La vigencia de una vida en blanco y negro
Mafalda, la historieta ideada por Quino, apareció por primera vez en 1964 y luego de diez años, su autor decidió abandonarla para siempre. Cuestionado por su determinación, los lectores se preguntan aún hoy el porqué de su elección
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"Dejé de hacer Mafalda después de otros 10 años porque me di cuenta que me costaba mucho esfuerzo no repetirme, sufría con cada entrega. Cuando uno tapa el último cuadrito de una historieta y ya sabe cuál va a ser el final es porque la cosa no va. Y por respeto a los lectores y a mis personajes y por mi manera de sentir el trabajo decidí no hacerla más...".
Joaquín Salvador Lavado, conocido popularmente como Quino, repitió esta explicación una y otra vez hasta que decidió dejar sentada su postura en su página de Internet ( www.clubcultura.com/clubhumor/quino/espanol/ ), desde donde contesta las tan reiteradas preguntas sobre su personaje de historietas más significativo: Mafalda.
La niña de pelo negro y abundante se despidió un 25 de junio de 1973 de sus lectores desde la revista Siete Días. A 30 años de aquella decisión, todavía se le sigue reprochando a su autor por haber terminado con la historieta, al punto que Quino debió también aclarar más de una vez qué había sido de aquella hija de una ama de casa y de un vendedor de seguros.
En la Red circula todo tipo de información sobre este mito en blanco y negro y como todo mito también, las versiones no cesan: "Me enteré que Mafalda muere, quisiera saber la verdad, por favor contéstame, leo Mafalda desde hace años y es lo mejor que puede existir; Quino te admiro mucho", reclama Hilda, desde Perú, a través de un foro de opinión.
"Cuando me preguntan si reniego de Mafalda, contesto que no puedo renegar de ella, es una parte de mi historia personal y la versión de que dibujé una tira en la que Mafalda muere la lanzó un diario latinoamericano, nada más", le contesta el dibujante.
Consultado por LA NACION LINE , desde su casa en París aclara que ya no quiere hablar más de ella y si bien no reniega del personaje que le dio tanta popularidad, enfatiza sobre su idea de que como autor no tiene nada que decir: "Para entender el Martín Fierro sólo me basta con leerlo, no necesito ir a preguntarle nada a José Hernández", ejemplifica para darle fin a su negativa de recordar a Mafalda.
De todos modos, aún hoy sigue siendo consultado por este personaje que tanta vigencia tiene, y por supuesto, no puede dejar de admitir que lo enorgullece que tanto chicos y grandes la sigan leyendo.
De generación en generación
"Tengo 40 años y sé de Mafalda desde que tenía 16. Empecé con los pequeños libros y luego apareció ante mi el libro de 10 años con Mafalda, el cual, sin dudarlo un segundo, compré. Esa noche, mi hermana y yo nos peleábamos por leerlo y nos salieron las lágrimas de la risa que nos dio. Muchos años después... en fin, ahora tengo un hijo que tiene 12 años, se lo regalé a él con la gran duda de que lo mismo no le haría gracia porque no lo entendería, pero me equivoqué. Desde que mi hijo lo tomó en sus manos no lo ha soltado aún. Todas las noches, todas, e insisto, todas, lo lee antes de irse a dormir. Le escucho las risas desde su habitación y yo me muero de la risa sólo de oírle. A veces se levanta para contarme la viñeta que ha leído; es evidente que me las sé todas, pero me encanta escucharle cómo se queda con ellas", relata Alicia, desde España, a través de la Red.
Una de las razones de la buena recepción que ha tenido esta tira es la vigencia de las historias y problemas que allí se narran. "Si bien me halaga que se siga leyendo también es triste pensar que los temas de los que hablaba Mafalda siguen existiendo, a veces algunos tienen otro nombre pero son los mismos. Lamentablemente muchas cosas no han cambiado", escribe Quino.
Pero a pesar de que la sociedad se vea aún identificada con la de hace 40 años, también releer a Mafalda puede servir como un antidepresivo, como lo cuenta Isabel. "Decir Mafalda para mí es decir inteligencia, análisis, tolerancia, humor y amor a la vida. Mafalda está en mi vida desde hace 20 años o más, la leo y la releo, me sirve y me consuela, me divierte y me cuestiona. Es fantástica y puede llegar a ser un buen recurso contra la depresión. Me encanta en su papel de hija, es formidable la forma en que hace desatinar a sus papás".
Su nacimiento
Mafalda nació en 1963 como un proyecto publicitario, ya que fue pedida por encargo de una empresa para vender mejor la línea de electrodomésticos Mansfield. La única condición que recibió el autor fue que el nombre del personaje comenzara con la letra M. Para ese entonces, Quino llevaba diez años trabajando como dibujante y se inspiró en la película Dar la cara, basada en la novela de David Viñas, donde uno de los protagonistas llevaba por nombre el de Mafalda. De todos modos, como proyecto comercial no prosperó y descansó por un tiempo en un cajón hasta que la historieta hizo su aparición pública el 29 de septiembre de 1964 en la revista Primera Plana.
En marzo de 1965 la tira dejó de publicarse allí y reapareció en el diario El Mundo una semana después hasta que el periódico cerró en 1967. Se retomó su publicación al año siguiente, esta vez en la revista Siete Días, desde donde se despidió para siempre.
Recopilada en varios libros, la historia de los nueve personajes que compusieron la tira se sigue reeditando y logra atrapar públicos de diversos países como Italia, España, Portugal, Brasil, Noruega, Dinamarca, Grecia, Holanda, Finlandia, Francia, Alemania y Estados Unidos.
Mafalda tendría hoy 41 años y por más que se intente imaginarla ya de grande, por suerte sigue siendo esa niña inocente que odiaba la sopa y bregaba una y otra vez por la paz en el mundo. Esa paz en la que descansa hoy con el orgullo de ser uno de los personajes más queridos de la historieta nacional.



