Lamparitas a solas
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Les pasará a los de mi edad. Ven una luz encendida en un cuarto vacío y la apagamos indignados. Es el resultado de la educación de nuestros padres en una época en la que la electricidad no estaba subsidiada. Había que apagar las luces que no se usaban. Y si te veían contemplando el interior de la heladera con indolencia, ardía Troya. Además, los dispositivos no eran eficientes, y faltaba medio siglo para las luces LED.
De a poco, las siguientes generaciones se habituaron a otra realidad. Las facturas de electricidad, gas y agua –tres servicios esenciales sin los que la vida se vuelve rápidamente muy complicada– dejaron de ser significativas. Hoy nos encontramos con luces encendidas por toda la casa; aires al máximo, pero a solas, y el freezer de par en par mientras sacan o ponen cosas sin el menor apuro. Aparte del análisis económico y social, hay otra cosa: estamos en un excelente momento para ser más eficientes en el consumo de energía, gracias a las nuevas tecnologías. Nuestro planeta necesita con urgencia que reduzcamos el consumo de energía. Así que las tarifas irrisorias perjudican también el medio ambiente. No son las únicas amenazas, pero una lamparita prendida en un cuarto sin gente contamina igual que la que ilumina una reunión de 20 personas.
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