
La universitaria de 13 años que asombra a los Estados Unidos
Alia Sabur tiene el hábito de aprobar sus exámenes en tiempo récord
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STONY BROOK, Nueva York.- El mes último, Alia Sabur, una avanzada estudiante universitaria, llegó a su examen final de matemática a las 19. El aula estaba casi vacía.
"¿En qué estabas pensando?", le preguntó su profesor, Alan Tucker. El examen, en realidad, era de 17 a 19.30. Alia se sentó y lo terminó en 15 minutos. "Al terminar, ella estaba muy contenta", recuerda su madre, que le preguntó: "¿Quince minutos? ¿Lo controlaste?" Alia respondió: "Está todo bien, mami". Y lo estaba. Otra nota alta para Alia. Su profesor le había sugerido en un mail: "Quizá deberías presentarte tarde en todos tus finales".
Durante largo tiempo, Alia, de 13 años, que se graduará dentro de pocos meses en la Universidad del Estado en Stony Brook, ha estado asombrando a la gente, en especial a sus padres, que pensaron que era extraño que comenzara a leer palabras a los ocho meses.
El profesor Harold Metcalf la tuvo como alumna de física, en primer año. "Yo era escéptico -asegura-. Una niña tan pequeña. Pero en la segunda o tercera lección hizo una pregunta que me demostró que realmente comprendía. Algunas veces he visto algo así, pero con estudiantes de 15 o 16 años, no de diez."
Lo cierto es que, además de saber de matemática y física, es una hábil clarinetista. Ricardo Morales, primer clarinete de la Metropolitan Opera Orchestra, es su maestro y recuerda que hace dos años, cuando la preparaba para tocar un concierto de Mozart para clarinete -que requiere de una sólida formación técnica-, Alia no sólo lo logró sino que para ella fue como un juego de niños. De hecho, la Rockland Symphony la anunció como "Alia Sabur, niña prodigio de 11 años".
Sus profesores aseguran que además de una mente extraordinaria lo que la hace especial es su sed por aprender, una gran voluntad para el trabajo y un gran equilibrio emocional para su edad.
Todo esto parecería el sueño de todo padre, pero durante mucho tiempo no lo fue. ¿Cómo se encuentra la escuela adecuada para una niña que ya lee a los dos años? Cuando Alia estaba en el jardín de infantes su madre dejó de trabajar como periodista en un canal local de cable para ocuparse personalmente de la educación de su única hija.
A los cinco años, Alia había terminado la primaria en una escuela pública de Long Island. En segundo grado iba a la escuela media para cursar el octavo en matemática.
Necesidades especiales
En cuarto grado las autoridades del colegio dijeron que no tenían ya cómo responder a las necesidades especiales de Alia, afirma la señora Sabur, y hasta las mejores escuelas privadas sentían que ella era muy adelantada. Los colegios terciarios que consultaron no aceptaban niños tan jóvenes.
"Me pasé el cuarto grado sentada sola leyendo -recuerda la niña-. La maestra me decía que buscara algo para hacer porque ella tenía que enseñar a la clase." El año no fue una total pérdida de tiempo, ya que Alia ganó su cinturón negro en karate.
Finalmente, la señora Sabur encontró ayuda en Stony Brook. Los Sabur firmaron una autorización y la madre acompañó a la niña de diez años a la Universidad, todos los días. Surcaron un nuevo camino.
Alia llevaba sus animalitos de juguete a la clase de física. Nunca tomó nota en el aula. "Lo importante son los conceptos", asegura. A pesar de que la niña puede leer una novela a 100 páginas por hora -"70 u 80 si es de Dickens"-, no cursó aún el primer año de inglés porque, según su madre, desearon esperar hasta los 12 años para que leyera sobre el Holocausto, las drogas y la miseria.
Su madre sabe que, al oír el caso de su hija, mucha gente piensa que es una "inadaptada social"; por eso se esforzó y la ayudó a encontrar amigos de su edad. Dos veces a la semana tiene clases de arte y almuerza con un grupo de niñas del noveno año.
Charles Fortman, su asesor en investigación, la trata como a una colega. Ella lo ayuda en un proyecto sobre proteínas que algún día podría conducir a un avance médico. Como ella misma lo explicó, si pueden comprender cómo funcionan las proteínas con exactitud podrían comprender por qué en ciertos casos -como en el Alzheimer- no lo hacen bien.
Fortman espera que Alia realice investigaciones de posgrado en Stony Brook, pero afirma que "podría ir a cualquier lugar que desee, Standford, el MIT o Princeton". En parte dependerá del dinero, asegura la señora Sabur. Ella y su esposo, un ingeniero retirado, han descubierto que encontrar una educación que le sirva a Alia es costoso. El año próximo, Alia está pensando realizar una investigación doctoral en un conservatorio.
"Ustedes saben que Einstein dijo que la velocidad de la luz es constante -afirma-. Hoy la gente está empezando a pensar, y entre ellos yo, que no es así. Eso es algo que me gustaría estudiar."
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