
La resignificación del objeto
Una muestra de Man Ray, el más notable dadaísta norteamericano, abrirá sus puertas pasado mañana en el Centro Borges; el constructivismo de Adolfo Nigro.
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Emmanuel Radnistsky (Filadelfia, 1890-Francia, 1976), conocido en todo el mundo como Man Ray es el eje de la muestra de 230 obras organizada por el Centro Cultural Borges en sus salas de los altos de las Galerías Pacífico.
Considerado el dadaísta más notable de los Estados Unidos, con Duchamp y Picabia constituyó el núcleo inicial de Nueva York. Allí, el trío se caracterizó por resignificar ciertos objetos mediante un simple cambio de lugar.
A diferencia de Duchamp, los objets trouvés de los dadaístas y surrealistas solían estar armados y no simplemente colocados en un contexto inesperado. Man Ray, como si fuera un chiste o una provocación, modificaba el aspecto de las cosas; componía a su modo, lo que después de una guerra ya no se podía recomponer.
Aunque no figuran las pinturas en la nómina de las obras seleccionadas para el Borges, Ray trabajó en imágenes sin reflejar formas conocidas. Los biógrafos apuntan que en 1907 interrumpió los estudios de arquitectura e ingeniería para dedicarse a la pintura; que hizo su primera exposición individual en 1912, y que, un año después, el Armory Show lo estimuló para dedicarse al arte abstracto. No obstante, realizó numerosas pinturas y dibujos figurativos cuyos temas se reconocen de inmediato.
Más que un movimiento, como el cubismo o el futurismo, el dadaísmo fue una revuelta contra las convenciones culturales, sociales y políticas de un mundo desangrado y corrompido. Puso en práctica por el absurdo sus actos de protesta antiartísticos.
Una de las obras más conocidas de Ray, Cadeau (Regalo), de 1921, es una plancha con clavos que destrozarían cualquier tela. Lo menos que podemos decir es que se trata de un obsequio poco recomendable y, en cualquier caso, de una burla contra tan elemental manifestación del progreso. Como en otras obras, el artista suelta por la risa el poder corrosivo del escarnio.
Esa muestra de una realidad antes inconcebible encuentra en el sarcasmo un modo de poner en evidencia el derrumbe de todo. Que una plancha inservible vaya a parar a un museo, cambia su sentido como objeto funcional. En una feria de curiosidades estaría bien; en una tintorería daría motivo a una sonrisa despectiva, y a que llevásemos la ropa arrugada a otra parte; pero en un museo produciría, por lo menos, desconcierto.
El contexto inesperado y el contrasentido evidente alterarían la expectación. En consecuencia, lo que parecía una broma, induciría a recomponer la lógica original del objeto y a turbar, aunque sea por un momento, la idea sobre sus fines. La sorpresa provocaría un pequeño aturdimiento, hasta que la risa pusiese en marcha su poder liberador. En suma, tomada en serio, la planchita hace pensar.
La muestra incluye abundante obra gráfica (aguafuertes, litografías, fotolitos en color), especialmente fotos, y también una docena de objetos en serie, entre los que figura Metrónomo con fotografía , del que hay cuarenta ejemplares. Esa es otra de las joyitas satíricas. Figura en el catálogo como Indestructibile Objet , en oposición al elemento para medir el tiempo con un ojo pintado, que se conoce como Objeto para ser destruido .
La inversión de los valores es evidente; el original es destructible; su réplica, no. Como se ve, ya nada parece expresar al hombre, ni siquiera sus creaciones. El escepticismo es recalcitrante; el descreimiento, absoluto; el humor, burlón.
La casualidad interviene en las composiciones de Ray. Unos treinta años antes que los expresionistas abstractos y los tachistas, pintaba mecánicamente con el aerógrafo. Fue el primer artista en descubrir el potencial de la fotografía, más allá de su capacidad de mero registro de la realidad. La naturaleza híbrida de ese arte que, como la cinematografía, requiere elementos mecánicos para revelarse, alentó los propósitos de su producción. Se retrató y retrató a sus amigos y conocidos más importantes, Breton, Picasso, Dalí, Ava Gardner...
Entre las fotos se expondrá L´énigme d´Isidore Ducasse , de 1920, que muestra un paquete tan intrigante como su contenido.
No es el único trabajo enigmático; figuran muchos más, tapados o desnudos. Cuando ya era reconocido como fotógrafo, la rayografía, un procedimiento conocido cuyo "descubrimiento" atribuyó a la casualidad, lo indujo a plasmar el mundo abstracto tridimensional en una placa. Los resultados fueron sorprendentes. La técnica consistía en poner sobre papel sensible algunos objetos, encender la luz y revelar.
Ray llegó a ser un importante realizador de fotogramas y produjo películas surrealistas que lo llevaron a Hollywood, entre 1940 y 1951. Después volvió a París, donde recientemente el Gran Palais presentó una gran retrospectiva de su producción fotográfica.
La influencia uruguaya
Adolfo Nigro (que nació en Rosario, en 1942) representa al arte rioplatense por su pintura y por su formación. Inició su carrera en Buenos Aires, donde estudió en las escuelas nacionales de arte Manuel Belgrano y Prilidiano Pueyrredón. Después, residió algún tiempo en Brasil y, posteriormente, en Montevideo. Allí se radicó en 1966 y mostró sus obras por primera vez de manera individual. Allí, además, se acercó al taller de Torres García, en particular a través de José Gurvich, con quien trabajó.
Ahora vive en Buenos Aires, pero la vecindad del puerto, que muchos temas ponen de relieve, lo acerca más que a nuestras costas, a las de la otra orilla. Su manera de componer lo identifica especialmente con el constructivismo uruguayo. No obstante, gran parte de las obras reconocen su paso por distintos lugares, entre los que figuran, además de las ciudades nombradas, San Pablo y Barcelona.
Los trabajos que lo representan en esta oportunidad son numerosos y permiten acercarse a distintos momentos de su trayectoria. Se juntan con el título "25 años de un camino compartido" con el fin de destacar su vieja amistad con Gregorio Gordon, que en la década de los setenta comenzó a coleccionar sus obras.
Si hubiese que referirse a lo que la muestra representa, diríamos que importa un esfuerzo sostenido, llevado con coherencia y seriedad. La componen pinturas y dibujos que permiten desarrollar la visión que se tiene del artista.
Formalmente, las obras tienden a la creación de atmósferas que nos hablan de escenarios en los que abundan los elementos marinos. Tienen en general una estructura geométrica que articula las formas, frecuentemente amontonadas en representaciones a medio camino entre la figuración y la pintura abstracta. Se nos informa el tema, pero de un modo personal y distinto que se impone en cada pieza y destaca su origen.
( Hasta el 28 del actual, en el Centro Cultural Borges, Viamonte y San Martín. )



