Las carreras menos pobladas de la UBA
Sólo 36 alumnos se anotaron para seguir Paleontología
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Estudiar en la Universidad de Buenos Aires (UBA) no siempre quiere decir clases superpobladas, pasillos intransitables y una computadora cada quince alumnos. También hay aulas con menos de diez estudiantes, docentes que conocen a todos por su nombre y laboratorios con un lugar para cada uno.
Lejos de la atracción masiva que generan desde siempre las carreras tradicionales -Abogacía, Medicina, Ciencias Económicas- también existen opciones menos concurridas, generalmente por desconocimiento de sus contenidos y aplicación profesional, pero que no dejan de ser importantes para el desarrollo del país.
El año último, de un total de 69.214 inscriptos en el Ciclo Básico Común (CBC), sólo 36 estudiantes eligieron la carrera de Paleontología, que comenzó a dictarse este año. Apenas 43 se anotaron en Floricultura; 49 lo hicieron en Bibliotecología, 51 en Agrimensura, 51 en Ingeniería Naval, 55 en la carrera de técnico en Bioterio, 71 en la licenciatura en Ciencias de la Atmósfera y sólo 23 en el Bachillerato Universitario en esa especialidad, una carrera de tres años de duración. En el otro extremo, Abogacía concentró 6959 nuevos alumnos, seguida por Medicina, con 6724, y Psicología, con 6302, en un sorpresivo tercer lugar.
Los docentes y estudiantes de las carreras menos pobladas encuentran muchas ventajas, según las consultas realizadas por LA NACION. Entre ellas, la de compartir un “ambiente familiar” y un conocimiento personalizado de los alumnos, que suelen pasar mucho tiempo en la facultad fuera de las clases y acceden con más facilidad a los instrumentos prácticos.
Sin embargo, un curso con pocos alumnos puede impedir algunas prácticas pedagógicas grupales, o, de tan “familiar”, volverse desorganizado o no respetar los horarios.
Para María Gassmann, secretaria académica del Departamento de Ciencias de la Atmósfera de la Facultad de Ciencias Exactas, la razón de la escasa cantidad de inscriptos es el desconocimiento de toda la oferta académica.
“No es común encontrarse con un meteorólogo, saber qué formación tiene y en todo lo que puede trabajar más allá de la predicción meteorológica”, explicó. Mencionó temas clave para el país, como el estudio de caudales de ríos para anticipar inundaciones, la contaminación del aire, el cambio climático y la relación del clima con los cultivos.
A la carrera, que hoy tiene en total 120 alumnos, muchos llegan sin saber la carga horaria de matemáticas y física que deberán atravesar. Eso le pasó a Ramiro Saurral, de 22 años, que está en tercer año y cursa materias con sólo cinco o seis compañeros más. “Al principio esperás cosas más concretas, pero la atmósfera se rige con leyes físicas y matemáticas”, se resignó.
Un trato familiar
“Aquí es muy difícil desaprobar una materia. El trato es muy familiar y contemplan situaciones personales”, señaló Matías Bertolotti, de 23 años, que llegó a Ciencias de la Atmósfera “por curiosidad sobre la naturaleza”.
A su lado, Romina Mezher, también de 22 años, afirmó que a esa carrera se llega “por pasión” y encontró una desventaja en la escasa cantidad de estudiantes: “A veces todo se vuelve muy familiar y se desorganizan las cursadas”, dijo. Gassmann apuntó otra objeción: “Puede ser difícil para el docente encontrar incentivos cuando, como sucede en el último año, tenés dos alumnos en una clase”, dijo.
Aunque está en el penúltimo lugar en la cantidad de estudiantes inscriptos, la carrera de Paleontología hizo en 2001 una muy buena inscripción, teniendo en cuenta que fue el año de su debut en la UBA.
“Fue un número muy razonable, más de lo que esperábamos”, admitió Beatriz Aguirre Urreta, coordinadora de la comisión de nueve docentes que se encarga de poner en marcha la carrera, que durará cinco años y se dictará sobre la base de cursos generales que ya se dan en la facultad y otros específicos, pero sin nuevos cargos docentes.
“Esto es una casa, una familia. Los chicos salen y entran de los laboratorios libremente todo el tiempo, hay mucho contacto con los docentes. Los estudiantes tienen en general un buen desempeño porque se sienten contenidos”, dijo Aguirre Urreta.
En expansión
El desconocimiento explica también la escasa cantidad de interesados en estudiar Bibliotecología y Ciencias de la Información, un área que, paradójicamente, está en plena actualización de sus conocimientos y expansión de su salida laboral.
“La Bibliotecología experimentó un cambio radical con las nuevas tecnologías de la información, pero para muchos sigue asociada a una representación social bastante pobre”, afirmó Nicolás Tripaldi, docente de la carrera en la Facultad de Filosofía y Letras, con cursos que, en los últimos años, no pasan de 15 alumnos.
El plan de estudios se reformuló en 2001 para capacitar especialistas en adquirir, procesar, organizar, almacenar y difundir información, más que en acomodar libros en estantes. Así, la salida laboral posible incluye a las bibliotecas, pero también actividades novedosas, como los brokers de información –que buscan datos para terceros– o la arquitectura informacional –organización de páginas web y diseño de sistemas de navegación en Internet–.
“Se establece un vínculo menos verticalista con los estudiantes, más de gente que comparte un interés”, comentó Tripaldi.
También tiene un futuro promisorio la carrera de Floricultura, que en las sedes Devoto y Escobar de la Facultad de Agronomía recibió, en 2000, a 65 estudiantes en primer año.
Orientada al aspecto productivo, la carrera forma para producir flores de corte, plantas de interior y bulbos. “Hoy existe una oportunidad para la Argentina de exportar flores orgánicas a Europa. Tenemos ventaja como país productor, aunque estamos lejos de los mercados”, dijo Jorge Lemcoff, director de esa carrera, y de la de Jardinería, que normalmente dobla en cantidad de alumnos a Floricultura.
El director Lemcoff explicó que “la jardinería tiene una salida laboral en la creación y el mantenimiento de jardines sin tanta inversión inicial”. En el año 2000 entraron 116 alumnos en primer año.
La escasa cantidad de inscriptos es funcional a las exigencias de la formación. “Tenemos que armar cursos de hasta 25 alumnos porque tienen que trabajar en invernaderos, con macetas, sustratos, semillas y trasplantes”, dijo Lemcoff.
Trabajar con una población limitada de alumnos permite acomodar los horarios, dar clases los sábados y en turnos vespertinos para los que trabajan, aseguró el director de la carrera.
Inscripciones para 2003
- La inscripción al Ciclo Básico Común (CBC) 2003 se realiza hasta el 22 de noviembre, según fechas indicadas de acuerdo con la inicial del apelido: el cronograma está disponible en www.cbc.uba.ar. Se habilitan, de 9 a 19, las sedes de Ciudad Universitaria (Pabellón III), Drago (Holmberg 2614, Capital), San Isidro (Córdoba y Lima), Avellaneda (Eva Perón y Güemes), Merlo (Balbín y Córdoba); de 7 a 14 en Escobar (Hipólito Yrigoyen 430), y de 9 a 17 en la sede Paternal (Av. San Martín 4453, Capital). Para obtener mayor información, la editorial Eudeba ya editó la Guía del Estudiante, que contiene una actualización de todas las carreras.




