La rana, el pájaro y la salamandra
Por Michel Tournier
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DEBE de ser la edad. Cada vez me preocupo más por tener un buen fin. Veo a los otros morir. Aprecio o deploro. Algunos salen de escena de manera brillante; otros se hunden en la abyección o el ridículo. Yo sueño con una muerte sorprendente, discretamente humorística, ligada a los elementos naturales. No es simple.
Tuve conocimiento de un hecho que me dejó estupefacto. Durante el verano, en los Alpes Marítimos, un bosque se incendió. Llegado el invierno, cuando se disiparon las últimas humaredas del siniestro, un equipo de guardabosques inspeccionó las tierras calcinadas. Cuál no fue su sorpresa al descubrir lo que, en un comienzo, tomaron por un inmenso pez de piel negra y lisa. Bajo las heridas, se habían formado erupciones y ampollas. Sin embargo, al examinarlo bien, resultó que no se trataba en absoluto de un pez. Era un hombre rana que se había cocido en su traje, como una papa en su cáscara. Pero, ¿cómo diablos podía haber llegado hasta allí, a una treintena de kilómetros de la playa?
Hubo que rendirse a una evidencia terrible: aviones antifuego habían realizado una y otra vez el recorrido entre el mar y el bosque incendiado, absorbiendo y vertiendo en cada viaje grandes cantidades de agua. Este valiente señor debía estar librándose a los discretos encantos de la pesca submarina cuando fue literalmente englutido por los enormes depósitos de uno de estos aviones que absorben diez toneladas de agua en veinte segundos. Minutos después, era vomitado en pleno cielo sobre el bosque en llamas. ¡Qué aventura para un tranquilo veraneante! ¡Y ni siquiera había tenido el consuelo de poder contárselo a los amigos!
Lo particularmente admirable en este fin es la triple metamorfosis del héroe. Había elegido el elemento líquido. Pretendía ser un hombre rana. Tras un breve episodio como hombre pájaro, helo aquí convertido en hombre salamandra. El agua y el fuego. La hidra y el dragón. ¿Conocen ese terrible dicho español?: "Cuando el agua y el fuego entran en lucha, siempre es el fuego el que muere". El fuego: es decir, la luz, el calor, la generosidad, el entusiasmo. Esta vez, en el caso de esta incineración de un género excepcional, fue el fuego quien tuvo la última palabra.




