
Lectura densa y desenfadada
LAS PELICULAS DE MI VIDA Por Alberto Fuguet-(Alfaguara)-386 páginas-($ 28)
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La libertad en la escritura y una desenfrenada imaginación para acumular historias se combinan para lograr ensartarnos por el ojo de la aguja de la ficción induciéndonos a ingresar en Las películas de mi vida. Una lectura desenfadada y densa, divertida e inteligente, amena y artística. Basta la lectura de este libro de Alberto Fuguet para sorprenderse de la libertad con que maneja sus propias reglas y hace surgir un relato cuya máxima virtud es la de la simulación, acaso el mejor elogio para un narrador inclinado a engañarnos y sortear nuestras resistencias a admitir una escritura poco convencional.
Las películas de mi vida propone el repaso de una familia chilena desde los años sesenta a nuestros días. El protagonista es un científico dedicado a la sismología que reconstruye su vida hilvanando las películas que conformaron sus sueños y su imaginación. Terremotos y cinematografía son los vértices simbólicos del argumento, el primer plano de la simulación; porque el propósito de Fuguet no es dar cuenta de los más truculentos movimientos sísmicos ni aprovechar la crítica cinematográfica para hacer un recuento de obras maestras. El verdadero terremoto es afectivo y familiar, humano y personal; es también nacional.
La novela adopta un punto de vista complejo: el de un inmigrante norteamericano de origen chileno desarraigado en la infancia de su patria californiana para ser implantado en una nación no menos dividida que su ser íntimo y en una familia que es símbolo de las numerosas piezas que componen un rompecabezas en el que las fallas amenazan el cataclismo final.
Estamos ante una situación inversa de la que suele presentársenos: el norteamericano es el emigrante en Chile; Los Angeles es la meca del cine, el paraíso perdido. Las cincuenta películas evocadas constituyen la colección de recuerdos que servirían a cualquiera para recuperar el pasado con mayor viveza que la propia existencia. Fuguet las ha seleccionado de acuerdo con cierto orden personal, no en función de su valor artístico sino tratando de establecer un vínculo simbólico con la vida del protagonista. No fueron sólo proyecciones a las que circunstancialmente asistió; sirvieron para modelar sus ilusiones, para sugerirle horizontes de evasión, le enseñaron a amar y a temer.
Los movimientos sísmicos y las películas son el reflejo de otra intuición más inquietante: que nos fragmentamos en nacionalidades, sentimientos, ansiedades, que tenemos el sentimiento de no estar del todo en el mundo.
© ABC y LA NACION




