
"Los dueños de los jóvenes no son la marihuana ni la cerveza"
Bergoglio pidió el fin de la violencia; luego, lavó los pies de 30 niños en el Garrahan
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Rosa llora. Su hija Tiziana Luna tiene tres meses y sufre un problema en el corazón. El cardenal Bergoglio bendijo ayer su ropita, y al rato -según cuenta Rosa- la llamaron para avisarle que a su beba le habían sacado el oxígeno. Ahora, Rosa sigue llorando, pero esboza una sonrisa en la que se vislumbra la esperanza.
Sucedió ayer por la tarde, en la capilla del hospital pediátrico Juan Garrahan, al que se acercó el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, para celebrar la misa de Jueves Santo y realizar el tradicional gesto del lavatorio de los pies a niños con enfermedades terminales, como hizo Jesús antes de la Ultima Cena.
Por la mañana, el cardenal había celebrado la Misa Crismal en la Catedral, en la que convocó a llevar el bien común a "los espacios de injusticia social y económica".
En ese sentido, durante su homilía Bergoglio afirmó que "nuestra ciudad necesita ser ungida en los lugares donde se concentra el mal: la agresión y la violencia, el descontrol y la corrupción". También, como es frecuente en sus homilías, se refirió a los jóvenes que "reclaman a gritos que alguien les revele que sus dueños no son ni la marihuana, ni el paco ni la cerveza, sino que es Cristo". Y llamó a los sacerdotes a "salir de su autocomplacencia y eficientismo".
Por la tarde, el cardenal se acercó al hospital Garrahan. "Elegí este hospital por dos razones: para acompañar a la inocencia que sufre y para honrar el heroísmo anónimo cotidiano que hay aquí; heroísmo de los padres que acompañan meses a sus hijos y de tanta gente que trabaja acá. Decirles a todos estos héroes que son los que sostienen los valores de la sociedad que ése es el verdadero poder, el del servicio", expresó durante la homilia el cardenal Bergoglio.
Servicio y grandeza
El cardenal subrayó que "en el servicio está la grandeza". Lo miraban y escuchaban de cerca treinta chicos a quienes el prelado, como hizo Jesús con sus doce apóstoles, les lavó los pies y los bendijo. La sonrisa que expresó Bergoglio a cada uno de los pequeños le fue devuelta con la afectividad y transparencia que encierra la infancia.
Catalina, de 12 años, fue parte del grupo de treinta chicos. Su mamá, Constanza, contó a LA NACION que su hija está internada desde hace un mes debido a un problema en la médula, y que vivía la bendición del cardenal como "una señal de esperanza". Catalina se ubicó con su silla de ruedas en primera fila para recibir la bendición, y durante toda la misa madre e hija mantuvieron sus manos unidas.
Había padres que se acercaron a la misa con la foto de su hijo o alguna pertenencia, como un chupete o ropa, puesto que no todos los chicos, por su salud, podían acercarse a la capilla.
"Mi deseo es que ponga sus manos sobre mi hijo", expresó Pamela Téllez, sobre el significado de la presencia del cardenal en el hospital. Su hijo Matías tiene doce años y hace cuatro meses que está en estudio porque le salen hematomas por todo el cuerpo y no se encuentra la causa.
Estuvieron presentes en la celebración chicos de todas las edades. Algunos, ayudados con una silla de ruedas; con suero; con equipos respiratorios; con rosarios en las manos. Sus familiares los miraban con todo el amor, con toda la fe.
Luego de la celebración, Bergoglio dialogó con los periodistas. Consultado sobre el reciente documento de los sacerdotes que trabajan en las villas de emergencia porteñas, en el que denunciaron que la droga está despenalizada "de hecho" en esos asentamientos urbanos, Bergoglio destacó su carácter "propositivo" y señaló que es "muy equilibrado". "Dicen lo que ven; viven allí; no van de visita", afirmó.
En tanto, el prelado se excusó de referirse a la polémica por la instalación de un muro entre los partidos bonaerenses de San Isidro y San Fernando. "No conozco a fondo los hechos", expresó. Y opinó que hay que "seguir luchando por la seguridad" de todos los ciudadanos.




