
Las mil y una noches
Muebles portugueses, platería con punzón, pinturas y alfombras ex colección de Rosemarie Kanzler-Marcie Riviere rematará Saráchaga pasado mañana
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Si no fuera verdad, merecería ser un cuento de hadas la vida de Rosemarie Kanzler-Marcie Riviere, una rubia espléndida, cinco veces casada, coleccionista y millonaria, que por esas vueltas del destino terminó sus días en la Argentina, en La Favorita, la estancia de Brandsen que compró a los herederos de los Méndez Goncalves y hoy es propiedad del empresario Germán Neuss.
Después de haber vivido en los alpes suizos, en una finca mexicana, en los bosques de Canadá y en la Riviera francesa, Rosemarie se instaló en la casa colonial portuguesa rodeada de 900 hectáreas. Fue su amigo el gran decorador Alberto Pinto, archifamoso en el mundo entero, quien ambientó los interiores y con exquisito gusto cuidó hasta el ultimo detalle para la apertura de los salones con una fiesta inolvidable recordada como"la fiesta del amarillo"
Parte del clima que hizo de La Favorita una lugar inolvidable se respira en estos días en el petit hotel de Saráchaga, presidido por la pintura orientalista del francés Leroy, a tono con la sensualidad de Rosemarie, que acrecentó su fortuna con cada alianza matrimonial. La más encumbrada fue su boda con el magnate Ernest Kanzler, viudo de Eleanor Clay Ford cofundador de la Ford Motor Company, banquero y carismático líder. De los tiempos neoyorquinos, Rosemarie conservó la amistad de Amalita Fortabat, con quien compartía, además, el amor por Grecia: ambas tenían villas que balconeaban sobre el mar Egeo. La de Rosemarie estaba rodeada de un vergel de flores, un parque de 20 hectáreas concebido como un oasis en la aridez de las islas.
La subasta comenzará pasado mañana, a las 19, cuando Juan Antonio Saráchaga coloque bajo el martillo los muebles portugueses, las alfombras victorianas de needlepoint , los cubiertos ingleses con punzón de Thomas Chawner, el juego de porcelana con el nombre de La Favorita grabado en el borde y las cómodas italianas elegidas por Alberto Pinto para escoltar la cama luso brasilero de madera de jacarandá, siglo XVIII, de la habitación de Rosemarie Marcie Riviere. Será una dura pelea entre los conocedores, dispuestos a no perder una oportunidad única. Ventas como ésta suelen ser frecuentes en Londres o en Nueva York, pero son rarísimas en Buenos Aires. Van como ejemplo las soperas faience Francia siglo XIX, que según los bien informados fueron un regalo de Cristina Onassis. O la mesa scagliola, de mármol con incrustraciones de piedras duras. La pintura orientalista que ilustra este comentario lleva la firma Paul Leroy, se titula En el harem y tiene una estimación de 150.000 dólares. Al fondo del salón , el visitante descubrirá un paisaje con ruinas (gusto muy neoyorquino), de autor anónimo, con base 12.000 dólares.
La exposicion puede visitarse hasta mañana, de 10 a 13 y de 16 a 21, en el petit hotel de la calle Juncal. La recorrida es un viaje por culturas y mundos diversos amalgamados por el buen gusto. Desde la pintura francesa al barroco colonial, la colección Rosemarie Kanzler Marcie-Riviere resulta un modelo válido del eclecticismo, al demostrar que todos los estilos pueden convivir bajo el signo de la calidad. Completan la venta obras de otras procedencias, entre ellas, la pintura de Richard Adams una vista de Buenos Aires de valor iconográfico, fechada en 1832, catalogada por Aníbal Aguirre Saravia, que va en busca de nuevo dueño con una base de 220.000 dólares.
Es lindísimo el retrato de Alfredo Pachelo bien pintado por Emilio Centurión, pintado en 1932. Hay en la pose y en la actitud del modelo una manera que recuerda al retratista soberbio que fue Alfredo Guttero.
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