
Los abogados, cada vez más lejos del ejercicio independiente
Hay una tendencia a la concentración de profesionales en grandes estudios
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"En Mendoza, hace poco se pedía en el diario un estudiante de abogacía, pero los que se presentaran debían pagar $ 150 por mes para que el estudio los aceptara y les enseñara. ¡Ya no te contratan a vos, sino que vos tenés que contratarlos a ellos!", dice José María Videla, estudiante del último año de abogacía en la Universidad Nacional de Cuyo.
"Imagínense cómo puede ver uno el futuro", apunta con desconsuelo.
El ejemplo sirve para reflejar el cambio de circunstancias por las que atraviesan hoy en todo el país los estudiantes de abogacía, carrera que hasta no hace tantos años parecía asegurar un destino de certezas.
Sin embargo, a pesar de que el contexto es cambiante y poco promisorio, bastante distante de aquel que durante décadas identificó la chapa en la puerta y el título en la pared como el salvoconducto para la realización profesional, la vocación de los jóvenes argentinos por el estudio de las leyes parece mantenerse muy firme.
Lo demuestran los 140.000 alumnos de abogacía que se distribuyen en 44 universidades: 23 nacionales y 21 privadas. Es la especialidad con mayor número de estudiantes en todo el país, con alrededor de un 13% de la matrícula.
Solamente en la Facultad de Derecho de la UBA estudian 27.000 alumnos y egresan alrededor de 3000 por año, que van a engrosar la ya abultada estadística porteña de un abogado cada 69 habitantes. Se trata de un número muy alto en la comparación internacional, dado que en los Estados Unidos la proporción es de un letrado por cada 279 habitantes.
A los estudiantes de abogacía no los desalienta, según parece, el panorama de los miles de egresados que sobreviven a duras penas, convirtiendo muchas veces en letra muerta la ley de aranceles -honorarios tarifados- que tienen la Nación y todas las provincias y que es la que establece el costo aproximado de cada actuación profesional.
"Aceptan, en cambio, montos fijos bajísimos", dice Ramón Avena, un abogado del foro santafecino con 20 años de experiencia profesional.
A su entender, éste es un ejemplo entre muchos que demuestra cómo la cantidad de abogados va en desmedro de la calidad y del crecimiento profesional. Habla incluso de una proletarización de la profesión, que ha llevado a una creciente cantidad de abogados a emplearse en estudios jurídicos en jornadas de 8, 10 o 12 horas diarias, por 600 o 700 pesos por mes, "que es el salario de una buena empleada doméstica".
Realidad durísima
"El tema es preocupante, no sólo en la Capital Federal, sino en todo el país, porque no hay trabajo para absorberlos", dice el doctor Angel Bruno, vicepresidente primero del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal, entidad que tiene 60.000 abogados matriculados. La cifra duplica los 30.00 abogados que ejercen la profesión en Francia.
Bruno habla de una realidad laboral "durísima", donde la concentración del ejercicio profesional en megaestudios -la tendencia de los últimos años- deja al estudio unipersonal, o de pocos socios, en pésimas condiciones para competir.
Las nuevas realidades de la economía global, los temas ambientales y el uso de nuevas tecnologías, por caso, exceden cada vez más el análisis en solitario y exigen estructuras multidisciplinarias, con abogados capaces de resolver temas mucho más densos. Se da entonces la señalada concentración, que algunos miran con sumo recelo.
Pero la idea de mantenerse en la profesión con el perfil de abogado que hace de todo un poco más bien se parece a una quimera de épocas superadas.
La superproducción de títulos genera, según distintos especialistas consultados, una curiosa realidad: difícilmente hoy en la Argentina, aun en los estratos socioeconómicos bajos, alguien no tenga entre sus parientes, vecinos, amigos o vinculaciones cercanas a un abogado a quien dirigirse en caso de problemas.
"Eso limita el crecimiento de una clientela porque la gente prefiere acudir a quien supone que, por ser conocido, sus eventuales costos serán menores", dice Julio Moyano, abogado que litiga en la provincia de Buenos Aires.
"No todo el mundo repara en que un abogado inexperto, o directamente malo, termina siendo más caro. Suponen que si tienen el título es suficiente."
La paradoja es que la sociedad tiene una creciente necesidad de servicios individuales y sobran abogados. Pero los costos, los honorarios y la ineficiencia de una estructura judicial colapsada hacen que los problemas del común de la gente muchas veces queden sin solución.
La carrera más elegida
¿Por qué, si el panorama asoma como sombrío, la carrera de abogacía sigue encabezando las preferencias de los estudiantes?
“Es la única carrera que permite ganar una fortuna en poco tiempo o con poco y fácil trabajo”, dice el doctor Julio Moyano, al plantear la contracara de una profesión en crisis.
“Como los honorarios se regulan en función de la ley de aranceles, que establece aproximadamente un 18% del monto obtenido en la sentencia, cualquier juicio de alguna trascendencia permite percibir cifras que en otra profesión llevaría años ganar.”
Andrés D’Alessio, decano de Derecho de la UBA, reconoce que el ejercicio independiente pasa por momentos duros.
“Pero si los chicos llenan las aulas de Derecho en todo el país es porque saben que la carrera les ofrece múltiples salidas laborales, que incluyen la Justicia, la cátedra o la función pública, entre otras”, enumera.
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