
Los alumnos que rompen mitos y cursan carreras del otro sexo
El año último ingresó el primer varón para estudiar Obstetricia en la UBA, con 300 mujeres
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Emprender una carrera puede resultar un verdadero desafío. Y más para aquellos que deciden estudiar una disciplina dominada ampliamente por el otro sexo. Los papeles parecen cruzarse en chicas que estudian Agronomía o Ingeniería y en hombres que cursan Decoración de interiores u Obstetricia.
¿Cómo se siente un varón que estudia entre más de 300 mujeres? ¿Cuáles son los prejuicios que deben esquivar chicas que deciden seguir la carrera de ingeniería? Chistes, confusiones y mucha valentía se integran a la vida cotidiana, cuando uno decide ir en contramano y estudiar con cientos de compañeros de otro sexo.
El primer hombre que estudió obstetricia, rodeado de más de 300 compañeras, cuenta su experiencia: "Cuando llegué por primera vez al curso, plagado de mujeres, seguí de largo. Junté coraje y, empecinado en estudiar lo que creo que es mi vocación, me animé a entrar", contó Leandro Lencina, primer alumno de Obstetricia de la Facultad de Medicina, de la Universidad de Buenos Aires.
"Las chicas me aplaudían y me señalaban. Es el chico, me decían", agregó Lencina, que este año suspiró aliviado, porque se sumó a las clases otro compañero. Hasta el último año, la carrera sólo podía ser estudiada por mujeres.
En rasgos generales, entre las carreras que atraen más a los hombres se encuentran Ingeniería y Agronomía. En la UBA, esta primera carrera es estudiada por 5900 hombres y por 1200 chicas. En Agronomía, la diferencia es menor: 1500 hombres y 600 mujeres. Las carreras asistenciales y médicas, como Terapia Ocupacional, Dermatología y Fonoaudiología suelen ser las más populares entre el sexo femenino. En la Universidad del Salvador no hay estudiantes hombres en las dos primeras y en la última, sólo tres varones.
Carrera de obstáculos
El primer gran obstáculo en la carrera es el propio prejuicio sobre la profesión. "No tuve pruritos cuando comencé a estudiar esta carrera", sostuvo Matías Breco, único hombre que estudia Decoración de interiores en la -casualmente- Asociación Biblioteca de Mujeres. "Los hombres que estudian carreras de mujeres (o viceversa) buscan ir más allá. No se quedan sólo en el estudio. Es un motor en sus vidas", concluyó.
Las presiones familiares pueden resultar una carga agobiante pero, en general, padres y hermanos suelen apoyar las decisiones de los chicos. "Mi familia creía en el mito de que en toda la Facultad de Ingeniería había un solo baño", contó Inés Zabaleta, alumna de Ingeniería Química, del mismo instituto.
Pero esto no es todo. Lencina también debe soportar las cargadas de sus amigos. "Me envidian, se quieren cambiar de carrera conmigo", bromeó el estudiante, que se sintió apoyado por sus padres, cuando abandonó la carrera de Medicina, para incorporarse a Obstetricia.
Tomada la decisión, otra valla se presenta, esta vez mayor: el primer día de clase. "El shock fue sobre todo en un comienzo. Como soy tímido, me dio vergüenza entrar a la primera clase. Después, uno se acostumbra", contó Adrián Vechelli, que está en tercer año de Psicopedagogía, de la Universidad del Salvador. Allí estudia un sólo varón, custodiado por 120 mujeres.
Obviamente, un hombre no pasa inadvertido entre tantas mujeres. "Los profesores y mis compañeras me ubican rápidamente, con las ventajas y las desventajas que tiene", contó Carlos Rodríguez, que cursa las últimas materias de Nutrición en la UBA. Según el censo estudiantil del año 2000, estudian Nutrición unas 2090 mujeres y 152 hombres.
Se complementan
La convivencia de una sola mujer entre decenas de hombres puede amedrentar. Pero la realidad no es así. Un caso es el de Natalia Pérez, estudiante de Ingeniería Electrónica en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA). Para ella, "estudiar con hombres es un placer", a pesar de haber concurrido, toda su vida, a un colegio de mujeres. Y agrega: "Las chicas son competitivas, celosas y se pelean por todo". En el ITBA, la primera estudiante ingresó en 1965 y doce años después, ya entraban diez mujeres por año. Hoy, la población femenina alcanza un 15 por ciento.
Hombres y mujeres también se complementan en las aulas: los chicos aseguran que las mujeres son más aplicadas y efectivas a la hora de trabajar y los hombres, dicen, aportan su simpleza, tolerancia y cooperación. Por ejemplo, Emilia Schang, alumna de Ingeniería Agronómica en la UBA -donde cursan más de 1400 hombres, el doble que de mujeres- prefiere juntarse a estudiar con mujeres, aunque cree que ellos son mejores compañeros.
Además de los chistes de sus compañeros, los alumnos en minoría deben sobrevivir a confusiones lingüísticas.
"Los profesores nos hablan en femenino y permanentemente aclaran que se equivocan, cuando por ejemplo dicen alumnas en lugar de alumnos, con o", contó Fernando Lozano, estudiante de Trabajo Social. En la UBA, por cada hombre que estudia esta carrera, 11 mujeres se dedican a esta disciplina.
Charlas de mujeres
- "Estudiar con tantos hombres fue una muestra gratis de lo que será mi vida futura, cuando trabaje dirigiendo a varios operarios", dijo Inés, estudiante de Ingeniería del ITBA. "Para estar con tantas chicas, tenés que ser bastante particular. Muchas veces se cuelgan entre ellas hablando de temas de mujeres y se dan cuenta de mi presencia después de varias horas", contó, riéndose, Matías. Según las alumnas consultadas, los compañeros tienden más a cuidar el vocabulario que usan ante "la presencia de las damas", por lo menos los primeros días.
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