necesitan que vuelva a casa: tengo cuatro varones y una nena. Siempre intento hacer viajes cortos, para poder hacer ambas cosas: ser madre y trabajar”.
-¿Le gustó el Malba?
-Me encantaron el museo y la experiencia. Me hizo feliz ver que Frida Escobedo hará la nueva expansión de Malba. Porque estamos trabajando con ella en la nueva sede del Ministerio de Asuntos Exteriores. Fue un concurso, y Su Majestad la eligió. Muchas de las pinturas que vi ayer, las había visto en el Museo Nacional de Qatar. Porque Malba nos prestó muchas obras maestras para la muestra del año pasado. Fue maravilloso ver esa variedad de artistas latinoamericanos, de diferentes países del continente, mostrados en conjunto por un hombre que decidió centrarse en su cultura y sus artistas. Creo que es muy similar a lo que estamos haciendo nosotros. Nuestra prioridad es apoyar a los artistas árabes y darles una plataforma para mostrar su trabajo. En arte, diseño, fotografía, moda, cine. Es importante para nosotros apoyar las voces de los artistas locales y regionales, para que luego puedan ir a lo global.

-A la vez promueven un intercambio con otros países. Usted escribió un libro que se llama El poder de la cultura. ¿Cuál es ese poder?
-La cultura es una herramienta poderosa para unir a la gente. Cuando me fui a la universidad, quería ser la primera canciller de mi país. Quería ser diplomática, viajar a diferentes lugares del mundo, vivir en distintos lugares, aprender sobre diversas culturas y muchas lenguas.
-También estudió diferentes carreras.
-Estudié Ciencias Políticas y Literatura, con especialización en estudios comparados. Me gradué el 15 de mayo de 2005, y el 16 empecé a trabajar con mi padre. Trabajaba en su oficina y en el Ministerio de Relaciones exteriores, porque eso era lo que quería hacer. Pero hubo una transición en nuestro sistema cultural, y mi padre me dijo: “Tenés que resolver el problema del Museo del arte Islámico”. Unos meses después le dije: “Tu visión era tan grande que nadie la entiende”. No se puede transigir en la cultura porque es una inversión, no un centro de costos. Para mi padre la cultura era una inversión en los seres humanos: darles un sentido de orgullo, dignidad, integridad. Era importante para los jóvenes saber que pueden contribuir, que pueden participar en un nivel global con sus propias voces, sus propias historias, su propia cultura. Y no tienen que sacrificar quiénes son para ser reconocidos o valorados.

-¿Cuál fue el problema con el museo?
-Había un liderazgo y tenían que ser retirados. El líder anterior trabajaba muy cerca de mi padre. Entendía su visión y era un muy buen coleccionista para el país, tenía un gran ojo. Y cuando hubo una transición, la persona que vino después de él no tenía esa visión. Tenés que tener una visión, porque de otra manera sacrificás las cosas que necesitás. Así que mi padre me puso a cargo de resolver este problema. Le dije a mi padre: “Tenés una gran visión y quiero enfocarme en ello”. Porque era un mundo que no había estudiado. Tenía que aprender para poder ofrecer la visión nacional que él quería para la cultura. Así que dejé su oficina para enfocarme en los museos y la estrategia cultural. Ahora tenemos un programa de moda, de cine, fotografía, diseño. Y las instituciones culturales y centros creativas se han unido para crear un ecosistema creativo para la innovación. Hoy, todo el mundo quiere hacer arte en el país, en la región.
-¿Apela a la cultura como forma de diplomacia?
-El programa Años de Cultura que creamos fue resultado de que fuimos sede del Mundial de Fútbol. Cuando nos eligieron en el 2010, nos atacaron mucho como país porque éramos pequeños, éramos árabes y nadie pensaba que teníamos ese derecho. Mucha gente nos escribía, nos atacaba, nos hacía bullying, pero no nos conocía. Sabíamos que la única forma de que la gente pudiera entender a los demás era la diplomacia, el diálogo, la negociación, la diplomacia en todas sus formas. Así que creamos este programa en el cual intercambiamos con otros países cada año, para presentarles nuestro mundo, y el de ellos a nuestras comunidades. Concebimos la cultura como un estilo de vida. No sólo se trata de arte, de deportes, negocios, comercio, educación, empresas, tecnología. Podemos escribir la historia según cuáles son las prioridades de los países. Empezamos en 2012 con Japón, y seguimos con países que son sede el Mundial: en 2014 fue Brasil; en 2018, Rusia; en 2022, el mundo árabe, y este año, México y Canadá. Con los Estados Unidos no lo hicimos porque tenemos programas todo el tiempo. Siempre intentamos centrarnos en los países que están presentando el Mundial.

-¿Y qué pasa durante los años que no hay Mundial?
-Cuando no hay mundial, elegimos países que tengan sentido. Tenemos un gran proyecto, el Art Mill, un museo diseñado por el arquitecto chileno Alejandro Aravena. Y Messi había ganado la Copa del Mundo en Qatar. Así que sentimos que podíamos crear una historia entre Qatar, la Argentina y Chile, debido a la importancia de conectarnos con Latinoamérica y las comunidades que están aquí. No queremos que los países sean de los mismos continentes. El año pasado fueron Argentina y Chile; este año, México y Canadá, y el próximo año tendremos a Egipto y Grecia para conectarnos con Alejandro el Grande la civilización romana, y en el 2028 volveremos a Italia, debido al Pabellón Nacional que estamos construyendo en Venecia. Siempre intentamos hacer proyectos que hacen sentido, para unir a la gente y hacer una historia coherente.
-¿Cómo fue la experiencia con la Argentina?
-Realmente genial. No estaría aquí si no hubiera sido por eso. Y creo que muchos argentinos vinieron por primera vez el año pasado a ver la exhibición en Malba. También tuvimos un programa en la Patagonia para los ciclistas, que exploraron el país, y tenemos muchas compañías argentinas presentes en la exposición de comercio. Hoy tendré una reunión con la ministra de Cultura y el jefe de gobierno de Buenos Aires.

-¿Así que esta relación continuará?
-No se detiene. Siempre digo: es sólo el comienzo. En algunos países hacemos mucho porque nos conocemos muy bien. En otros países, nos estamos conociendo. Toma tiempo. Cuando el año termine, te da la oportunidad de encontrar otras cosas. Eduardo [Costantini], por ejemplo, estaba muy feliz y quiere hacer más cosas. Hoy también visitaré el Museo de Arte Moderno con Victoria Noorthoorn, que en nuestro Comité Científico para el Art Mill Museum y ha sido una gran colaboradora y amiga. Así que, para nosotros, la cultura es un modo de vida. Y creo que cuando algo empieza, no termina. Nos gusta trabajar en momentos de respeto mutuo, de colaboración. Tratamos de hacer cosa que nos interesen a ambos, no imponer nada.
-Una situación en la que todos ganan.
-Claro. Hacemos mucho con la cultura culinaria también. Por ejemplo, con México este año invitamos a Elena Reygadas a cocinar para nosotros, para presentar la cocina mexicana. Siempre pienso que cuando presentas tu comida la gente te va a conocer.
-El año pasado, en Qatar, cocinó Mauro Colagreco.
-Sí. La comida siempre es parte de nuestro programa. También la música, la danza, el teatro. Hoy voy al Teatro Colón. Ayer noté que acá mucha gente va al teatro, así que me gustaría aprender más sobre el teatro argentino y ver si es un área en la que podemos colaborar. También tratamos de promover idiomas, así que en este caso sería el español y el árabe. Así que, como dijiste, la diplomacia cultural es solo el comienzo del Año de la Cultura. Primero nos enfocamos en el país, pero luego buscamos proyectos de legado, en continuamos comprometiéndonos y conectándonos con las comunidades. Y eso tiene sentido. Todo lo que hacemos tiene que tener sentido. No es para el show, no es para la imagen. Tiene que haber (una conexión humana. Porque somos un mundo lleno de personas, y para conectarnos con el mundo tenemos que conectarnos con las personas. Así que encontrar las conexiones y los proyectos correctos es muy importante.
-La muestra de Malba fue la primera de arte latinoamericano en la región de Asia occidental y el norte de África. ¿Qué impacto tuvo?
-Creo que la gente estaba muy impresionada e inspirada por la variedad de artistas. Probablemente conocían los grandes nombres, como Frida Kahlo, Diego Rivera, y Wifredo Lam, pero fue un descubrimiento. Uno de nuestros curadores, Issa Al Shirawi, trabajó con María Amalia García, la curadora jefa del Malba, así que ahora sabe mucho sobre arte latinoamericano. Así que cuando abra el Art Mill haremos más muestras sobre arte latinoamericano. Siempre es un viaje de descubrimiento. Creo que es importante tener una mente abierta, continuar mostrando arte de diferentes partes del mundo, apreciarlo y tratar de aprender. No tiene que gustarte todo, pero tenés que tener una mente abierta.
-Y un corazón abierto.
-Exactamente. Porque el mundo hoy está muy polarizado y la gente habla sobre otros sin conocerlos, se miran unos a otros sin querer hablar entre ellos… Creo que el arte cambia eso. Cuando hicimos la feria Art Basel, por ejemplo, invité a la psicoterapeuta belga Esther Perel. Fue la primera vez en la historia del mundo del arte que invitamos a una psicoterapeuta a a dar una charla y había una instalación arquitectónica de Sumayya Vally, llamada Asamblea de Amores, inspirada en la literatura. Era un espacio abierto, al que todos podían venir. En el arte no hay jerarquía. Entonces, facilitó la conversación entre extranjeros. Algunos quizás no se conocían lo suficiente, y eso cambió completamente cambió la dinámica de la feria. Creo que los seres humanos tenemos que aprender cómo hablar con los demás. Especialmente en este mundo digital donde estamos tan satisfechos con los mensajes de nuestro teléfono y las conversaciones que podemos tener en el mundo virtual. Olvidamos hablar con los demás. El arte previene eso. Porque te fuerza a ir a un lugar, conocer a otras personas, involucrarte en conversaciones, inspirarte, reconectar con uno mismo, reflexionar, sentir…

-Tener empatía.
-Exacto. Creo que más de eso es necesario.
-¿Por qué Art Basel desembarcó en Qatar?
-Esa fue una decisión de mi hermano, el emir de Qatar. Somos el socio cultural y el socio comercial es es Qatar Sports Investments que fue establecido por mi hermano. También fue un legado de la Copa del Mundo, donde vimos que los deportes y el arte se unían como dos caras de la misma moneda. Quienes vinieron tuvieron la experiencia más increíble, porque la cultura estaba en cada equina. Había más de cien instalaciones de arte, la ceremonia de apertura se inspiró en nuestra cultura, nuestra herencia, nuestra religión. Estábamos orgulloso de celebrar quiénes somos. Tenemos mucho talento ahora que sentimos que era el momento de traer una fiesta de arte para conectar el talento con la industria. La mayoría de las galerías que vinieron presentaron artistas de nuestra parte del mundo. Eso muestra que hay interés en nuestra región. Por ejemplo, Anna Wintour me dijo que debido al trabajo que hicimos en Fashion Trust Arabia, Condé Nast decidió comprar Vogue Arabia, que antes era una franquicia. Porque el talento está en nuestra región, el Sur Global, donde la población está creciendo más rápido. Así que fue una buena idea y una estrategia, después de que celebraran el año pasado veinte años de Qatar Museums, traer una fiesta de arte que desarrollaría coleccionistas y comprensión de la feria de arte, pero también para que las galerías vengan a descubrir talento local y regional.

-Ustedes también promueve el arte público. ¿Por qué?
-El arte público es algo que mi padre me pidió hacer cuando abrimos el Aeropuerto Internacional de Hamad, para que la gente fuera bienvenida desde el principio con la cultura local. Mi padre era un gran creyente de la importancia del arte y la cultura para la humanidad. tenía una idea, una visión y una estrategia, y podía imaginar que la tecnología debería ser resistida por algo. Creo que la humanidad es lo más importante, y la cultura es parte de todos nuestros ecosistemas. Mi padre preservó el antiguo mercado, donde encontrás comida, especias… Y luego mi hermano estableció la Katara Cultural Village, donde se celebran muchos festivales folclóricos. Todo sobre nuestra tradición y cultura, para que la gente no se olvide de que somos beduinos, personas nómades. Entonces, cuando mi padre me pidió poner arte público en el aeropuerto, lo tomamos como una estrategia para poner arte público en todos lados.
-Como parte del programa de intercambio, el artista argentino Gabriel Chaile hizo una escultura. ¿Esa obra quedará de forma permanente en Qatar?
-Es permanente, pero tiene problemas de conservación porque es de barro. No es una pieza que podamos tener afuera. Así que probablemente la exhibiremos de forma permanente en el Art Mill Museum cuando abra.

-¿Cómo es el pabellón nacional que están proyectando para la Bienal de Venecia?
-Lo empezaremos a construir a fin de año, para apoyar a los artistas y arquitectos árabes, y se inaugurará en 2028, cuando celebremos el Año de la Cultura con Italia. Será un gran momento para nosotros, pero también para la bienal. Porque lo diseñará la arquitecta libanesa Lina Ghotmeh, que ganó por concurso con un jurado internacional. La elegimos entre nueve arquitectos y es la primera mujer en diseñar un pabellón en los Giardini. Además, será el primer pabellón que se inaugure desde que se hizo el de Corea, hace más de treinta años. Este año tenemos un proyecto temporario de Rirkrit Tiravanija.
-¿Sabía que Tiravanija nació en Buenos Aires?
-Sí, fue parte de la razón por la cual lo elegimos, por la diplomacia cultural, por su conexión con Buenos Aires. Él creó un proyecto llamado “Reunión de gente notable” en una tienda abierta color bordeaux, que es el de nuestra bandera. Invitó a cuatro artistas de distintos países. Entre ellos a Fadi Kattan, un chef palestino, y Tarek Atoui hizo el sonido. El proyecto tiene que ver con la música y la comida.

-¿Cómo será Rubaiya Qatar, la cuatrienal de arte contemporáneo que se presentará en noviembre?
-Es parte del legado de la Copa Mundial, porque unimos deporte y cultura de una manera muy profunda. Porque el Año de la Cultura lo lanzamos diez años antes del Mundial. Pero quienes vinieron por el fútbol, aprendieron sobre un nuevo mundo. Por otra parte, me gustó la estrategia de Documenta, que fue creada para difundir la situación del Este durante la Guerra Fría en Alemania. Así que la idea de la cuatrienal es que cada cuatro años se inaugurará el 20 de noviembre, como legado del Mundial, celebraremos a los artistas de nuestra región y del sur global. La exhibición principal, titulada Unruly Waters, se explorará el comercio marítimo entre Qatar y el resto del mundo. También se presentará el Doha Pavilion: Gerhard Richter, una nueva estructura permanente de sitio específico, concebida por el artista como una obra de arte y arquitectura que alojará sus pinturas y esculturas.
-¿Habrá algún artista de la Argentina?
-No recuerdo ahora, pero creo que habrá un artista de la Argentina porque el componente de legado es muy importante para nosotros. En total, serán ochenta. En nuestro Festival de Cine mostraremos muchas películas argentinas. En nuestro Festival de Comida este año tuvimos comida argentina. El primer artista argentino con el que quise trabajar fue Adrián Villar Rojas. Lo conocí hace unos 15 años, vino a Qatar. Queríamos hacer un proyecto, pero todavía no lo logramos. Nos gusta tener conversaciones con los artistas. Richter comenzó su proyecto en 2013, y lo estamos lanzando ahora. Villar Rojas vino con una idea que no tenía sentido para mí, así que le dije que no, y no volvió con otra idea. Me gustan las ideas de sitio específico. A veces es bueno adquirir para la colección, pero otras es mejor comisionarlo para un lugar. Así que espero trabajar con él, es el artista argentino que más conozco. Creo que vi su trabajo por primera vez en la Bienal de Venecia, luego en Documenta y en la Bienal de Estambul, que fue genial. Hoy hay mucho arte, y muchos artistas, y muchas posibilidades.


