
Las joyas de Maria Callas
La espectacular subasta será en Ginebra; se suman alhajas de la duquesa de Windsor
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La fórmula es imbatible. Cuando la leyenda y el arte van por la misma vereda, los resultados están cantados. El caso más patente de la historia reciente fue la serie de subastas organizadas por la otrora exitosa ejecutiva de Sotheby´s Dede Brooks con las colecciones de Jackie Kennedy desde el sombrero inconfundible de la primera dama hasta la reposera en la que JFK dormía la siesta en la casa de Iannisport. Esta vez le toca el turno a la otra mujer de Onassis, la diva griega Maria Callas, nacida como Cecilia Sofía Anna Maria Kaologeropoulus, en Nueva York, el 3 de diciembre de 1923. El gran momento en la vida de Callas, su mejor oportunidad, fue cuando reemplazó, durante las tres últimas funciones de Aída, a Renata Tebaldi, en la Scala de Milán, en 1950. Lo que vino después es historia conocida: durante diez años Callas capturó el escenario operístico del mundo entero, interpretó 23 papeles y cantó en 200 funciones. Paralelamente vivió una vida de película, hasta tal punto que fue Luchino Visconti el que advirtió las innatas condiciones actorales de esa voz hecha mujer. Las joyas eran su debilidad y los diseños que para ella creó Van Cleef & Arpels tuvieron siempre un lugar asegurado en la crónica social de la época. En la foto (a la izquierda) luce un collar de rubíes y brillantes, juego de pulsera y aros. Lleva en la mano un poderoso brillante estimado en 185.000 dólares, diseño de Van Cleef de 1967, diez años antes de la muerte de la diva. La separación de Onassis fue un golpe del que Callas nunca se recuperó. El desencanto y la tristeza afectaron también el timbre de su voz, que ya nunca sería la misma.
En Ginebra también serán rematadas joyas que pertenecieron a la duquesa de Windsor, como el par de aros de rubí y brillantes (foto), diseño de Cartier de 1965, estimado en 120.000 dólares. Con esos mismos aros fue fotografiada por Cecil Beaton. La colección de joyas de la duquesa de Windsor es un verdadero tesoro formado por los regalos que le hizo su amado David, el hombre que no fue rey por el amor de una mujer, según la versión oficial. Los aros de rubíes fueron usados por Wallis Simpson para la recepción que le ofreció el entonces presidente Nixon en la Casa Blanca en 1970. La rematadora Sotheby´s prefirió mantener en reserva la estimación del brillante azul de diez quilates que será incluido en la venta del próximo 17. Puede ser un récord.
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