
Los alumnos les ponen nota a sus profesores en la Universidad
Cada vez más instituciones realizan encuestas anuales para controlar la calidad
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Que sepan despertar interés por lo que enseñan. Que no lleguen tarde. Que no falten. Que estén frente a la clase y no envíen siempre a sus adjuntos a hacerse cargo del curso. Que transmitan tanto conocimientos como formas de aprenderlos.
Cuando se invierten los papeles, y los evaluados son los docentes, los estudiantes demandan, exigentes, pero también saben reconocer la calidad.
Cada vez más universidades piden a sus alumnos que, al menos una vez por año, les pongan nota a los profesores. La evaluación se hace, en general, por medio de encuestas anónimas sobre aspectos variados: la metodología que usa el docente, si domina los temas que enseña, si usa recursos adicionales, cómo organiza las clases, si es claro en sus explicaciones, si se muestra disponible a contestar preguntas, si es puntual, si evalúa de manera justa, si deja claros los objetivos de la materia en el comienzo, si promueve el debate.
La preocupación por asegurar la calidad en el aula se está volviendo central en las universidades. En buena medida, se convierte en una herramienta para asegurar la existencia misma de la institución, y a bajo costo.
En quince preguntas
Una vez al año, generalmente en septiembre, los estudiantes de la Universidad de Belgrano (UB) responden una encuesta de quince preguntas sobre cada uno de sus docentes.
"Se cita a los profesores, se les comentan los resultados y se les da la oportunidad de que den su opinión, a la que se suma la del director de la carrera", contó a LA NACION Cristina Alvarez, coordinadora de Diseño y Evaluación Curricular.
La UB tiene un Programa de Desarrollo de Habilidades Docentes, que incluye cursos gratuitos sobre temáticas que responden a necesidades detectadas en esas evaluaciones.
Según Alvarez, "los docentes se interesan en aprender estrategias para combinar la teoría con lo que pide el mercado a los graduados. También por saber cómo incorporar la tecnología a las clases y cómo mejorar las formas de evaluación". De las opiniones de los alumnos -afirmó-, el 90% hace una evaluación positiva respecto de los conocimientos de los casi mil profesores, pero expresan que muchos no saben cómo orientarlos en el proceso de aprendizaje.
En la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), en tanto, las encuestas entre los estudiantes son sólo uno de los mecanismos que se usan para evaluar a los profesores.
En la UNQ hay 140 docentes investigadores nombrados por concurso, que son evaluados cada dos años de manera personal y completa, un proceso del que depende que avancen en un escalafón de quince grados -y mejoren su salario-, desciendan o hasta queden fuera de carrera.
Además de los resultados de las encuestas estudiantiles se toma en cuenta su trabajo como investigadores. "Es una evaluación crítica, una señal de la universidad de que cuando se accede a una posición académica por concurso hay que seguir trabajando", dijo Luis Wall, vicerrector de Asuntos Académicos de la UNQ.
Cerca de los alumnos
Los 150 docentes de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) atraviesan cada año la prueba de los alumnos, con resultados bien diferenciados por carrera.
En Ingeniería Informática, que concentra el 80% de los casi 2000 alumnos de la facultad, piden mayor contacto con los docentes titulares. En otras carreras, solicitan más trabajo de campo, dijo a LA NACION Jorge Recce, secretario académico de la facultad. Los docentes responden a estas exigencias. "Nos solicitan apoyo en la formación pedagógica, porque muchos están muy capacitados en su área, pero no en cómo transmitir lo que saben", afirmó Recce.
Desde 1997, la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) lleva adelante este tipo de encuestas. Desde este año, además, distintas autoridades visitan de manera sorpresiva las aulas. En general, se observa que las técnicas de motivación encabezan los pedidos de los alumnos, algo que determina la oferta de cursos de formación que se hace a los docentes.
Según contó Julia Lechuga, coordinadora del Departamento de Investigación Institucional de la UADE, "aunque las evaluaciones no tienen efecto sobre los salarios, los mejores reciben un premio monetario a fin de año para ser utilizado exclusivamente en la adquisición de material de estudio o equipamiento informático".
En la Facultad de Derecho de la UBA, por su parte, a fines de 2000 se aplicó una encuesta en unos 1400 cursos, monitoreada por la Unesco, que fue respondida por estudiantes y por los propios docentes, lo que permitió cruzar los datos. Aunque todavía se está procesando la información, los primeros resultados muestran dos reclamos recurrentes en los alumnos: que el profesor a cargo esté frente al grupo y que las clases combinen más teoría y práctica.
"El resto de los indicadores tiene mejor evaluación si el docente a cargo da la mayor parte de las clases", dijo Graciela Güidi, consejera docente de la facultad. La intención de la facultad es repetir el proceso cada dos años. En tanto, las evaluaciones se incorporarán a los legajos docentes y se tomarán como referencia en próximos concursos.
También en el exterior
Mientras en la Argentina nace la tendencia de que los alumnos evalúen a sus profesores, en Estados Unidos y Canadá ya es una práctica habitual.
En las universidades de Harvard y Columbia (Estados Unidos) y McGill (Canadá), por ejemplo, existe un proceso formal de evaluación. Al finalizar cada semestre, los alumnos evalúan en forma anónima cada materia de dos maneras. La primera, por medio de un formulario detallado donde califican el método de enseñanza de los profesores, sus conocimientos, la exigencia del curso y la bibliografía.
Este feedback es utilizado por los profesores para mejorar sus clases. Pero hay otra información que es abierta a la comunidad educativa. Aquí los estudiantes elaboran un informe sobre la materia.
"Esta información es un input fuerte para la siguiente camada. Es muy útil para elegir las mejores materias", explicó Alec Oxenford, egresado de Harvard. "La idea es que el estudiante es un cliente que hay que satisfacer", agregó. Felicitas Castrillón, egresada de la Universidad de Boston, agregó: "Me impresionó la autocrítica de mis profesores. Dedicaban una hora a discutir las evaluaciones de los alumnos".
En cambio, en Francia la práctica no es común. "Ni a las instituciones ni a los profesores les interesan las evaluaciones", dijo la periodista francesa Delphine Matthieussent.




