
La vida también es una ficción
El guionista de Ropa limpia, negocios sucios , autor de novelas como El buda de los suburbios , es uno de los representantes más conspicuos de la literatura británica actual. En un diálogo exclusivo, habla de Intimacy , su último y controvertido libro.
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HACE alrededor de un cuarto de siglo comenzó a surgir en Inglaterra la hoy denominada literatura del Commonwealth . La voz de Hanif Kureishi es una de las primeras manifestaciones de esta corriente que surgió desde el sur de Londres. Oriundo de los suburbios londinenses, hoy, a los 44 años, Kureishi aún conserva algo de aspecto adolescente, quizás por la extrema delgadez, la forma de sentarse en el rincón, los jeans, el saco con cuello mao y el pelo castaño ondulado, apenas largo. De madre inglesa y padre pakistaní, el autor adquirió notoriedad, tanto en su país como en el resto del mundo, por su guión para la aclamada película Ropa limpia, negocios sucios , nominada para el Oscar. Luego escribió, entre otros, los guiones para Samy y Rosie van a la cama y London kills me, película que además dirigió. "Dirigir cine no me gustó", confiesa Kureishi, mientras mira los impecables jardines de Downing College en la ciudad de Cambridge, donde tuvo lugar la entrevista. "Toda esa gente mirándome me intimidaba. Prefiero ser el guionista, no hay dudas", concluyó.
Hanif Kureishi dio sus primeros pasos en la escritura como dramaturgo y obtuvo en 1981 el premio George Divine por su pieza Outskirts. Más tarde incursionó en la narrativa. Su primera novela, El Buda de los suburbios , recibió en 1990 el premio "Whitebread" y fue traducida a veinte idiomas, incluso al español por la editorial Anagrama. Luego escribió dos novelas más y una colección de cuentos.
Desde sus inicios, la obra de Hanif Kureishi ha dividido tanto a la crítica como al público en general. Su última novela Intimacy , próxima a publicarse en los Estados Unidos, también ha generado controversia. Narra en primera persona la noche en que el protagonista ha decidido dejar a su mujer y a sus hijos. El autor comenta: "Es gracioso, mi editor norteamericano quería publicarla como una memoir . Y me preguntó más de una vez por qué se titulaba Intimacy (Intimidad). Yo le contesté que es un título irónico ya que, en realidad, los héroes del libro se dejan el uno al otro y pierden la intimidad. "Quizá deberíamos llamarla Animosity (Animosidad), terminé diciéndole. No es lo que se denomina hoy en día una memoir ". Esta aclaración de Kureishi se debe a que parte de la crítica tomó el libro como una confesión personal.
Interesado en aclarar cuáles fueron las fuentes de su novela, dice Kureishi: "No se trata de un intento de reproducir literalmente mi experiencia. Quise narrar una historia que contuviera ideas que me interesaran. Parte de lo que sucede en Intimacy está inspirado en hechos de mi vida, pero también en acontecimientos que le sucedieron a otra gente y, por supuesto, hay pasajes completamente inventados".
Ciertos detalles técnicos contribuyeron a acentuar la impresión de que Kureishi había compuesto una novela en clave. "La escribí en primera persona. El narrador es el protagonista masculino. Pero hubo un esbozo de otra versión: la primera vez, cuando me senté a narrar esta historia, lo hice en tercera persona. El tono era más objetivo, pero también más impersonal, más distante. Cuando puse el relato en la voz del esposo, advertí que la novela adquiría vida para mí como escritor y terminé el relato con rapidez. El texto está contado enteramente desde el punto de vista de ese personaje y no hay ningún intento de mostrar el mundo desde la perspectiva de la esposa o de los hijos. No quise que el libro fuera fácil ni suave, preferí que tuviera los sentimientos fuertes que lleva aparejada una separación. Quise capturar toda la furia y la violencia de un divorcio".
Curiosamente, a medida que Kureishi se explaya sobre la relación entre la realidad y la ficción, le da cierta cuota de razón a los argumentos de quienes ven en Intimacy casi el diario de un momento de la vida del autor: "Creo que toda escritura es autobiográfica, especialmente si suena a ficción" -afirma Kureishi con voz clara, mientras busca las palabras exactas para continuar-. "No vislumbro la posibilidad de escribir acerca del mundo sin escribir acerca de uno mismo. Justamente eso es lo que me parece interesante, eso es lo que hacen los escritores: examinan sus propios sentimientos, miran su propio mundo, observan sus relaciones. Y si al hacerlo saben reflejar la esencia de la naturaleza humana, entonces se ganan el interés de los lectores. En ese sentido, escribir acerca de uno es escribir acerca de otros y para otros".
Kureishi leyó en público un fragmento de su última novela en el edificio Haward de Donning College, donde había comenzado esta conversación que continuó en el jardín, a su pedido, ya que deseaba encender un cigarrillo. La prolijidad del césped, los rincones con flores y los edificios centenarios contrastan con el estilo moderno, décontracté de Kureishi.
En Intimacy , el autor incluyó algunos de los problemas acerca de la identidad y de los roles que comparte con el resto de la sociedad británica: "Creo que, a lo largo de mi vida, la mayoría de las cosas que antes se daban por sentadas (tales como qué significa ser un varón, qué significa ser una mujer, qué es una familia y cómo funciona, o qué es un niño), han dejado de ser vistas como certezas. Está claro que parte de esta problemática, que siempre ha sido discutida por filósofos y psicólogos, ha pasado a la literatura. Mi padre sabía lo que era ser un padre. En cambio, hoy en día, mis amigos (y, dicho sea de paso, también mis amigas) nos preguntamos cómo debe ser un padre, cuáles son las reglas para serlo".
Para mostrar la diferencia con las novelas y la sociedad de otra época, Kureishi comenta el caso de Flaubert. "Estaba pensando en Madame Bovary. Ella tenía una hija, ¿no es así? Y esa niña apenas aparece. Si la novela se hubiera escrito hoy, la hija tendría un mayor protagonismo." Kureishi, padre de dos hijos, considera que los niños no son un obstáculo para la carrera de un escritor. "Tener hijos nos cambia. La visión del mundo es diferente una vez que se los tiene. Creo que cualquier experiencia que uno tenga en la vida puede enriquecer la escritura, siempre y cuando se tenga imaginación".
El espíritu inquisitivo de Kureishi tiene sus raíces en la niñez y en la situación social de su familia: "En parte, las preguntas que hoy me preocupan son las mismas que me acosaban durante la infancia y la adolescencia, cuando estaba obsesionado por los temas raciales. Recuerdo que, cuando era chico y vivía en los suburbios de Londres, las preguntas que me formulaban a diario eran "¿Quién sos? ¿De dónde sos?" Yo respondía: "Soy de aquella casa". La frase siguiente era: "No, ¿de dónde sos realmente?" Resultaban preguntas muy inquietantes: ¿de dónde era si no era de aquella casa? Mi aspecto de paquistaní, mi piel que no era rosada, mis ojos que no eran celestes, delataban a un inmigrante o a un hijo de inmigrante. Eso me llevó a pensar en qué era ser británico. Por otro lado, supongo que preguntas tales como qué es ser un hombre también surgieron en mi vida por la influencia del feminismo de los años 70, cuando todas mis amigas se preguntaban qué quería decir ser una mujer. Creo que los hombres no se formulaban interrogantes semejantes en aquel momento y, probablemente, se los estén formulando ahora, quizá por eso muchos escritores estén tratando estos temas en la actualidad. Pero era lógico que yo tuviera aquellas preocupaciones porque la identidad era un aspecto crucial de la existencia de un chico o de un muchacho como yo, de otra raza, en una ciudad como Londres, donde las diferencias de clase son tan importantes".
A pesar de que Kureishi considera la cultura oriental como una parte esencial en la formación de su personalidad, no se siente un portavoz de la comunidad asiática, a la que encuentra tan diversa como cualquier otra: "Hay gente asiática a la que le gusta lo que escribo; otros opinan que mis libros son obscenos, o los detestan. No hago comerciales para la comunidad asiática. Eso sería absurdo. Tampoco soy un político, no escribo de acuerdo con los lineamientos de un partido. El hecho de no alinearse es muy importante para un escritor, también lo es que un escritor, en cierta forma, traicione a su propia comunidad, si es necesario, en aras de la verdad. Un escritor tiene que ser libre, eso es primordial".
A Kureishi la lectura de obras ajenas le proporciona placer, pero además lo lleva a pensar en cómo hubiera resuelto cierto aspecto de la trama o el tratamiento de alguno de los personajes. "Hace poco leí la novela Herzog , de Saul Bellow; me agrada su forma de escribir. Creo que siendo escritor se lee de una forma crítica. Lo mismo me sucede con las películas." Por supuesto, la vida cotidiana es una fuente de inspiración constante para el novelista: "Me encanta inventar versiones distintas de un hecho del que fui testigo. Ese gusto por transformar la realidad es un rasgo familiar. Por ejemplo, mi padre, cuando yo era chico, especulaba sobre la vida de los vecinos. Veíamos a una persona que lavaba el auto y mi padre inventaba una historia que a mí me parecía mágica. El sabía convertir la vida diaria, lo banal, en algo sumamente sugestivo. Eso es lo que intento hacer".
Mientras algunas nubes con distintas intensidades de gris cubren el sol que había logrado asomar en el tormentoso cielo británico, hablamos sobre la muerte de la novela. "No creo que el deseo o la necesidad de contar historias se terminen jamás, porque me parece que los seres humanos somos, esencialmente, narradores de historias. Nos encontramos con una persona por la calle y le preguntamos "¿sabés lo que me pasó ayer?" Y ahí comienza una historia."
La presencia de Kureishi en los medios es asidua, ya sea por la publicación de sus libros o por asuntos de su vida privada. "Bueno, la vida del escritor también es un relato, en cierto modo una ficción. ¿No es así? Todas son historias. No veo motivos para que el escritor sea más real que las historias que crea, así como, para muchos, mi vida concreta puede tener las características de una novela. Se puede leer acerca de mí en un libro, en un diario o alguien puede contar una historia sobre mí. Y, en el fondo, se trata de narraciones. El mundo está hecho de palabras porque para pensarlo, para describirlo, para contar lo que pasa en él, debemos recurrir a ellas. Y las palabras conducen inevitablemente a una historia. Todos amamos los relatos. Y ante una buena narración, ¿qué importa si se trata de un producto de la imaginación o de algo que sucedió?".
De todos modos, Kureishi supone que el hecho de que las vidas de los escritores aparezcan en los medios forma parte de un fenómeno más amplio: "Tengo la sensación de que las editoriales, durante los años ochenta, advirtieron que se podía ganar con los libros mucho más dinero de lo que imaginaban. Una de las formas en que podían aumentar sus ingresos era vender no sólo las obras, sino también la intimidad de los escritores. Varias editoriales llegaron a la conclusión de que bastante gente está más interesada en la vida privada de los autores que en sus creaciones. De hecho, leer un buen libro es, a veces, una tarea que requiere esfuerzo. Pero si se escribe un artículo sensacionalista acerca de un escritor, con una gran foto, en medio de algún escándalo (como sucedió recientemente con Fay Weldon, o como sucede de vez en cuando con Martin Amis) se pueden vender más libros. Desde cierto ángulo, como escritor y como hombre común, esta situación me proporciona dolores de cabeza, pero por otro lado, es cierto que se llega a una mayor cantidad de lectores".
Kureishi acaba de terminar el guión para una película que se titulará The mother . Cuenta: "Trata acerca de una madre y una hija. La hija está haciendo una psicoterapia y empieza a enfrentar a su madre y a interrogarla acerca del pasado. En este caso, a diferencia de Intimacy , resolví incluir los puntos de vista de los dos personajes".
Desde sus primeras apariciones públicas, Kureishi fue considerado uno de los representantes más conspicuos y revulsivos de la joven generación de escritores británicos. El hecho de que se ocupe de sectores casi marginales de la sociedad y de que sus orígenes sean paquistaníes subraya el carácter poco convencional del autor y de su obra. Todo eso contribuyó a prolongar su juventud para los lectores. Un espejismo que ya no puede mantenerse mucho más. Pero Kureishi no le teme a la madurez. Dice en ese sentido: "Para un escritor, sumar años es una ventaja. No lo es para el jugador de fútbol, por ejemplo, pero sí para alguien que se interroga sobre el paso del tiempo. Supongo que voy a escribir acerca de temas distintos de los que he tratado hasta ahora y desde diferentes puntos de vista".
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