Las exploraciones del misterio

Andrés Labaké interpreta con un tono personal el paisaje americano; la alegría de los símbolos en la obra de Jorge Nigro; los acrílicos de Yaco Nowens
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2 de diciembre de 2001  

Andrés Labaké nació en San Juan en 1960 donde pasó los primeros años de su niñez. Radicado en Buenos Aires se recibió de arquitecto en nuestra facultad.

Para insertarnos favorablemente en el mundo que nos propone Labaké todo cuenta, ya que se trata de un intérprete del enigma recorrido a partir de series paisajísticas muy difíciles de ubicar desde el punto de vista estilístico. Sabemos que en diferentes viajes recorrió nuestra América latina, a cuya sensibilidad él se siente adscripto. Los trabajos de Labaké están centrados en series tales como La tierra herida o Asentamientos humanos , todos realizados con técnicas mixtas que se nos antojan acrílicos enriquecidos por algún pegamento que les otorgan sutiles texturas.

En la serie En tierras heridas , el gran plano, a veces de dimensiones apreciables (un metro cincuenta por uno cincuenta), nos muestra una herida central cosida y unidas ambas partes por una larguísima y finísima canoa. Los Asentamientos Humanos están vistos desde una perspectiva aérea de chozas y de barcas sobre el río. Recuerdo sólo una obra: El clima de tu memoria , en que aparece una delgada figura humana como tema central. Hablé del mundo de Labaké; también podría decir el clima que habita ese mundo, un clima de sugestión que no teme la desnudez de la tierra, quizá porque no teme la desnudez del alma. La realidad está presente pero tamizada a través de un espíritu reconcentrado sobre su propia interioridad. Los grandes planos amarillos (la tierra) brillan, a veces con ocres o lilas más oscuros. Resulta para mí bastante obvio que se trata de un pintor metafísico, esto es, que partiendo de lo físico va mucho más allá. ¿Adónde? Precisamente, al reino del misterio, que es la más honesta de las contestaciones. Consumado maestro a los 40 años, dueño de forma y contenido, nos abre horizontes hacia el infinito.

(En Praxis, Arenales 1311, hasta el 8 de diciembre).

Fuerzas cósmicas

Si alguien me preguntase cuál es la principal virtud del arte de Jorge Nigro no vacilaría en contestar: su alegría. Sabemos con Spinoza que se trata más que de un premio a la virtud, la virtud misma. Para captar alegría es necesario estar en comunión con las fuerzas positivas del cosmos, ya que sabemos que por ese gran espacio también flotan las negativas. El secreto reside en una disposición espiritual del creador, en este caso Jorge Nigro, al que poco conocíamos por su larga residencia europea. Estilísticamente hablando, si bien pasó por el taller de grandes maestros, el que mayor influencia tuvo en su estética fue sin duda José Gurvich, durante su estadía en Montevideo, donde entró en contacto con los brillantes miembros del Taller del Torres García. No puede pues extrañarnos que este aire de familia lo acerque al mundo de su hermano mellizo Adolfo Nigro.

El arte de Jorge Nigro responde a una pintura culta como lo demuestra su Homenaje a Vermeer , donde un gallo que encierra muchos argumentos se posa sobre un semicírculo donde el famoso Vermeer de espaldas pinta en este caso una escena idílica de desnudos, escaleras y peces. En su importante trabajo La vida , el recurrente gallo, rodeado de símbolos, contempla un círculo dividido en cuatro escenas, cada una de las cuales cuenta su propia historia. ¿Pintura literaria? No sería difícil caer en la trampa de afirmarlo; tan sólo que Jorge Nigro nos da equivalentes plásticos inapelables de sus múltiples visiones. Se trata pues de una figuración bien basada en el constructivismo que el Río de la Plata le debe a Torres. La paleta es clara con preponderancia de naranjas y amarillos, los colores que acompañan estados de ánimo afirmativos. Un valioso artista que nos alegramos esté exponiendo entre nosotros.

(En Galería Renoir, Arroyo 840, hasta el 6 de diciembre).

Abstracción lírica

El veterano y ya consagrado artista Yaco Nowens vuelve a regalarnos con su muestra de acrílicos sobre tela distribuidos en distintos espacios que ya albergaron las obras de valiosos maestros. La obra de Yaco se mantiene dentro de una abstracción lírica que nos permite adivinar el gesto de la pincelada, mantenido el todo dentro de composiciones de gran equilibrio geométirco, afín a las primeras etapas del cubismo. Colores restallantes, líneas que se entrecruzan a veces para aludir a una cierta figuración paisajística. Es grato recoger el fruto de tanta experiencia puesta siempre al servicio de lo bello.

(En Hotel Reconquista Plaza, Reconquista 602, hasta mañana).

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