
Los accidentes del amor
En Una novela real, la japonesa Minae Mizumura narra una historia pasional en la que, al reescribir con originalidad el clásico Cumbres borrascosas, explora el conflicto de clases en una sociedad rígida, y la cambiante relación entre Oriente y Occidente
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Para LA NACION
Una novela real
Por Minae Mizumura
Adriana Hidalgo/Trad.: Mónica Kogiso/607 páginas/$ 78
Ganadora de uno de los más prestigiosos premios literarios del Japón, Una novela real , de Minae Mizumura, reescribe a su modo el clásico inglés Cumbres borrascosas (1847), de Emily Brontë. Pero no lo hace para adularlo, sino para señalar el conflicto fatídico entre clases dentro de una rígida estructura vertical y, a su vez, explorar la cambiante relación entre Japón y Occidente: en primer lugar, Europa, y, luego, el Occidente representado por Estados Unidos.
La sutileza en la escritura de Mizumura no debe sorprender. En sus dos novelas previas, ya había trabajado con resonancias de la tradición literaria al tiempo que, con espíritu innovador, optaba por disposiciones creativas sobre la página o, como en el caso de Una novela real , la inclusión de fotografías. En Luz y oscuridad, una continuación (1990) había proseguido una obra póstuma e inconclusa de Natsume Soseki y en Una novela del yo, de izquierda a derecha (1995) procreó una autobiografía novelada que, al tomar en cuenta su experiencia internacional (Mizumura vivió muchos años en Estados Unidos), mezclaba los idiomas y exploraba los efectos de los cruces culturales.
El centro de Una novela real , como un corazón que late y que se oye al pasar por el resto de sus páginas, es un amor que fue más anhelado que gozado, más perdido que saboreado, un deseo nutrido del hambre y por ende nunca satisfecho. La estructura, en cambio, como un rompecabezas, juega con distancias y claves. Lleno de suspenso y sugestión, es un libro en el que distintas miradas contribuyen al relato de un mismo suceso. También aborda con originalidad la separación entre realidad y ficción: aquí tenemos un relato autobiográfico, en que la autora cuenta un extraño, pero posible, hecho de su adolescencia y juventud. En ese entonces había conocido al protagonista de esta novela que, encargada por un tercero, ella misma elaboró años más tarde. El recuerdo permite solo el relato de impresiones: la hermosura masculina, la competitividad feroz, la inteligencia casi monstruosa y la conquista rápida de riquezas y renombre. Nada de esto permitiría escribir una obra acabada o "auténtica". Por eso, cuando años más tarde se le cruza un joven misterioso que nombra a aquel personaje del pasado y dice que busca a quien pueda escribir la novela de su vida, ella, la propia Minae Mizumura, se sienta a escucharlo.
Yusuke Kato, un muchacho que trabaja en una gran editorial en Tokio, sufre un accidente en bicicleta durante sus vacaciones en una zona veraniega en las montañas. Estamos a fines de los años noventa. Los efectos de la "burbuja económica" se perciben en el consumo y lo superficial de las relaciones. Es agosto, época de los festivales religiosos de Bon , pero la mayoría de la gente se entrega a los fuegos artificiales en vez de honrar a los muertos y rezar por la paz de sus almas.
Al salir de ese ambiente, Yusuke termina por chocar contra el cerco de una de las residencias del lugar: lo invitan a entrar y así ingresa en un mundo en el que el tiempo parece detenido desde hace décadas. Las dos personas que hay en la casa vibran con una intensidad que se asemeja más a la fantasía o al arte. Ve a un hombre exaltado, bello y feroz. La mujer que lo acompaña -a quien llama "hermana"- se angustia por los impulsos y las posibles acciones del otro. La tensión entre ellos, y la inminencia de algún suceso significativo, pero aún ignorado, dispara en el muchacho -nuestro testigo accidental- deseos de saber más. La intuición se torna convicción cuando el hombre comenta que ha soñado con el fantasma de una niña frágil y hermosa, y ve cómo se desespera por encontrar un rastro de esa visión quimérica. Al día siguiente, la presencia de dos urnas fúnebres sobre un hogar advierte con punzante certeza una desgracia real, aún por esclarecer.
La mujer -con un aura de tristeza sutil tan atrayente como lo es la ferocidad del hombre- corta un silencio de décadas, y así Yusuke se convierte en receptor de una historia de tres generaciones fatalmente afectadas por un amor tan imposible como persistente.
Se trata de un vínculo iniciado en la infancia entre un huérfano pobre (Taro Azuma) y una niña de una familia de la elite (Yoko). Taro, que encarna el elemento social vedado es, aunque bello, de "dudoso" origen racial: mitad chino, quizá producto de una violación perpetrada durante la colonización japonesa de Manchuria. Es tomado como empleado informal por la abuela de aquella familia, que le descubre talento y lo quiere proteger.
Desde el principio, la conexión entre Taro y Yoko es tan particular e intensa que parece haber surgido de otro mundo. Sin embargo, las reglas sociales impiden que la relación se desarrolle más libremente. Intentan encontrarse en secreto, pero solo logran reforzar las interdicciones. El conflicto termina por ganar a Yoko, que finalmente elige a otro pretendiente, un joven de una familia del mismo nivel. Taro, abatido por el rechazo de su amada, desaparece. Contratado como chofer, emigra a Estados Unidos. Esa sociedad competitiva lo favorece: su fuerza e inteligencia innatas le permiten transformarse en un hombre rico e influyente, algo que jamás podría haber sucedido en Japón. Al regresar puede, ahora sí, reanudar el contacto con Yoko. El marido de ella le reconoce cierta validez emocional al vínculo que tuvieron desde niños y decide respetar la relación (en principio, por lo menos). El lazo llevará a experiencias casi paradisíacas, pero inestables, y, en última instancia, trágicas, imposibles de sostener en el mundo real.
En Una novela real , una escritora (Minae Mizumura) es visitada hacia fines de los años noventa por alguien que le acerca esta historia tan increíble como verdadera. Da la casualidad que ella misma había llegado a conocer al protagonista en su propia juventud: lo que ignoraba era el poderoso destino que movilizaba su vida. Pero cuando lo descubre, logra darle forma y permanencia, darle el sentido que finalmente merece a través de la mejor literatura.


