La potencia del pensamiento
SUJETO Y VERDAD EN EL MUNDO HISTORICO-SOCIAL Por Cornelius Castoriadis-(Fondo de Cultura Económica)-Trad.: Sandra Garzonio-486 páginas-($ 54)
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Dijo de él Jean-Paul Sartre: "Siempre tuvo razón en el momento equivocado". Dijo él de Sartre: "Siempre estuvo equivocado en el momento justo". Pocas anécdotas resumen mejor el lugar que ocupa Cornelius Castoriadis en el panorama intelectual francés y mundial de la segunda mitad del siglo XX. En efecto, el retruécano condensa el hecho de que Castoriadis fue un intelectual particularmente lúcido para ver lo que otros no ven, enceguecidos por el inmediato aire de época; el hecho de que esta característica lo haya obligado a enfrentarse con casi todas las corrientes de pensamiento de su época; el hecho, por fin, de que era un autor completamente irreverente que nunca rehusó el conflicto, y en voz bien alta, con quien fuera y a la hora señalada.
Cuando en los años 50 la Unión Soviética era palabra santa en el marxismo francés, Castoriadis, junto a Claude Lefort y Jean-François Lyotard, se atrincheró en una crítica despiadada del totalitarismo soviético en el grupo de la revista Socialisme ou barbarie. Cuando el estructuralismo levantaba vuelo, se enardeció contra la evacuación de la historia y del sujeto en el pensamiento social. Cuando en los años 70 Lacan ya era el horizonte insuperable del psicoanálisis, él se convirtió en psicoanalista e impulsó una vuelta teórica a Freud. No se trataba de una voluntad inquebrantable de "ir en contra": el Mayo de 1968 lo encontró, al igual que a muchos de sus adversarios intelectuales, al pie del cañón, de los adoquines.
Este autor griego, que hasta principios de los años 70 tuvo que escribir con seudónimos porque, sin nacionalidad francesa, corría el riesgo de ser deportado, ha escrito gran cantidad de obras, pero la síntesis de su pensamiento puede hallarse en La institución imaginaria de la sociedad, dos tomos escritos en 1975. Allí despliega las múltiples facetas de su pensamiento: su crítica feroz al marxismo, el psicoanálisis, la filosofía política y una reflexión sobre el papel de la ciencia y la técnica en la modernidad. En estos dos tomos se halla la paleta de conceptos que colorearán sus escritos posteriores y también una fatídica tendencia a la repetición que le hace escribir demasiadas páginas con una sola idea.
En Sujeto y verdad en el mundo histórico-social. Seminarios 1986-1987. La creación humana I, que acaba de editar Fondo de Cultura Económica y que forma parte del programa de edición de sus escritos póstumos y seminarios, ni el imaginario radical, ni la oposición instituido-instituyente, ni tantas otras nociones que popularizaron a Castoriadis aparecen en primer plano. En cambio, y sobre todo en los primeros seminarios, la redundancia en la exposición aún está presente. Tratándose de los seminarios que dio en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales entre 1986 y 1987, de escritos que no alcanzaron a ser corregidos para su publicación, es posible que el carácter provisorio de su exposición conspire contra el conjunto final. Sin embargo, existe un cambio de ritmo al promediar el libro -justamente en los seminarios que escribió más minuciosamente- que le da al final un carácter saludable y enérgico.
Quien abra Sujeto y verdad... encontrará a un Castoriadis lector. Toda la filosofía occidental aparece analizada con detenimiento a partir de unos pocos autores, y permite atisbar el trasfondo de su pensamiento y el sustrato de sus propias nociones. Está muy lejos de la exégesis interminable y las interpretaciones al infinito. Castoriadis hace todo lo posible por hacer notar cuánto aborrece esta actitud de pensamiento y postula así una política de la lectura. "La única manera justa de tratar a los filósofos -escribe- es tratarlos como vivos. Esto quiere decir como contemporáneos y, en derecho, como iguales, pues en filosofía no hay otra actitud posible." Leer, concluye Castoriadis, "quiere decir también otorgarse el derecho de juzgar lo que se lee".
Hay un blanco y un negro, entonces. Del lado de la filosofía que hay que descartar se encuentran Platón, Hegel y Heidegger, autores que marcan etapas de lo que él describe como la "teología racional" que nos legó la identificación de la filosofía con la búsqueda de los fundamentos últimos, y cuya crítica está ampliamente desarrollada en el segundo tomo de La institución imaginaria de la sociedad. Del lado de los filósofos a quienes considera sus amigos están Aristóteles, su más venerada fuente de ideas, y Kant, a quien le dedica discusiones encendidas pero respetuosas. En esta división de bandos emerge la elegancia de su inmersión en las filosofías griega y moderna. Pero también se advierten sus enfrentamientos mal resueltos en sus críticas a los representantes del paisaje intelectual que cree combatir (Foucault, Deleuze, Bourdieu, Lévi-Strauss, etc.), pues demuestra que su lectura de estos autores no es tan atenta. De hecho, Castoriadis, un pensador estrictamente moderno, tiene no pocas coincidencias con ellos.
Merece una mención especial la edición de esta obra. La traducción, el posfacio y la introducción general, que ubica estos seminarios en el conjunto de la obra de Castoriadis, a cargo de Enrique Escobar y Pascal Vernay, constituyen un verdadero lujo. Permite a los lectores tener en directo a un intelectual que siempre estuvo en carne viva -Edgar Morin dijo de él con admiración que era un "Aristóteles caliente"- y que, en tiempos de interpretaciones diletantes y teorías débiles, supo afirmar la potencia del pensamiento, con firmeza pero también con humildad. Como dicen ellos: "Castoriadis sabía que hay que saber decir ?yo´, que no es nunca el Ser o la Historia lo que habla por nuestra boca; ni tampoco una clase, ni una tradición ni una escuela. También sabía que, en lo esencial, dar soluciones no está en poder de nadie, que éstas serán dadas -o no- por las mismas colectividades humanas".




