
Los adultos vuelven a los libros infantiles
Según libreros y escritores, los mayores buscan escapar de una realidad complicada y acercarse a los intereses de sus hijos
1 minuto de lectura'

Una vuelta en tren en la ex línea Mitre a una hora pico es bastante elocuente. En varios vagones hay gente leyendo. En muchas butacas, el libro es Harry Potter, o uno de los de Tolkien o bien algún cuento para jóvenes de autores locales. La sorpresa es que casi todos los lectores usan traje y corbata... y definitivamente lucen más de treinta años.
El fenómeno parece haber tomado a Buenos Aires por asalto. Un recorrido por las librerías porteñas indica que cada vez son más los adultos que se acercan a los vendedores, confiesan haberse enganchado con alguno de los best-sellers del momento y piden "algo así, medio para chicos, pero que esté bueno para uno", como dijo Amadeo Biocatti, un ingeniero de 53 años que buscaba su lectura de verano en un shopping de Palermo.
"Compré el primer Harry y no pude parar. Con Tolkien me enganché también. Ahora quiero ver qué más hay que me entretenga y me haga soñar en un momento como éste. Aunque sea para chicos", explicó.
Amadeo no está solo. De acuerdo con un artículo de la revista británica The Economist, los adultos que se vuelcan a la literatura juvenil son un fenómeno mundial que trasciende los éxitos editoriales del momento. Y si bien las razones esgrimidas se derivan de otro contexto, tienen en común con la Argentina un anhelo de salir de este mundo complicado y poder entender sin esfuerzo la línea argumental.
Efectos fuertes
Según los libreros porteños consultados -y a pesar de que Tolkien es un fenómeno de culto muy particular-, el efecto de estos libros y de los de Rowling fue muy fuerte porque se unieron intensas campañas publicitarias con la necesidad de escapismo de un momento de crisis. Y ahora los adultos van por más.
En la librería Cúspide de Florida, por ejemplo, el vendedor Carlos Polotto aseguró que recibe crecientes consultas de adultos que quieren seguir leyendo cosas para chicos. "Aprovecho y les recomiendo autores nacionales, como Elsa Bornemann, Graciela Montes, Silvia Schujer, y en general los llevan", expresó.
En el local de Yenny ubicado en Galerías Pacífico, el vendedor Miguel Fallon dijo que no eran pocos aquellos a los que derivaba a clásicos por la misma razón, en especial de aventuras fantásticas, como Julio Verne. "Creo que la elección también tiene mucho que ver con las tapas. Si parecen muy infantiles, estilo Harry Potter, les da vergüenza. En cambio un clásico siempre es respetable", aseguró a LA NACION.
Las editoriales no son indiferentes a la tendencia. Por ejemplo, para las fiestas, Alfaguara lanzó una promoción por la cual quienes compraban el primer libro infantil de José Saramago, "La flor más grande del mundo", junto con cualquier novela adulta del escritor portugués, se llevaban un tercer libro de regalo (obviamente, "para grandes").
"Evidentemente se apuntaba al lector tradicional del Nobel, los adultos", dijo Analía Rossi, de la editorial.
Obras más accesibles
Según la última edición de The Economist, este fenómeno es el resultado de varios factores: los libros de calidad para adultos no se han vuelto más accesibles en un mundo que deja poco tiempo para dedicar a la literatura ("la necesidad de hacer las novelas originales suele tornar imposible descifrar el argumento", dice la prestigiosa revista); los libros para chicos se han vuelto más "maduros", con problemas de la vida real, y además, llevan a los padres la ilusión de tener algo en común con sus hijos.
En la Argentina, la mayor parte de los lectores consultados dijo que, en un momento de crisis tan profunda, encuentran solaz a cambio de poco esfuerzo con los libros para chicos, que consideraron "adictivos". Pero hubo otras opiniones:
"Lo que está pasando no parece nada extraño -dijo Marcelo Birmajer, autor de más de 20 libros para público joven-. Es en este tipo de literatura donde se refugió buena parte del arte de narrar del país."
Según el escritor de "El alma al diablo", en la literatura para adultos del país "la incomprensión es un mérito y todo es un juego vacuo de lenguaje". "Yo también escribí libros para grandes, y más de un amigo ahora me dice que le gustan más los que hice para adolescentes", sonrió.
Para la mendocina Liliana Bodoc, autora de la épica fantástica "Los días del venado", ganador del premio a la literatura juvenil de la Fundación El Libro, el fenómeno tiene que ver con la búsqueda de nuevas fronteras. "Frente a un modelo que no satisface, la gente busca que le planteen los problemas, pero desde otra óptica. No creo que sea literatura escapista de la situación del país", dijo.
Marcelo Montserrat, profesor de Historia de la Universidad de San Andrés, señaló: "Adultos leyendo obras para chicos es algo que me ha llamado la atención. La razón parece la carencia de fantasía en el mundo actual, que está suplida por esos libros, que responden a una necesidad olvidada por la novelística actual".
Y Vilma Paura, autora de textos escolares, dijo que funcionan "como una forma de lograr complicidad entre generaciones". Más fácil de conseguir que subirse a una patineta o tatuarse en el hombro el símbolo de los Rolling Stones.




