Las mil páginas de Freud
Por Eduardo Müller
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Con motivo de la aparición de Sigmund Freud. El siglo del psicoanálisis, cautivante biografía del descubridor y del descubrimiento del psicoanálisis, La Nación entrevistó a su autor, Emilio Rodrigué, destacado psicoanalista argentino radicado hace años en la brasileña y tropical Bahía.
A diferencia de los dos biógrafos que alcanzaron mayor notoriedad, Ernest Jones, que era psicoanalista pero no escritor, y Peter Gay, buen ensayista pero no psicoanalista, Rodrigué reúne ambos quehaceres, es escritor y psicoanalista. En efecto, es autor, entre otros libros, de la novela Heroína, que llegó al cine (curiosamente también llamado "biógrafo") y en el que el propio Rodrigué "interpretó" a un analista. También escribió numerosos artículos y libros psicoanalíticos.
Las mil páginas de esta biografía corresponden por igual a la obra del escritor y del psicoanalista. Sin perder jamás la capacidad de asombro, Rodrigué le agrega a su sabia escritura el saber acerca de lo que escribe. Tal vez sea ésta la fórmula de todo buen libro.
-¿Qué rasgos distintivos tiene esta biografía de Freud con respecto a las otras?
-Las biografías, como los automóviles, se desactualizan con rapidez porque, en el caso del psicoanálisis especialmente, continuamente va apareciendo mucho material nuevo (correspondencias de Jones y Ferenczi y algunos textos que quedaron liberados al secreto y la discreción). Mi Freud, festejando el centenario del nacimiento del psicoanálisis, es un auto último modelo que tiene la peculiaridad de ser latinoamericano.
-Usted también dice que las biografías son nacionalistas de corazón. ¿Cómo es el Freud latinoamericano o, mejor dicho, el Freud argentino-brasileño?
-Las biografías, como las novelas, son intrínsecamente nacionalistas. En este caso, creo que hay una serie de ventajas en un "Freud latinoamericano": nosotros somos bicéfalos, con una cara propia, y otra, también propia, apuntando a Europa. Esa actitud nos hace permeables a muchas influencias, para bien y para mal. Es increíble la falta de información de los europeos acerca de todo lo que pasa fuera de sus fronteras; por ejemplo: el año último le pregunté a Hanna Segal, reconocida analista kleiniana de Londres, qué opinaba de Elisabeth Roudinesco, importante historiadora del psicoanálisis francesa. Ella se detuvo a pensar y dijo: "Roudinesco... ¿es la hija de Ionesco?" Hay una especie de snobismo del no saber en las capitales del Primer Mundo. Asimismo, cada vez más creo que el futuro del psicoanálisis está en el Cono Sur.
-¿Cuál es la biografía de esta biografía?
-Al estudiar las guerras de las Malvinas, las primeras, las del aceite hirviendo, me enseñaron que había causas mediatas e inmediatas. En este caso, las causas mediatas se remontan a mi novela Heroína, donde pinto a un analista japonés interesado en el sueño de la Inyección de Irma, sueño de principes de Freud. Desde esos tiempos, 1968, me interesaron los sueños de Freud. La causa inmediata fue la entrada de la computadora en mi vida, lo que me permitió escribir, en relativamente poco tiempo -cinco años- una biografía de más de mil páginas. A eso se suma que vivo en Bahía, junto a la playa, en un lugar tranquilo, y que sólo trabajo veinte horas con pacientes. Y por si fuera poco, la vida de Freud me fascinaba.
-¿Descubrió hechos nuevos, omisiones importantes, silenciamientos, falsedades?
-Creo que sí. Ernest Jones es el gran responsable de lo que se ha denominado la hagiografía freudiana, o sea, escribir Freud con los colores de los ángeles. Y Freud, lejos de ser un ángel, era un neurótico muy complicado. Me llama la atención, por ejemplo, el mito de que Freud llegó virgen al casamiento a los treinta años. Un hombre bonito, de fogosos ojos negros, que tomó esa droga erótica que es la cocaína por más de diez años... Que se lo cuenten a otro. El mayor descubrimiento que hice fue el caso Max Eitington y las vicisitudes de Mina Bernays, la cuñada de Freud; ambas historias tienen tanto suspenso que, como en las películas, mejor no contar el final.
-Usted dice que luego de la biografía de Jones, los analistas tuvieron que resignificar la vida privada de Freud. Con la de Peter Gay eso no sucedio. ¿Piensa usted que eso sí pasará con la suya?
-Buena pregunta. Critico a Jones, pero reconozco que tuvo grandes méritos; tanto es así que uno puede escribir sobre Freud sin pasar por Jones. Además, lo que él escribió sobre Fliess y sobre la cocaína fue de gran valor. El Freud de Gay está bien escrito, es mucho más legible que Jones, pero tiene tres fallas serias e interconectadas: primera, el sectarismo al que me referí; cosa increíble: Lacan no aparece en el índice, y mucho menos en el texto. Gay ve al psicoanálisis con la óptica norteamericana. Segunda falla, es superficial, con poco conocimiento de la teoría psicoanalítica, y tercera, trata a Freud como si fuera "Mi personaje favorito", de la revista Selecciones.
-Usted escribe "la biografía de Freud es la biografía de mi análisis con él... yo no salgo de esta experiencia siendo la misma persona". ¿Sale Freud de esta experiencia siendo otra persona que la de antes de empezar?
-Tema importante, complicado de resumir. Yo diría que entré en una transferencia absoluta con Freud, o sea, al interpretarlo me interpretaba. Cuando finalmente me puse el punto final, algo sucedió en mí y rompí el espejo transferencial. Lo que significa que estoy viendo a la teoría psicoanalítica con otros ojos.
-¿Considera que Freud fue un analista freudiano?
-Freud comenzó a ser freudiano al escribir su Proyecto, en 1895, y nunca dejó de serlo. Con todo, no sé si él estaría de acuerdo.
-Además de psicoanalista, usted es escritor. Desde esa condición, ¿cómo escribía Freud? De sus traductores al castellano, ¿a quién se parece más, a López Ballesteros o a Etcheverry?
-Mi alemán es muy pobre para dar una opinión sobre el estilo de Freud. Hablando ya fuera de la transferencia, yo diría que dos cosas me molestan en la prosa de Freud: un afán de seducir al lector y la forma de hablar de sus adversarios. Existe un retorno a López Ballesteros que me parece simpático. Pero, para estudiar, prefiero a Etcheverry. El mejor traductor de Freud al castellano, de lejos fue Ludovico Rosenthal.
-¿Qué tipo de lector, qué tipo de lectura imagina, desea para esta biografía?
-Si una persona me preguntara por dónde comenzar a leer la obra de Freud, yo le contestaría con convicción: "Primero comience por Sigmund Freud, el siglo del psicoanálisis. Escribí una buena introducción al pensamiento y la obra de Freud.




